Surfear. Por Anita Noire

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Surfear.

 

   Pues tenía que llegar y llegó. Hemos resistido como se ha podido, pero la sexta ola ha sido imposible de sortear. Hoy es el primer día, después de una larga semana en que me he sentido capaz de sentarme ante el ordenador y teclear un poco. Nada extraordinario. Me fatigo y la tos, todo y que ya no es la que era, me deja la cabeza bastante maltrecha. No quiero quejarme. Mi mal pasará y me recuperaré en breve. Estoy segura. Estos días, en la soledad en la que uno finalmente se encuentra, pensaba en la enorme suerte que he tenido en que la enfermedad me llegara en este momento y no hace dos años. En la suerte de las dos vacunas que llevo encima. En la suerte de que la variante que me ha invadido, de la que ignoro su nombre, haya sido lo suficientemente benévola como para dejarme tirada sin capacidad alguna durante una semana, pero nada más. Otros muchos, algunos ya cercanos, no pueden decir lo mismo. Siempre deseé disponer de unos días libres sin preocupaciones. Poder levantarme tarde, desayunar tranquilamente y vaguear. Días para quedarme en casa porque es la mía y apenas estoy en ella. Pero este confinamiento no tiene nada que ver con todo eso. El tiempo pasa despacio sin que sea capaz de hacer absolutamente nada. Todo pasará y volveré a desear tener unos días libres, para leer, para quedarme en mi casa mirando, entonces sí, las musarañas que invento. El Covid no es una broma, cuídense.

Anita Noire

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