Mareas.Por Luis Oroz

» El ancla de sus brazos sujetaba el impulso
de la felicidad.
Yo icé las velas blancas del deseo
y el mundo fue moviéndonos hacia quién sabe cuando.

Abrí mi aliento y dije; no seas tímida,
deja que yo reinvente tus sentidos,
deja que retroceda, que descubra
el fondo de tu luz,
que el aire sepa
que voy a estar en ti
como una frase
que poco a poco va desarropándote.

Que el aire sepa
a dilatada piel, a espalda curva,
a vértice de manos en las manos.

Abrí su boca entera con mi boca
y le hundí las palabras
como barcos que abrazan su tesoro escondido.

Todo empezó a moverse, fuimos náufragos
sobre el piélago azul de su mirada.

Después nadamos juntos,
yo encontraba en su cuerpo, ella buscaba
en el mástil la sal, en la humedad
un indicio del fin, en las mareas
la orgásmica razón del cielo abierto.

Nos re-corrimos juntos,
ella en mi pulso,
yo en la cartografía
que trazaba en su piel mi acuoso pensamiento.

El ancla de mis brazos en sus brazos,
mi espuma entre sus rocas
y el deseo,
país donde la vida se construye.

Abórdame otra vez, sube a mi fondo
y atraviesa el pez rosa que se esconde en mis labios
con la afilada punta de tu pecho.

 

Luis Oroz

Un comentario:

  1. Sensual y marítimo poema.
    Precioso. Un beso

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