
Cuentos pequeñitos para niñas y niños.
Un libro que barre las nubes de tormenta.
Una vez más José Víctor Martínez Gil nos regala un libro, en muchos sentidos, sin edad. Como ya he escrito sobre otro de sus volúmenes –y reitero en éste que rescata textos de aquel–, con sus cuentos cautiva como cautiva el beso infantil al globo, dispuesto a renunciar al aire a cambio del sutil roce. El lector disfruta de una obra poblada por paradojas, por singularidades, que se convierten en realidad e incluso constituyen norma, en la que otros mundos son posibles sólo con desearlo lo suficiente.
José Víctor nuevamente nos regala un libro que barre las nubes de tormenta. Nos descubre la magia que habita lo cotidiano, igual que la madre del caballito de mar desvela a la inexperta criatura su singular futuro como habitante del azul submarino.
Una obra tejida con palabras etéreas que encierran principios robustos, con sentimientos tiernos que brotan de una pluma firme. Un libro de extraordinarias simbiosis y desenlaces sor prendentes. Donde el amor, que todo lo completa, que nos redi me de nuestra condición de cíclopes, es fuerza motriz y fin últi mo, poderoso argumento.

José Víctor Martínez Gil se reafirma, también para niñas y niños, igual que hiciese ya en sus anteriores libros, como un escritor de innegable valía. Pero también, y no menos importante,como una persona de desbordante humanidad, como un hombre bueno. Nos encontramos ante un autor dotado de la ternura y la sencillez de un niño, feliz propietario de su misma mirada ingenua y esperanzada; pero también dispuesto al compromiso, a la filantropía consciente y responsable propia de un adulto devoto de sus semejantes. Descubrimos a un hombre decidido a revalo rizar un mundo invisible y delicado, pero no por ello menos real ni menos consistente que la piedra.
En efecto este libro, como he señalado de sus volúmenes anteriores, no puede pasar desapercibido porque es la creación de un autor comprometido con una causa trascendental, la mis ma por la que trabaja desde los escenarios, siempre por y para el ser humano, con ese poder de fascinación tan poco usual que lo caracteriza, con un embrujo que no surge únicamente de su in 7 contestable profesionalidad y talento, sino de ese aura especial que irradia, de eso que algunos denominan ángel y que sin duda ha de ser un don del cielo.
Salomé Guadalupe Ingelmo (España)

AMAR
El niño no estaba dispuesto a que aquella
lágrima de su madre fuera inútil. Por eso se
lanzó a nadar en la gota para mostrarle que su
lágrima podía ser el más hermoso mar.
