Llantos de Gloria. Por Juan A. Galisteo Luque

Castillo de Simancas (Valladolid)

 

 

LLANTOS DE GLORIA

 

<Con gesto firme y sincero

dijo Padilla a Juan Bravo,

si ayer fuiste compañero,

lo mismo que Maldonado,

en el trato un caballero

y en la batalla un soldado,

aunque dejaros no quiero,

hoy estrecharé mi mano

para morir el primero,

y hacerlo como un cristiano>

Desde Zamora a Pucela,

de Toro hacia Tordesillas,

lugar donde fuerzas reales

cubren cerco y ofensiva,

camino de Villalar,

frente a Peñaflor de Hornija,

campos de honor y de lucha,

que por amor a Castilla,

Maldonado y Bravo, dieron

su vida junto a Padilla.

El albor de la mañana

ya a lo lejos se divisa…

Un jinete que cabalga

sediento a una hermosa orilla,

observa un arroyo claro

y sin dudar se aproxima.

Luego baja del caballo

y con la mirada altiva

a unos altos torreones,

extiende su mano fina

al manantial de agua fresca,

limpia, pura y cristalina.

Lleva dolor en sus ojos,

tiene la mirada fría,

y el rostro duro y cansado,

mas no lleva compañía.

Brillantes de su tocado

destilan la luz del día

resplandeciendo en su brillo

cristales de pedrería.

Lleva luto en el vestido,

negra es también la acaricia

de un velo que allí desprende,

candorosa e indecisa.

Luego después, murmurando

el cruel dolor que sentía,

levantó firme sus ojos

y al viento así le decía:

<Si tú quisieras, Pucela,

la vida te entregaría,

pero estoy llena de celos

y el odio me perdería.

Yo te daría mi hacienda,

mis tierras yo te daría,

los Mendoza somos nobles,

de nobleza es mi familia.

Grande es mi cuna y estirpe,

como es también la campiña

que el Duero viste de flores,

color, aromas y brisa.

Grande también fue mi amor

y hoy me han quitado la dicha.

Frente a un duro corazón,

el alma traigo vencida.

Yo te daré… ¡Lo que quieras!

pero alivia esta fatiga

que me oprime aquí en el pecho

y que me tiene rendida>

Así habló María Pacheco

y nadie le respondía…

¡Gritó de nuevo al silencio!

El eco lo repetía…

<Si tú quisieras, Pucela,

solo a ti te contaría,

el agravio y el desprecio

al que fuimos sometidas.

La reina madre que vive

en la torre recluida,

me ha dicho que no la olvides,

que ella a ti jamás te olvida.

Si Juana de Arco volviera,

formaría otra milicia

a la causa castellana

¡Nunca nos defraudaría!

Aunque el curso de la historia,

ya en esta tierra me obliga

a despachar con orgullo

tanta injusticia infinita.

Arrastrado entre romances

a un borbollón de sonrisas,

entre irónicas palabras,

esplendores y desdichas,

ayer fuera vuestro reino,

desde Europa a las Antillas,

el más grande en sus dominios;

hoy flamencos lo mancillan.

¿Dónde estáis que no os encuentro?

“Comuneros de Castilla”

¡No escucháis a las campanas!

Hoy se ensalzan y repican

por tierras de Villalar,

Simancas y Tordesillas.

Desde el imperio de un mundo,

por pueblos, plazas y villas,

ayer tocaron a duelo,

por la muerte de Padilla>

 

Juan A. Galisteo Luque

A la memoria de María Pacheco y los comuneros.

Premio Pucela: Centro Vallisoletano de Barakaldo (Bizkaia) 2009

Derechos registrados y fotografia del autor (Castillo de Simancas)

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