1- De cosas que suceden en ocasiones. Por Robert Benson
Mañana, sábado, tendré una oportunidad verde romero, un rincón azabache y, con suerte, sabor a agua marina si Belinda no cierra los ojos y deja que la bese en el cine entre palomita y palomita.
Relatos a concurso
Mañana, sábado, tendré una oportunidad verde romero, un rincón azabache y, con suerte, sabor a agua marina si Belinda no cierra los ojos y deja que la bese en el cine entre palomita y palomita.
No sientan lástima por mí. Puedo soportar casi cualquier cosa; de hecho, he padecido tantas infamias que muchas veces llego a avergonzarme, pero no tolero inspirar compasión.
Llegarán, todo el mundo aquí lo sabe, todos han voceado las nuevas malas de las aldeas vecinas y han corrido a agigantarlas con dolorosos adjetivos, y han imaginado los mil rostros resecos del invasor.
No fue nunca una mujer de su tiempo; se adelantó a él. Allá por los años cincuenta, las ideas rebeldes, los desplantes a lo establecido, y su manera de afrontar los muros que una vida de pueblo le imponía la marcaron para siempre.
Lo malo de decir lo que uno siente es que muchas veces siente uno haberlo dicho. Robin Goodfellow. ¡Amalaya con el moreno López, bien que me la jugó! Allí que llega y se me presenta en mi casucho con aquel solazo, abordándome con sus ojos ranos suplicantes y sudando aún la cuesta y se me sienta bajo el chirimoyo, platicándome un discursito abogadil y quejumbroso como el aúllo de un perruco amorriñado y buscando arrabiatarme la voluntad.
En casa de mis padres había dos enormes armarios de cuatro cuerpos cada uno. Todo empezó cuando tenía seis o siete años más o menos. Me aficioné por entonces a esconderme en los armarios.