El Arráez Morato. Por Gregorio L. Piñero. Cuentos estivales.

Cuentos estivales (XLV)

Torre vigía del Estacio José Rodríguez Ibarra BN

El Arráez Morato

 

      -¡Nos vais a limpiar del todo como hizo Morato! -Exclamó el tío Carlos, después de que volviese a ganar aquella mano de tute, con las cuarenta cantadas, la pareja formada por el tío Saturnino y el abuelo Basilio, lo que produjo la sonrisa abierta de éstos, que estaban en racha. Me ha dicho mi pupilo, mientras se sentaba para contarme la historia de hoy.

Aquella expresión hubiese pasado desapercibida, si no es porque, a renglón seguido, el tío Emilio dijo con expresión grave y casi entre dientes: “el terrible pirata Morato”.

      Y la palabra pirata fue un resorte que, de inmediato, llevó a uno de los niños a preguntar ¿quién fue ese Morato?

      -Morato fue un arráez turco, que significa patrón o capitán de barco, aunque de origen cristiano, y que se dedicaba a la piratería. Vivió por los siglos XVI y XVII y arrasaba las costas mediterráneas e incluso, llegó a las Islas Canarias. A primeros del siglo XVII realizó un ataque y capturó a más de 60 hombres y dos corregidores de Lorca. -Afirmó el tío Saturnino, bien conocedor de la historia- que fueron liberados por los padres mercedarios.

      -Los piratas -continuó- atacaban con mucha frecuencia las riberas del Mar Menor pues les era propicio ya que las costas estaban rodeadas de bosques de encinas, pinos, robles y tejos y se escondían en ellos. Luego, por sorpresa, atacaban a las poblaciones, saqueaban campos y casas y hacían esclavos a los pobladores, por los que luego pedían importantes rescates.

      -Y es que esta zona siempre fue castigada por lo piratas, como los berberiscos del Norte de África. Cómo sería que se construyeron a lo largo de toda la costa y también en el Mar Menor varias torres de vigía, para avisar si se divisaban las naves corsarias. Aún queda la del Estacio. El tío Saturnino y yo llegamos a ver dos de sus cañones de defensa. Y se conserva muy bien la de Cabo Roig. Eran despiadados y temibles. -Afirmó el tío Carlos.

      Uno de los héroes defensores contra la piratería en el Mar Menor, fue el pescador Ginesillo. -Les contó a los zagales el tío Saturnino. Era un muchacho de unos catorce años, que estaba pescando en la Encañizada al amanecer cuando vio de lejos las velas de los piratas. Fue remando, a todo lo que permitía su fuerza, hasta la torre del Estacio y se refugió en ella, donde había una guarnición de reserva de dos hombres de las milicias generales. La guarnición hizo señales de humo para avisar a los vecinos y pescadores y se prepararon para abrir fuego con los dos cañones que disponía. Pero inesperadamente, una lluvia de flechas cayó sobre el alto de la torre e hirió a los dos soldados dejándoles inutilizados. Entonces, Ginesillo, al oír los gritos de dolor de los hombres, subió a la atalaya, los introdujo al interior para protegerles y, siguiendo sus instrucciones, municionó los cañones y comenzó a dispararlos por estar las naves piratas al alcance y con tanta puntería y rapidez, que hundió pronto a una de ellas, de modo que las otras dos, una desarbolada en parte y con la borda de estribor hecha astillas, viraron, entrándose en el mar alejándose de aquella lluvia de grandas de cañón, si haber tenido tiempo a reaccionar.

      Ginesillo fue incorporado a las tropas de las milicias generales, con rango de cabo y paga vitalicia. -Concluyó.

      -Cómo estaría por entonces el asunto de los piratas, que hasta Cervantes fue preso y estuvo de remero en una galera. -Apostilló el abuelo Basilio.

      -Y otra noche más, amigo Cholo, los niños nos dormimos en nuestras fantasías, esta vez mientras nos imaginábamos disparar cañones contra los barcos piratas, como el pescador Ginesillo.

(Continuará).

 Gregorio L. Piñero

(Foto: Torre Vigía del siglo XVI en el Estacio. Foto José Rodríguez Ibarra).

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