Una bicha en Madrid. Por Máximo González Granados

Una bicha en Madrid

 

Después de una semana en Madrid, J. Antonio se reintegró a la clase el pasado lunes; lo primero que hice fue pedirle que nos contara algo de Madrid, pensando que una ciudad tan grande y distinta a nuestro pequeño pueblo habría causado en él alguna conmoción, impacto o sorpresa. Pero con toda tranquilidad, como si nada de lo novedoso y extraordinario que ha visto le hubiera sorprendido o afectado, se puso a contarme los muchos y estupendos animales que había visto en el zoológico. Debo decir que J. Antonio es un niño absolutamente apasionado por los animales, sus juguetes son reproducciones de todo tipo de animales, juega siempre a representar animales, le encantan los cuentos de animales, a todos los imita y no tarda ni un segundo en meterse en la piel y el sentir de cualquiera de ellos. Pero no pude evitar sorprenderme ante el hecho de que ni siquiera la extraordinaria novedad que representa para un niño de pueblo visitar Madrid, le hubiera hecho mella, que siguiera instalado con firmeza en el gusto por jirafas y cebras y caballos y gatos y mantuviera esa infinita indiferencia por las enormes avenidas, el intenso tráfico y los enormes edificios.
Algo le dije en este sentido, tratando de ver hasta que punto nada que no fuera un animal o bicho le había interesado. Viendo que no se apartaba de su foco de interés preferente y casi único, le pregunté qué le habían parecido las calles de Madrid.

Y entonces me contó la historia, su gran aventura en estos días pasados en la capital de España: Yo iba por la calle, por la calle de Madrid y había mucha gente, pero yo vi una bicha, una bicha grande y me acerqué y pude cogerla porque no era… no era…no era…No encontraba la palabra y le ayudé. No era venenosa. Eso, eso, no era venenosa, era mansita, era una bicha mansita, la cogí y la tuve conmigo y se puso contenta, yo le gustaba y ella me gustaba también, era buena, era mansita.
Bendito J. Antonio, bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la tierra, o al menos nunca se sentirán agobiados en Madrid.

 

Máximo González Granados

Blog del autor

maxigonzado

Segundo Premio Certamen Poemas sin Rostro 2016

4 comentarios:

  1. Esta historia me recuerda como cada uno `percibe el mundo según sus propias capacidades e intereses. Para unos, serán los sonidos, otros las luces, las amistades o tantas cosas diferentes.
    Viajando con una hermana, en ocasiones, resultaba que contábamos dos viajes distintos, ella con una agudeza visual y artística tremenda, recordaba cada color, planta o paraje particular, yo quizá más centrada en las personas conocidas y lo vivido con ellas. Pero ahí esta la gracia y lo hermoso de compartir.
    Un abrazo Máximo

    • Es cierto Luisa, y esa variedad de interpretaciones y sensibilidades constituye sin duda una enorme riqueza, la posibilidad de pintar un cuadro más hermoso y verdadero cuando mezclamos esas percepciones y esos diversos intereses.
      Un abrazo.

  2. Es verdad que cada uno vive de forma diferente las cosas, o que a cada uno nos llaman la atención cosas diferentes. O «para gustos, colores».

    Me gusta ese estilo sencillo y cercano con el que nos cuentas las historias. Enhorabuena.

    • Gracias Carmen, trato de contarlas tal cómo me las cuentan mis pequeños alumnos, en realidad son sus historias, yo sólo les doy forma y añado algo de colorido o alguna idea de cosecha propia. Un saludo.

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