Un espléndido sol decora la tarde, sin embargo, su brillo exultante no se corresponde con la tibia calidez con la que debiera acariciar los rostros errantes. Una manta de frío viento del norte mengua el poder abrasador del astro rey.
Un espléndido sol decora la tarde, sin embargo, su brillo exultante no se corresponde con la tibia calidez con la que debiera acariciar los rostros errantes. Una manta de frío viento del norte mengua el poder abrasador del astro rey.