IDIOTA. Por Anita Noire

 

idiota

IDIOTA.

 

¬† ¬† Hab√≠amos trabajado juntas durante a√Īos, no √©ramos amigas, pero si compa√Īeras de las que una se deja acompa√Īar y acompa√Īa con mucho gusto. Cuando lleg√≥ la pandemia, se despidi√≥ con un ‚Äúpodr√© descansar un poco‚ÄĚ, no me encuentro bien. El c√°ncer se hab√≠a reproducido de manera silenciosa y aunque aun no hab√≠a vuelto a dar la cara, todo hac√≠a presagiar que detr√°s de ese malestar, se remov√≠an, otra vez, las c√©lulas que hab√≠an decidido ir a su aire y acabar con todo lo que encontraban por delante. En mitad del confinamiento, la peor de las sospechas se hizo realidad. Desde entonces y hasta ahora no nos hemos vuelto a ver. Nos llam√°bamos de vez en cuando, nos pon√≠amos al d√≠a y seguimos ri√©ndonos de las burradas de estados de WhatsApp que colg√°bamos y a lo que nos hab√≠amos aficionado durante el encierro. Pero la vida engulle y la comunicaci√≥n se fue diluyendo a fuerza de rutina y prisas. Pero segu√≠ viendo sus estados desternillantes y ella los m√≠os como una manera de levantar la mano y se√Īalar que est√°s por ah√≠, aunque no est√©s. Le felicit√© las Navidades. Le dese√© que estuviera rodeada de amor, de la compa√Ī√≠a de los suyos y recordarle que la llevaba en el coraz√≥n. Nada extraordinario porque sab√≠a que eso era as√≠ y siempre lo hab√≠a sido.

¬† ¬† Tengo la sospecha, la triste sospecha, que su vida se est√° preparando para colgar el punto final. Es una corazonada rid√≠cula, basada en la falta de contestaci√≥n a mi √ļltimo mensaje y a la inexistencia de nuevos estados. S√©, por antiguos compa√Īeros de trabajo, que la √ļltima reca√≠da ha sido tremenda y que ya no hay marcha atr√°s. A ratos, mientras miro el tel√©fono, pienso en lo sencillo que es llamar y no dejarme arrastrar por un presentimiento est√ļpido. Pero debo de ser terriblemente cobarde, o terriblemente idiota, o las dos cosas a la vez, y sigo mirando la foto, pensando que si algo as√≠ hubiera sucedido me habr√≠a enterado con toda seguridad y me escondo de m√≠ misma, de mi incapacidad para levantar el tel√©fono y no saber que decir. Y dejo el tel√©fono, con la pantalla vuelta sobre la mesa, pensando que puede que tan solo est√© cansada.

    A ratos me pregunto en qué momento me convertí en semejante idiota.

 

Anita Noire

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