Charles Dickens: materia prima interior. Por Majomar

EN EL 204 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO
DE CHARLES DICKENS

Charles Dickens:

«materia prima interior»

¿Es la escritura un edificio interior construido con una materia prima tan especial que sólo la poseen unos pocos? ¿Podrían ser las viviendas más altas de una novela las vivencias más difíciles: los sufrimientos y las injusticias sufridas en las propias carnes del escritor serían sus fuertes cimientos, y éstos los que le dotaran de una sensibilidad especial para crear sus obras como jamás ningún otro ser humano lo hubiera hecho?

Porque esto es lo que me planteo al conocer las vidas de los escritores de siglos pasados, escritores que guardaron una historia negra y triste entre las páginas de sus vidas, a veces en la infancia, como es el caso de Charles Dickens. ¿De dónde extrajo todas aquellas historias de niños maltratados y abandonados en orfelinatos horribles? ¿De dónde tomó ejemplos para sus personajes mezquinos, para sus cuentos de explotación laboral y de ciudades llenas de miserias, prostución, ladrones, pobreza, enfermedad y vicio? ¿De dónde salieron sus antihéroes, a los que les pasaban todo tipo de desgracias y que siempre, a pesar de todo, ganaban con ayuda del amor y la justicia?

Es posible imaginar de dónde sacó toda aquella materia prima que todavía hoy llena las estanterías de bibliotecas de todo el mundo, las butacas de los cines, las programaciones televisivas navideñas, o una hilera entera de la sección de clásicos en cualquiera de las librerías a las que nos acerquemos.

Porque Charles Dickens tenía todo materia prima en su interior. Eran sus pesadillas, sus vivencias, sus horrores de niño, los que él aderezaba con otros personajes, palabras e imaginación. Personajes que parecieron tan vivos como si hubieran existido de verdad, y que ahí siguen, en la memoria de todos nosotros: Oliver Twist, David Copperfield, Scrooge (de Canción de Navidad), Sam Weller (de Los papeles póstumos del Club Pickwick) , el bueno de Pip, en Grandes esperanzas

Un 7 de febrero de hace 204 años, nacía Dickens en una pequeña localidad de Porstmouth: «Charles John Huffam Dickens». Llama la atención que no fue a la escuela hasta pasados los nueve años, y que su formación fue más bien «autodidacta». Le gustaba mucho la lectura, y sus libros preferidos eran, entre otros, Don Quijote de la Mancha, las aventuras de Robinson Crusoe, las de Roderick Random y también las de Peregrine Pickle, del escritor Tobias Smollett.

La niñez de Dickens se complicó cuando su padre fue encarcelado en la prisión de Marshalsea por contraer unas deudas. En aquellos tiempos, la ley posibilitaba que la familia del moroso compartiera con él su celda, y, cuando la familia del pequeño Charles se trasladó a vivir a la cárcel, a él lo llevaron a la casa de Little College Street, una especie de casa de acogida para niños pobres, donde fue internado. A los doce años, consideraron que tenía la edad suficiente para trabajar y aportar dinero a la manutención de su familia, así que le enviaron a una fábrica de betún para calzado, donde, por seis chelines semanales, pasaba diez horas diarias pegando etiquetas en los botes de shoes polish.

Así que resulta que Dickens fue un niño explotado, seguramente maltratado, y que muchas de sus novelas no surgieron de su imaginación desbordada, sino de sus propias vivencias infantiles, de sus temores, de sus penas, y de una terrible sensación de abandono y soledad. En David Copperfield escribió:

«Yo no recibía ningún consejo, ningún apoyo, ningún estímulo, ningún consuelo, ninguna asistencia de ningún tipo, de nadie que me pudiera recordar. ¡Cuánto deseaba ir al cielo!»

Y, al parecer, éstas son palabras autobiográficas.

A los quince años, a pesar de no tener unos estudios certificados por una escuela, Dickens debió mostrar bastante inteligencia y resolución en el manejo de la escritura cuando le emplearon como pasante en un bufete de abogados y, poco después, como taquígrafo judicial. Sólo un año más tarde, comenzó a colaborar como reportero en un periódico y a continuación le dieron un puesto de cronista parlamentario. A partir de entonces, trabajó como periodista político y editor, y ya nunca dejó de escribir.

Cuando había formado una familia y gozaba de éxito, viajó a Italia y Francia donde fue a conocer a otros dos grandes de su tiempo: a un joven Julio Verne y a Alejandro Dumas. Al regreso del viaje, fundó el Daily News y comenzó a dar conferencias por cosas tan variadas y actuales como lo serían hoy en día, pues defendía los derechos de autor, condenaba la esclavitud, la pena de muerte (que estaba en vigor en Inglaterra), la explotación de la clase proletaria, o también defendía los derechos de las prostitutas.

Una gran parte de las obras de Dickens fueron publicadas por entregas, como era costumbre de la época, en periódicos que salían semanal o mensualmente. De ese modo, sus miles de seguidores tenían que aguardar con impaciencia el siguiente capítulo para saber lo que sucedía con sus personajes y todo aquello creaba una gran emoción en los lectores.

Con su segunda novela, publicada en 1839, Oliver Twist, Dickens humanizó a las prostitutas con el personaje de Nancy y su desgraciada vida, y motivó a pensar a mucha gente que esa clase de mujeres eran en su mayoría pobres desafortunadas, y provocó también que las autoridades volvieran su mirada a los arrabales de Londres para limpiarlos de tantas miserias.

Dickens idealizaba a sus personajes «buenos» y disfrutaba caricaturizando a los malos. Son tan memorables que incluso ya en sus tiempos cobraron vida propia. «Gamp», por el personaje de la señora Gamp, se convirtió en una expresión de jerga inglesa para describir una sombrilla, y otros nombres empleados por Dickens para sus personajes fueron incluidos en el diccionario de la lengua inglesa para describir a hombres quijotescos (Pickwickian), insensibles (Gradgrind) o hipócritas (Pecksniffian).

Dickens utilizaba arquetipos para sus personajes, y una de sus más famosas obras, Cuento de Navidad, ha sido la más recurrida durante estos dos siglos para expresar la moralidad y la humanidad cristiana en las celebraciones de tales fechas.

En Tiempos difíciles utilizó la sátira para describir la explotación laboral del colectivo obrero, un estrato social marginado al que los empresarios burgueses colgaron el despreciativo nombre de «manos», como si, para ellos, los hombres no fueran hombres, sino simples apéndices de las máquinas que manejaban.

Charles Dickens retrató como nadie al conjunto de una época. No fue un escritor aceptado, por ejemplo, por los escritores modernistas de su época, como Virginia Woolf o Henry James entre otros, que veían en sus obras un excesivo sentimentalismo, un abuso de personajes grotescos y situaciones demasiado irreales. Pero, en cambio, su inefable poder para encandilar a las masas con historias intensas, conmovedoreras y, a su vez, colocar a sus personajes en situaciones terribles de las que salían al fin victoriosos fue y sigue siendo parte de su grandeza como narrador. El mismo Carlos Marx declaró públicamente que los novelistas de la época victoriana, y especialmente Dickens, «… exhibían al mundo más verdades sociales y políticas que las que eran pronunciadas por políticos profesionales, publicistas y moralistas juntos…».

Desde entonces, la época victoriana en Inglaterra quedó reflejada en sus novelas, y hoy día simboliza a la sociedad de aquella época, a la que se denomina «dickensiana», por sus descripciones, variadas y acertadas, de cómo era realmente la vida inglesa que él retrataba en sus libros desde el período que va de 1837 hasta 1901.

Aquí he nombrado algunos de sus cuentos y novelas más famosos, pero para terminar me gustaría citar el comienzo de una de sus novelas cortas menos conocidas, y que, personalmente, me parece una delicia sobre todo para ser leída en voz alta, como se hacía en su época. En ella exhibe Dickens una dulzura que raya lo infantil. Es una historia de amor con una mezcla descriptiva graciosa y casi cómica… Y así comienzan hablando un escalfador donde se cuece la sopa y un grillo…

Y, para seguir leyendo, sus obras de dominio público se pueden descargar gratuitamente en el enlace:

Obras completas de Charles Dickens, descarga gratuita

Charles DickensEL GRILLO DEL HOGAR

(Fragmento de inicio)

Oye, ¿tú no has entrado en tu cocina cuando el agua o la sopa están hirviendo en el puchero? Si es así, habrás oído muchas veces su «glu, glu» particular, te habrá parecido que te habla, que te quiere decir algo, o que simplemente canta para sí dentro de la vasija.

–Hum, hum, glu, glu –decía en aquel momento el escalfador que la señora Peerybingle había puesto sobre el fuego.

–¡Ya voy, ya voy! –parecía decir–, deja la comida a mi cargo, yo la haré tan sabrosa que John recordará siempre el camino, el hogar que ha dejado por unas horas.

En este momento se dejó de oír el «cri, cri» del grillo en señal de protesta y, por cierto, con mucha razón.

–«Cri, cri, cri…» Si John tiene nostalgia del hogar, no será ciertamente por tu sopa, ni por el fuego que chisporrotea debajo de ti.

–«Hum, hum, glu, glu»… Las noches son frías y tristes, John vendrá por el camino. «Troc, troc», cantarán los caballos, «ruic, ruic», sonará la carreta. ¡John! Regresa pronto, que una buena cena te espera al calor de la lumbre.

–«Cri, cri, cri»… La luna ilumina el camino, la luz que sale de la ventana danza sobre las piedras. John, ¿la has visto ya desde lejos? ¡Corre, corre! Tu mujer te espera. Yo la he visto, impaciente, asomarse a la ventana a cada momento.

El escalfador pareció reírse, tanto, que derramó parte de su contenido sobre la lumbre; porque imaginarse a la señora Peerybingle, que era bajita, alzarse sobre sus pies para llegar a la ventana, que, justo es confesar, estaba más bien alta, era una cosa algo divertida para él. Hay que tener en cuenta que, esta noche, el escalfador había tenido una pequeña lucha con la señora de la casa y estaba muy enfadado con ella, y por lo tanto muy predispuesto a la burla…

Majomar
Blog de la autora: con el cuento en los talones

10 comentarios:

  1. Un gran trabajo María José, no sólo por ,lo que nos cuentas del autor y sus textos, también con ese estilo que engancha y prufundiza.
    Y el enlace a sus obras un regalo ilustre,
    Un abrazo

    • María José Martí

      Muchas gracias, Luisa. Qué gratificante es descubrir que en Internet hay muchas páginas altruistas de cultura con descargas gratuitas, y gente que comparte su trabajo. Mi incentivo, además de aprender a escribir, es escribir. Éste es el espacio y ésta la oportunidad. Emplear bien mi tiempo y mi afición: dos cosas para coger al vuelo y ¡disfrutar, y qué mejor que con vosotros!

  2. Elena Marqués

    «El grillo del hogar», «El guardavías», «El predidente del jurado», «Proceso por asesinato»…, todas pequeñas joyas para empezar a engancharse a Dickens y no soltarlo jamás. Una buena recomendación. Gracias, Majomar, por recordárnoslo.
    Besos.

    • María José Martí

      Y cada cuento de Dickens es distinto al anterior, algunos sorprendentes, y otros casi biográficos, y ya tengo en lista de espera demasiados… pero qué apasionante es descubrir también las vidas de estos escritores. Lo recomiendo de verdad. Pero qué te digo, Elena, que tú sabes mucho de esto. Gracias, y besos…

  3. Muy buen trabajo, y qué buenos recuerdos de lo que era leer esas historias con tan pocos años y el alma encogida. Creo que hay una parte muy importante de cómo somos ahora que viene de aquellas lecturas. De empatizar con los más pobres y necesitados, de asumir toda aquella «moralina» que encerraban sus moralejas (toma redundancia) y que luego, con mucha más edad que conocimiento, aprendimos a discernir entre lo mejor y lo peor de lo que mostraban. Muchas gracias por devolvernos a los clásicos y por acercárselos a los nuevos lectores o a aquellos que, porque las modas son eso, modas, no los han leído. Excelente recomendación, como todas las que nos regalas.

    • María José Martí

      ¡Toma moralina! Pero los clásicos, además de buenos, son muy entretenidos. Y hoy, que lo tenemos todo al alcance de un clic del ratón -si no entre los rincones olvidados de alguna estantería-, es bueno recordarlos. Los cuentos de Dickens, los de todos los clásicos, nos traen aire fresco al embotamiento cerebral: son analgésiclásicos, diuréticosimpáticos, adelgazantes, estimulantes, digestivientos, estabilizadores del sistema nerviotalentoso y límbico, antidepresivos… y si están en español, además fenilalatinos. Un día hemos de tomarnos un cóctel de éstos, tú y yo frente a una hermosa puesta de sol con letras de oro.

  4. Enhorabuena Majomar por acercarnos con este gran trabajo a este genio literario. Agradecerte el regalo también, que me parece magnífico.

    Un abrazo!!

    • María José Martí

      Abrazo grande. Yo disfruto mucho preparando estos artículos. Nada regalo, si acaso mi tiempo, y en lo otro, es la web que proporciona los relatos a quien debemos agradecer todos su generosidad. Muchísimas gracias, Amelia.

  5. Cuánto he disfrutado, reído y llorado con sus personajes e historias. Gracias por este artículo con el que he recuperado antiguas sensaciones. Enhorabuena.

    Muchos besos.

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