Evanescencia. Por Miguel Sánchez Robles

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Evanescencia.

Siempre perdemos algo. Primero se pierden juguetes, después compañeros, llaves, ciudades, amores, recuerdos y una linterna que te compró tu abuelo en Alicante un día que fue a los toros. Perdemos libros en los trenes, fe en las universidades, la fuerza en las rodillas. Hay pérdidas pequeñas que apenas hacen ruido como una moneda de diez céntimos que cae del bolsillo y rula hasta el agujero de una alcantarilla, y pérdidas enormes como una campana o el Titanic entero bajo el agua. La vida quizá no sea más que la lenta educación de asumir una pérdida. Evanescencia. Desprenderse de todo poco a poco, despacio. Descubrir que ya no recuerdas la voz exacta de tu madre llamándote para que te despiertes porque ya salió el sol y tenías que subir el serrín de la cimbra o los amigos te buscaban para jugar en la calle. Encontrarte ahora con tu yo de niño al doblar una esquina y no saber si darle un beso y un abrazo o pedirle perdón y echarte a llorar.

Miguel Sánchez Robles

Fotografía: RIBERO Y ANA

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