
La brújula del tiempo.
Viajo hacia atrás,
cuento las horas tardías,
contemplo mi memoria encorsetada
como un auténtico galimatías.
Pasos lentos voy dando;
no hay caricias en mi piel
por la suave brisa que mece,
siento las sienes prietas,
bultos de pura hiel
que amasan mi cabeza
hasta sentirme enredada,
como las ramas de un florido vergel.
Quiero cambiar mi mundo
antaño, ¡Qué añoranza de tesoro!
todo germinaba,
brotaba mientras me sentía
reposada en un trono.
Una reina de porcelana,
quizás una doncella de cerámica
se recreaba en el estrado.
Mi cuerpo artificioso
de carne y hueso se tornaba,
en un presente dorado
de alquimía bordeando
mi silueta rebosante
con un broche de alegría.
El tiempo detenido,
los pajáros aletargados,
el viento enmudecido,
El sol eclipsado
la luna amamantando la velada
en un verano de temporada,
el presente me devolvía de vuelta
a mi acogedora posada.
Me miro sin reconocerme,
pérdidas en un tiempo distante,
quedan congeladas al volante,
mientras conduzco por un autopista
hacia un cielo despiadado.
Un cielo con rostros
de gases avinagrados,
no me brinda un reposo
en este momento
lleno de pliegues de recuerdos,
lejanos e indisolubles
ya totalmente apergaminados.
Mónica Arias Llorens
