Pilar Gorricho2018Mater

Presentación Mater Amatísima

 

Presentación Mater Amatísima / Por Pilar Gorricho del Castillo

 

“Mater Amatisima” de Editorial Unaria es mi séptimo poemario, cuyo prólogo corre a cargo de Sara Herrera Peralta y el epilogo (del cual he extraído unos fragmentos) es de Francisco Javier Solé Rivas.

Fue escrito el año posterior a la partida de mi única hija Sara, en un escenario fantasmagórico pues yo me acababa de separar el año anterior y me encontré frente a frente con una mujer que debía reinventarse sola.

Durante el año que pasé con un duro tratamiento que logré superar prácticamente encerrada en casa esbozaba el camino por el cual luego transitarían mis versos. Ese camino no exento de rabia, no aceptación, muchas preguntas, ninguna respuesta y sobre todas las cosas, dolor, mucho dolor.

Cuando fallece un hijo el mundo se detiene frente a nosotros como gritando la supremacía de la natura, insolente y despiadado. Cuchillos abruptos traspasan toda posibilidad de entendimiento y como digo en mi poema “Branquias en la almohada” ; se comienza a respirar por branquias ahogándonos para siempre en la pecera de las preguntas.

Mi hija nació del amor y a él ha vuelto pues estoy convencida de que ella es luz divina que me guía y acompaña en cada momento.

Desde niña su alegría fue para toda la familia baluarte y guía y allá por donde ella pasaba un halo mágico se expandía y su perfume a rosas, siempre con ese perfume tan bueno que las mismas vecinas decían: “Ya ha bajado Sara que huele el ascensor a rosas”.

No quiero hacer terapia del dolor, pues parafraseando a Oscar Wilde en su Epístola: «In Carcere et Vinculis.» de Profundis: «Donde hay dolor, hay un suelo sagrado» y creo que cada suelo lo pulen las diferentes almas.

No existen dos dolores semejantes, ni epítome del mismo.

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Dolor, que nace del dolor, asfixia y mudanza. Cada dolor reclama su lugar. Como el amor. Como la vida que se abre paso con cada dolor. El tiempo en cada poro habitable, solo lo marca aquel que de ello sabe.
Chantal Maillard «escribe para que el agua envenenada pueda beberse». Yo, para no morir.

La escritura de este poemario, en el año inmediatamente posterior a la partida de Sara, no constituye una terapia ni tiene el poder de sanar. La herida está siempre abierta.

La ira la manifestamos contra nosotros mismos, contra nuestros familiares, nuestro entorno y dependiendo de nuestras creencias religiosas puede que hasta contra lo que llamamos Dios.

Nos damos cuenta de que nuestros planes, esperanzas o sueños n se van a cumplir debido a lo sucedido, y esto nos genera este fuerte sentimiento de enfado, es normal repetirnos frases como: “Por qué a mí?, No es justo…, ¿quién tiene la culpa?

Y con esto nos retroalimentamos en nuestra rabia haciendo que sea muy difícil que nadie nos pueda ayudar.

Debajo de la rabia y el enfado está el dolor. Pero aún no se está preparado para asumir y expresar el dolor como tal y por eso lo transformamos en ira, también este momento la ira por increíble que pueda parecer nos permite estar conectados con alguien de nuestro entorno, es la única forma que encontramos para relacionarnos, somos muy vulnerables y la ira por así decirlo es como una especie de coraza protectora frente al resto y a profundizar en nuestro propio dolor.

Según Elisabeth Kubler-Ross (una de las mayores expertas que ha habido en el tema del duelo), es muy importante que en esta etapa los demás respeten el momento que estamos viviendo y nos den espacio para sacar toda nuestra ira, sin que nos sintamos juzgados.

“No hay palabras” anuncia Tulia Guisado para referirse al dolor. Tampoco las hay para referirse a los padres sin hijos, a los padres que sobreviven a un hijo. No hay palabras en ningún idioma, salvo en hebreo. Bajo la expresión “hore shakul”, de origen bíblico (capítulo 18, versículo 21 del libro de Jeremías), late la traducción posible de “madre desconsolada”. Una aproximación al desgarro de la pérdida del hijo.

Un libro donde quiero rendir tributo a todas las mujeres y madres que me precedieron y a mi hija en especial. Ellas ya descansaron. Ahora la vigilia, a mi me pertenece.

Presentación Mater Amatísima / Por Pilar Gorricho del Castillo

Dice así:

«Que un roble lo crean dos fuerzas simultaneas, evidentemente la primera, es la bellota. La semilla, que contiene la promesa y el potencial que a al crecer se convierte en un árbol. Eso esta claro. Pero son pocos los que reconocen que existe otra fuerza muy importante. La del árbol futuro, cuya ansia de existir es tan enorme que hace eclosionar y brotar la bellota, llenándola de vigor, guiando la evolución desde la nada hasta la madurez. Hasta tal punto que el árbol, supera la fuerza vigorosa de la bellota».

Tú, Sara; eres como el árbol talado que retoña y siempre tendrás la vida, mientras more en mí tu recuerdo.

Gracias por haber estado a mi lado esos treinta años que la energía divina quiso concedernos.

 


 

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