El libro de los pequeños milagros.

Hamelín
Y cuando todas las ratas estuvieron dentro de la caja,
Hamelín apagó el televisor

Internarse dentro de “El libro de los pequeños milagros”, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, es como él nos dice internarse en planetas ignotos, narraciones de grandes y pequeñas epopeyas, hazañas de extraterrestres e incluso la búsqueda de Dios.
Ante eso uno empieza a leer y empiezas a encontrar de todo dentro de estos pequeños milagros. Sucesos microscópicos, catálogo de prodigios e incluso un bestiario que encuentras en las últimas páginas y te lleva a releer en otro orden. Así que si lo desean pueden meterse entre sus letras y leer sobre evolución y revolución, sobre la tele, sobre nosotros, sobre los hombres que se ven dormir la siesta o sobre los músicos que encierran ratas en la tele para que nosotros podamos verlas. Y sobre todo pueden disfrutar con el microrrelato. Aunque, claro, los micros, como todo, necesitan de gusto. Supongo que un libro como éste no es para gentes que usualmente leen novelas de mil páginas. El tamaño no importa, dirá alguno, pero creo que adentrarse en el mundo del relato hiperbreve necesita de gusto por perlitas, por caramelitos que alertan tu mente. Los micros sobre todo te permiten pensar sobre tu vida, sobre las vidas, incluso aquellos que se sitúan en galaxias ignotas. Es un libro para el pensamiento, para el disfrute. Narrar, narra, pero gran parte de la historia la pone el propio lector y eso me encanta. Me gusta ser parte activa en el texto. Creo que quien no entienda eso no va a encontrar el libro nada atractivo. Es necesario ser un lector activo como diría Cortázar, un lector que crea, más que simplemente un receptor de la historia. No estoy comparando “El libro de los pequeños milagros” con la historia de Rayuela sino con su espíritu. Creo que cualquier micro necesita de cierta actividad y de cierta perplejidad del lector. Un lector dispuesto a ser sorprendido y a pensar a partir de lo que el autor nos plantea. Sirva como ejemplo el encabezamiento de la reseña. ¿No les da ganas de pensar en las ratas que pueblan nuestros televisores? ¿No piensan que quizá nosotros somos ratas atrapadas por la televisión? A eso me refiero al hacer esta comparación.

De todos modos, si ustedes quieren perderse en estas y otras preguntas similares, si les apetece inquietarse al leer, si les gusta pensar a partir de un texto, no pueden perderse este libro. Y si quieren releer en otro orden háganse con el bestario que el autor les propone en las últimas páginas. Merece la pena. Yo lo he disfrutado. A mí me gusta leer micros y los de Muñoz Rengel son maravillosos.

 

Maite Diloy (Brisne)
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne Entre Libros
Blog de la autora

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