Infiltrada en los recovecos de un cerebro, confundiéndose con decisiones intensamente vitales, le pasó desapercibida. No era como en una enfermedad, en cuyos declives podía olerla, ni como en una depresión en la que la tristeza la delataba.
Infiltrada en los recovecos de un cerebro, confundiéndose con decisiones intensamente vitales, le pasó desapercibida. No era como en una enfermedad, en cuyos declives podía olerla, ni como en una depresión en la que la tristeza la delataba.