El silencio. Por Rubén Castillo

la voz muerta

El silencio.

 

     Nadie sabe a ciencia cierta quién es o de dónde procede el hombre rubio. Los más observadores del casino apenas pueden asegurar que sus ojos son claros, que el mutismo preside sus actuaciones, que la soledad le acompaña inseparable y que despierta tanta curiosidad entre las mujeres como recelo entre los hombres (salvo entre los camareros, cuyas generosas propinas le han granjeado amplias simpatías). Por lo demás, misterio absoluto. Así que cuando los protagonistas de la historia (Wilson, Santín y Flores) se enteran de que ha sido visto besando apasionadamente a una mujer en el jardín y que dicha mujer lleva muerta varios años, el escalofrío comienza a adueñarse de los lectores. Y se intensificará cuando el enigmático personaje se escabulla a toda velocidad en un potente automóvil… acompañado por la novia de uno de los tres protagonistas. ¿Cómo es posible que el hombre rubio goce de la imposible compañía de la fallecida Márgara? ¿Y qué poderosa atracción ha provocado que Hortensia se suba imprudentemente en su Cadillac y lo acompañe con rumbo desconocido? Intrigados, desazonados y con un arma en el bolsillo, nuestros tres protagonistas van a intentar por todos los medios desentrañar la cenagosa textura de este misterio.

     Ambientada en un mundo alto burgués (casinos, playas de moda, teatros, incluso el Congreso) y coqueteando con sucesos de ultratumba, esta propuesta breve de Enrique Jardiel Poncela nos invita a que entremos en una novela de desarrollo fantástico y solución realista, que se publicó originalmente en 1922 y que ahora recupera el sello Dokusou, con la revisión de Enrique Gallud.

     Una lectura amena.

 

Rubén Castillo

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