El Colorado. Por Bernarda Enriquez

Creyendo estremecer los cimientos de seguridad de aquel recluso, el fornido, mostachon con cara de pocos amigos y hebilla escondida, le preguntó… —y tu, ¿como te llamas? En ese momento pasaba el tímido suspiro de un vientecillo tenso, esperando llevar con él, la respuesta entrecortada del infante escuálido en cuestión….

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