
Real Sitio del Palacio de la Magdalena.
Si algún día me pierdo por el, a veces ingrato, otras más o menos agradecido camino de la vida, no me busquen entre las angostas y contaminadas calles de un suburbio de una ciudad cualquiera. No me busquen tampoco entre los anaqueles de joyeros o entre las cajas de suculentas herencias y demás papeles, ni me busquen en una melancólica, soporífera y atribulada tarde entre las cuatro paredes de mi casa. Búsquenme por favor, si acaso acompañada de algún libro de poemas, recitando a sotto voce entre gaviotas y urracas en las verdes campas y el rico boscaje de hayas, pinos, abedules y tilos y demás flora y fauna que puebla el Real Sitio del Palacio de la Magdalena. El Palacio mira a la bahía de Santanter desde 1912, año de finalización de la obra y orienta su fachada – piedra de mampostería de Cueto, tejados de pizarra con clara influencia inglesa y balcón Flor de Lis, y lo hace, mirar a la bahía, totalmente impertérrita y ajena a todas las luces y sombras, suertes y desgracias de la Historia señera de nuestro país; Palacio que ha sido fiel testigo, eso sí, de todos y cada uno de los Cursos de Verano que notabilísimos e ilustres profesores han tenido a bien impartir aquí y que alumnos como Don Ortega y Gasset o Don Miguel de Unamuno se han complacido en recibir, dentro del inigualable marco natural de la Sede de la Universidad Internacional Menendez Pelayo UIMP en Santander. Una de las ciudades del norte de España, en mi opinión, con más elegancia natural y “charme”, que llaman nuestros vecinos los franceses. El histórico hecho de que en el agosto de 1934 el Científico y Físico y Premio Nobel vienés Erwin Schrödinger impartiera aquí el Curso “La mecánica ondulatoria” invitado por Pedro Salinas evidencia una vez más la importancia incontestable de estos Cursos de Verano. Sirvieron como anfitriones a Schrödinger personas de la talla como el Filósofo Xavier Zubiri y el Físico español Blas Cabrera, quien fuera Rector de la UIMP durante dos años.
Decía que el Palacio ha mirado desde su construcción en 1912 al desafiante y bravío cantábrico y que ha asistido impertérrito y ajeno a todos y cada uno de los avatares históricos y observado el mar además de frente, con la nobleza típica de la solidaria, valerosa y distinguida gente del norte como una Reina o un Rey que no temen capitulación o afrenta alguna. Diría aún más. Caritativa también, valiente y distinguida fueron algunas de las diferenciadoras virtudes de la Reina Victoria Eugenia de Battenberg, como es sabido de ascendencia real inglesa; además quería y amaba a la ciudad de Santander como no quiso y amó a ninguna ciudad española. Prueba de ello es la carta fechada por ella misma en Lausanne el 28 de octubre de 1950 donde confiesa a una amiga que en la Magdalena se siente “totalmente feliz e independiente”. Deduzco que Doña Victoria Eugenia de Battenberg debía sentirse -y de hecho se sintió- como en su amada Inglaterra, máxime teniendo en cuenta que la construcción del Palacio fue curiosamente sufragada por suscripción popular, regalo de la espléndida ciudad de Santander a ella y a su marido Alfonso XIII a cargo de dos Arquitectos: Don Gonzalo Bringa Vega y Don Javier Gonzalez de Riancho. Su arquitectura revela por un lado, una notoria influencia del “pintoresquismo inglés”, con una fachada, que jugando con el eclecticismo imperante, tiene por otra parte, rasgos arquitectónicos de las casas cántabras como podría ser el color rojo de alguna pieza visible, tal vez madera, en la parte superior de la fachada principal.
Es más. El hecho de que la Reina y el Rey eligieran Santander como residencia estival desde 1913 hasta 1930, sólo un año después de la entrega de la obra, esto es en 1912, siguiendo la moda tendencia de las ciudades balneario del norte, no hace más que constatar y reforzar el tan estrechísimo vínculo de Santander con nuestra vecina Inglaterra, por razones tan principales como el Comercio marítimo, el Turismo y las estrategias militares. Comercio alentado por una clase burguesa vasca emprendedora; Turismo como por ejemplo el de los cruceros de ahora, impulsado desde que la naviera Aznar en 1974 inaugurara la línea regular de pasajeros y carga entre Santander y Southampton o desde que la Compañía Brittany Ferries mantuviera viva la conexión marítima entre Santander con Plymouth y Portsmouth.
He tenido la suerte de poder conocer Plymouth y Portsmouth. Con 17 años cumplidos y he de reconocer, con muy poca experiencia de la vida, viajé al condado de Devon en el mes de agosto para estudiar inglés en una inmersión en familia; Casualidades de la vida, ha sido también en este mes de agosto que he recalado en Santander para un Curso de Verano de dos días en la Magdalena. Y sí. La inteligencia de una mujer como la Reina Victoria Eugenia no andaba nada descaminada. Todo lo contrario. Salvando todas las distancias insalvables y obvias, al menos las de rango y clase entre la Reina Victoria Eugenia y una persona como yo, de Vitoria – Gasteiz, de origen humilde, muy amante y enamorada de mi país España, eso mí, muy curiosa y estudiosa, puedo y debo asegurar como mujer, condición que sí comparto con la Reina…, que me he sentido durante estos dos días que ha durado mi Curso en la UIMP, dichosamente feliz, paseando tranquilamente por los jardines de la Magdalena, admirando su flor de Lis en piedra de su balcón principal y los cuarterones blancos de sus ventanas, intentando escudriñar el trabajo de dos de sus jardineros que en ese momento podaban las molestas ramas trepadoras de la fachada más oriental, al mismo tiempo que escuchaba placenteramente el graznido mañanero de las gaviotas, que me evocaban mi estancia juvenil en Plymouth y que me otorgaban una sensación especialísima de dicha, total libertad e independencia inigualables, quizá comparable a la que debió sentir la bisabuela de nuestro Rey S.M Felipe VI en sus estancias veraniegas en este retiro para el alma y para el espíritu.
Regresé de Santander de mi Curso de Verano 2026 hace un día a mi lugar de residencia y trabajo. Me costará olvidar la belleza, el encanto, lo sublime del paisaje “picturesque” o “digno de ser pintado”, las personas que han pasado por mi lado en el Paseo practicando– con total estilo y gracia- deporte a lo largo de todo el envidiable Paseo de Vereda. La bienvenida a este Paseo nos la da el Centro Botín que alberga diecisiete obras pictóricas de la Colección personal de don Jaime Botín, figura clave en la Banca española además de un hombre cultísimo, muy abierto y adelantado, con un liderazgo natural pero sobre todo con una intachable honestidad intelectual y una mirada crítica, filantrópica, comprometida y constructiva hacia la realidad. Unos pasos más allá del Centro Botín que lleva un doble sello, el del Arquitecto italiano y Premio Pritzker Renzo Piano y el del estudio español Luis Vidal + Arquitectos, podrán visitar la Exposición fotográfica del periódico EL PAÍS con motivo de su 50 Aniversario, titulada “Momentos”. Merece y mucho la pena detenerse a conciencia en cada una de sus fotografías, no les desvelo más, para después visitar el marinero Puertochico y la zona cultural y ocio de Garazo, que alberga ésta última la Sede de la Real Federación Española de Vela y el Auditorio del Festival de Música de Cantabria. Muchos son los nombres eminentes en el cartel de este año: el Director de Orquesta Pablo Heras Casado, la violinista Maria Dueñas con la Orquesta Real Sueca o el italiano Orchestra Conductor Ricardo Chailly de la Filarmónica della Scala. Tan pronto como hayamos compartido banco con el rictus entre pensante y sintiente del poeta, para más señas, del poeta santanderino Gerardo Diego que honra a la bahía con los versos de su “Bahía natal” , “cristal feliz de mi niñez huraña, mi clásica y romántica bahía…”, habremos llegado a la entrada del Real Sitio, y además y lo más importante sin apenas darnos cuenta, porque el paseo es una gozada de disfrute personal y para los sentidos; a nuestra izquierda las casas cántabras solariegas de la actual clase acomodada, a cada cual más bonita y a nuestra derecha el mar, para el que cualquier apelativo se me queda corto, al que sólo me queda darle las gracias.
A Dios gracias también, siempre hay alguna persona de bien, oriundo de la ciudad o de fuera de ella, dispuesta a alegrarte el comienzo del día y a ofrecerte amablemente las indicaciones hasta llegar al punto culmen más altozano de todos: al Palacio de la Magdalena. Pero insisto y termino como he empezado, que si algún día me pierdo por el a veces, agreste, otras más o menos bienhadado camino de la vida, búsquenme por favor, entre la flora y la fauna del Real Sitio del Palacio de la Magdalena. Un lugar especial para esparcer las cenizas de alguien también especial, ¿no lo creen? Yo así lo creo.
USUE MENDAZA


Donde escribí «Garazo», quise escribir «Gamazo» .
Donde escribí «Vereda», quise escribir «Pereda»