El amor pasado. Jordi Rosiñol

amor pasado

El amor pasado.

Según la teoría de la  relatividad de Einstein, el tiempo del viajero y el objeto o persona que se mueve, es relativo. Hasta aquí, me lo creo a pies juntilllas, más aún sin saber nada de física cuántica pero cuando se demuestra empíricamente en tus propias carnes, ves que es verdad.

Tampoco hace falta que la demostración sea un parangón de parafernalia, simplemente es que hayan pasado más de cuarenta años y que alguien, espontáneamente, se ponga en contacto contigo. Podíamos tener diez años sin hablar, pero en un solo comentario desafortunado por mi parte, leyó mi mente, y enseguida se puso en contacto conmigo. No lo esperaba, la verdad, aunque esa conexión sé que nunca va a dejar de existir. Os preguntaréis ¿quién es esa persona?, pues os lo digo, se llama Carol de Ripollet y a continuación os cuento lo buena persona que es: yo debería andar por los dieciséis, y ella casi quince años, y era un ser tan puro, que a mi me molestaba ni aunque fuera medio ofenderla con mis miradas furtivas. Era vivaracha, llena de vida, desprendía una salud tangente y unos mofletes que me volvían loco, con una mirada se sonrojaba y me recordaba la Heidi con Marco en los Alpes ( solo nos faltó Niebla y el Abuelo ).

Qué deciros, me cautivó, me enamoré, fue mi primer y único amor, y eso que yo era un ser larguirucho y lampiño pero con una mirada deletreaba mi corazón y ella leía en el aire las frases que iban directas a su corazón. Armado de valor y con la camisa que no me llegaba a la piel conseguí hablarle, y ella como sin de un juego se tratara, me dijo:

  • Vente, estamos haciendo un tren, unos sentados en medio de las piernas del otro, yo en medio de sus piernas sólo podía oler a ella.

 

Así empezó lo más bonito de mi vida, el amor más puro que puede existir, el de mi Heidi rozándola en sus legins, aún con la barrera de poliester en medio yo palpitaba sin control, qué bonita era.

Nunca olvidaré el primer beso en la Calle Calvario. Ni ella sabía ni por supuesto yo tampoco, que además, a los dos el corazón nos iba a mil, y mi estomago era el desfile de mariposas atrapadas junto a Napoleón en Waterloo, quería hacerlo tan bien, y no sé la calidad que conseguí, pero esos mofletes colorados en mis mejillas me volvían loco, eran besos solo de adolescentes, créanme olía y sabia a confitura.

Ahí, dije para mis adentros, es la mujer de mi vida, aunque la vida después te lleva por derroteros que no puedes contar, y el destino muchas veces actua con la crueldad de la vida misma, nunca he vuelto a sentir lo mismo por nadie, y eso que ya calzo casi sesenta años.

 

Jordi Rosiñol Lorenzo.

jrosinol

Nacido en Barcelona, catalán al cincuenta por ciento y por igual de orígenes murcianos. Desde la emigración forzada por la necesidad tras la Guerra Civil, soy el primer retornado de mi familia al mencionado origen. Autor: «Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad» Frida Kahlo — premio con el relato «Urgencia humanitaria» en el I Concurso de Microrrelatos Navidad 2017 de Molina de Segura. — Finalista con el relato «Hipocresía» en el I Premio Espacio Ulises 2017. — Seleccionado con el relato «El cine de las sábanas blancas» en la antología de relatos «Ulises en el festival de Cannes» Playa de Ákaba 2017. — Seleccionado con el relato «La ventana a la libertad» en la antología «Cosas que nos importan» Playa de Ákaba 2017. — Seleccionado con el relato «La batuta mágica» en la antología «Las 7 notas musicales» Defoto libros 2017. — Columnista habitual desde 2015 en «Periodista Digital» dirigido por Alfonso Rojo. Anteriormente colaborador con opinión en «Crónica Global» y diversos medios regionales y locales. — Articulista de opinión en el Semanal Digital dirigido Antonio R Naranjo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *