Las palabras de la infancia. Santiago Trancón

atardecer

(Fotos: Marimar Trancón)

Las palabras de la infancia.

 

  Las palabras son el mejor recuerdo que podemos guardar de nuestra infancia. Algunos conservan celosamente fotos, objetos, prendas, juguetes… Yo prefiero conservar palabras. Ciertas palabras, como la magdalena de Proust, guardan el aroma, la luz, el sonido, los gestos, el sabor de la infancia, mejor que cualquier objeto.

  Muchas de las palabras de mi infancia no sólo han dejado de usarse, sino que ha desaparecido el mundo en el que existían, el contexto físico, humano, social y material en el que vivían y respiraban. Porque las palabras tienen vida, sostienen la vida, y recordarlas es revivirlas y revivirnos.

  Voy a hacer una lista de las que ahora me vienen a las manos, a los dedos que pulsan estas teclas. Cada uno puede confeccionar su vocabulario, su diccionario secreto, porque cada palabra de la infancia guarda secretos que sólo cada uno conoce. Explicar el significado de cada una de ellas sería largo e innecesario. La fuerza de la sonoridad, en muchos casos, suple la ignorancia del significado. Las coloco de tres en tres, tal y como me llegan.

Garduña, raposa, coruja
Trébede, garfio, garabito
Agavanza, zarramúngano, majolito
Trabilla, pestillo, alcayata
Tralla, cincha, maroma
Tentemozo, tarugo, cigüeñal
Albañal, muladar, zahúrda
Ralea, récua, renacuajo
Mastín, gocho, avutarda
Jarana, galvana, badana
Respigar, escardar, endiñar
Chavea, chaveta, chamizo
Rilar, sobar, enviscar
Birria, zarabeto, mostrenco
Cernícalo, relinchón, abubilla
Meruca, jato, verderón
Saltipajo, sebe, cancilla
Reguero, peonza, trompo
Casulla, alba, cíngulo
Ventolera, parva, era
Torba, mendrugo, rescoldo
Energúmeno, patochada, incuria
Cínife, pínfano, moscardón
Guipar, junar, diñar
Aruñar, sabañón, azarar
Asadura, arrebol, celajes
Palmatoria, túmulo, estola
Pelis, platis, acederas
Hisopo, cirio, candelabro
Candil, carburo, horqueta
Vergajo, jergón, barbuquejo
Horca, coscorrón, respigón
Varear, cimbrear, engalbar
Sacaúntos, zoleta, ceranda
Barcillar, sarmiento, gajo
Restrallete, carbonilla, gavilla
Pizarrín, urmiento, fardel
Canica, canto, taba
Yunque, yugo, yunta
Cadeneta, quilma, fielato
Pegas, albérchigos, paleras
Cacha, zamarra, galocha
Madreña, gramola, rebanada
Faca, miaja, miga
Gorgorito, ciénaga, lodazal
Tunda, morrillo, bártulos
Guijos, trillos, barrunto
Balde, tajo, manubrio
Cuelmo, cuévano, garrafón
Carámbano, torrezno, tapín
Guarar, garbeo, palangana


Majuelo, tinaja, aparador
Zote, zopenco, zarrapastroso
Correcalles, saltimbanqui, chisgarabís
Artesa, arroba, quintal
Cencerro, cascabel, badajo
Espurriar, fanega, aventar
Jícara, lascivia, lujuria
Concupiscencia, fornicación, indecencia
Cardar, hijada, ahuecar
Chingar, jorobar, amolar
Cucurucho, pazguato, pasmarón
Lamparón, modorro, forúnculo
Patán, papón, quincalleroParalelepípedo, tetraedro, pistilo
Dodecaedro, exaedro, hipotenusa
Jabato, acémila, mejunge
Aldabón, alcurnia, alubia
Ablución, extremaunción, estertor
Mortaja, toquilla, alforja
Ceporro, carcamal, botarate

 

hojas

  Podría seguir, pero basta para animar a quienes quieran recuperar estos inasibles recuerdos. Como  puede verse, hay algunos leonesismos y palabras del mundo rural que nunca más volverán a usarse. Se irán con nosotros.

 

Santiago Trancón

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