Tacones de Azúcar. De Yolanda Sáenz de Tejada

Tacones de Azúcar
Llevo tiempo queriendo hablar de este libro, lo leo, lo releo y no me canso, quizás por eso retraso el comentario en mi blog, para tener la excusa de volver a abrirlo y recordar los poemas que tanto me han gustado.
Quizás el problema es que no sé hablar de poesía, que mis palabras son torpes en esta materia. Supongo que la poesía es buena si consigue conmoverte, atraparte, engancharte, hacer que te olvides del tiempo y del espacio. Si es así, este libro contiene muy buenos poemas.

Tacones de Azúcar se debe degustar despacio, a lametones, deshaciendo cada verso, cada palabra, cada sílaba. Dejándose impregnar por la dulzura del azúcar y por la fuerza de unos tacones que pisan con energía, que piden su sitio, que no se amedrantan.
Mejor me callo y que hablen los poemas por sí mismos, os dejo algunos de los que más me han gustado, la elección ha sido dificil.

Felisa Moreno Ortega
Fuente: BLOG de Felisa Moreno

No sé
por qué siento
(pura indecencia)
celos de los poemas
que algunos hombres
escriben
a sus mujeres.

No sé
por qué me cuelgo
de la disculpa
un ahogo de
sonrisa torcida,
un amargo deseo
de destrozar
con mis dientes
esas frases.
(No la ames
tanto,
por favor…)

Y termino
cerrando el poema,
dándole un portazo
a las comas
y escupiendo
en los puntos
(y aparte)
que han seguido
escondiéndome
la envidia.

Ahora vengo
aquí,
a este folio
coagulado de mí

(mi yo feo
y oscuro)
para mendigarte
a ti
(to yo blanco de
versos inmaculados)
que me hagas
(por Dios)
un poema
de amor…

::::::::::::::::::::::::::::

Bienvenido
a mi cuerpo.

Espera en el salón,
por favor.
Estoy aún
fregando mi piel.
Está tan sucia
de recuerdos…

Él se ha ido
hace poco tiempo
y me ha dejado
la foto de boda
entre los pechos.
Abiertos,
cubiertos de escamas
y de quemaduras.
—Tanto fuego en su boca…—

Mira mis piernas…
Están plagadas
de varices y fantasmas
de tanto vagar sus dedos
por ellas.

Tengo aún los arañazos
frescos en los ojos,
—recuerdos vivos
de muchas noches
sin noche—.

:::::::::::::::::

En aquel campo hacía frío
y él era torpe.
Sus dedos siempre tropezaban
con el skay
del R-6 prestado.
Yolanda Saénz de Tejada

En aquel campo hacía frío
y mi lencería no era de Francia,
precisamente,
ni tenía
entre los muslos tibios
una gota
de perfume de Dior.

Pero cada viernes por la noche
mi novio conducía
hasta aquella huerta
de olivos,
aislados como lobos hambrientos
en la tierra.

Llegaba despacio,
y aparcaba el verano en mi pelo.
Siempre sonreía
—con esa boca de azúcar derretida—
cuando le daba voz a aquella canción
que me hacía llorar.
Abdilá del amor infinito

Y lentamente,
bebiéndose después
cada lágrima de mi cuello,
me volcaba el asiento hacia atrás.
Animales aullando en la oscuridad…

Más en su blog: http://yolandasaenzdetejada.blogspot.com/

Un comentario:

  1. Casimiro Ynoloveo

    Mejor haría la gente leyendo este libro de Sáenz de Tejada que sobre Yisel Charboneau, que además de ser una desvergonzada, arremete sin freno contra los valores políticos, o contra los toros, que si sufren o que si no sufren, y plantea escenas de prácticas sexules en el interior de una parroquia. Creo que tal tipo de libros no debería existir, pues se burla el autor, por llamarlo de alguna manera, de la institución monárquica y, como Iñaki Gabilondo en sus noticias, distorsiona la realidad utilizando algunos casos de pedofilia que se han dado en algunas parroquias para meter a todos en el mismo saco, como hace José Saramago con su nueva novela, ‘Caín’. ¿Qué tienes que ver la trama Gürtel con la Iglesia? ¿O el terrorismo con Amenábar?

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