17-Noches en vela. Por Escorpiana
La ciudad entera soñaba. Únicamente el sonido del viento se colaba de vez en cuando por las rendijas abiertas que dejaba el silencio.
Relatos a concurso
La ciudad entera soñaba. Únicamente el sonido del viento se colaba de vez en cuando por las rendijas abiertas que dejaba el silencio.
Todas las mañanas, antes de salir de la cama, la imaginaba ya duchada, vestida con esa camiseta de Supertramp (que sabía lo mucho que me gustaba) y sus pantalones vaqueros ceñidos a la cintura, cuyo aroma femenino podía oler con sólo cerrar los ojos.
Carla se acomodó en la mullida luna menguante, con los pies desnudos colgando hacia el infinito, balanceándose juguetones.
Llovía. Las gotas se estrellaban con violencia en el cristal. Ana dio tres vueltas más en la cama hasta que supo que el sueño no iba a acudir a su cita.
No puedo decir que me obligaron a venir a Caraguatay. Tampoco que fue por decisión propia. Más bien acepté una sugerencia difícil de rechazar.
Cuando mi madre me presentó a Crisantemo sufrí una gran desilusión: ésa no era la mascota que yo había pedido.