Todo él. Por Ana M.ª Álvarez

Su voz, cristal tallado, rasgada por las fauces de la doliente vida embelesa mis tardes con lunas que reservo para mis negras noches.. Sus ojos, maremoto, serenan mis temores, acarician mi rostro, y perfilan mis labios con un pincel de olas dormido en su mirada. Sus manos alargadas me rozan…

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