Morir del cuento. Por Mari Cruz Agüera

 

Sonrío recordando
lo mucho que de niña me engañaron,
con la ficción oscura y la leyenda,
con el hombre del saco
y sus envenenados caramelos,
que jamás me ofreció por más que estuve
esperando en la puerta de la escuela.
Tampoco vino nunca a visitarme
ningún informe Coco despiadado
que quisiera llevarme a sus dominios
por no dormirme pronto…
¡con la de noches que pasé yo en vela!
Pero a quién reprochar esas mentiras,
si el tiempo ha confirmado que eran solo
formas de protegerme de otros monstruos
feroces y reales.

Sin embargo, si pienso en esos cuentos,
con los que inútilmente procuraron
enderezar mi temeraria infancia,
hay uno que se ha vuelto una certeza
al cabo de los años,
el castigo a mi falta de obediencia,
no tengo que esperar, y ya percibo
el diezmo de mi díscola puericia:
siento la llama intensa sobre el pecho,
la oscuridad quemándome la sangre,
el corazón hirviente de tristeza.
No puede haber después otras tinieblas,
el infierno es aquí –sin ti- y ahora.

 

fuego-MC Agüera
Mari Cruz Agüera
Jurado del VII Certamen “Poemas sin Rostro”

2 comentarios:

  1. La realidad nos trae personajes y vivencias mucho peores que el Hombre del Saco, y, aunque nos preparemos para ello, casi siempre nos superan.
    Deliciosos tus versos, como siempre.
    Un abrazo.

  2. Ahora, el cuento ha cambiado, el protagonista ya no es el hombre del saco, es “el hombre del banco” por lo demás poco ha cambiado la historia.

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