Muere Caballero Bonald a los 94 años.

Premio Cervantes en 2012

 

  José Manuel Caballero Bonald,  y uno de los grandes poetas españoles contemporáneos, ha fallecido a los 94 años de edad. La voz «desobediente»  poeta de la generación de los 50, se ha apagado para siempre. Tenia en Cervantes a su «maestro, guía y espejo continuo».

  Nacido en Jerez de la Frontera el 11 de noviembre de1926, de padre cubano y madre de ascendencia aristocrática francesa, Caballero Bonald estudio de Náutica y Astronomía en Cádiz antes de licenciarse en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla. Fue profesor de Literatura Española e Hispanoamericana durante diez años en la Universidad Nacional de Colombia y en el Bryn Mawr College.

En 2004 fue galardonado con el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por el conjunto de su obra, y al siguiente año con el premio Nacional de las Letras Españolas. En el 2016 Premio Francisco Umbral al Libro del Año por su poemario Desaprendizajes.

   Como poeta se inicia en 1948 con ‘Poesía’ (1945-1948), a la que siguieron ‘Las adivinaciones’ (1952), ‘Memorias de poco tiempo’ (1954), ‘Ateneo’ (1956), ‘Las horas muertas’ (1959), ‘¡El papel del coro’ (1959) y ‘Pliegos de cordel’ (1963). En 1969 se publicó ‘Vivir para contarlo’, obra que recoge toda su poesía. En 1997 apareció una antología de sus poemas con el título ‘El imposible oficio de escribir. Antología’, y en 2002 una tercera recopilación, en la editorial Visor, titulada ‘Antología personal’, acompañada de un CD con poemas recitados por el autor.

  Como novelista, su producción es escasa aunque significativa en lo que a narrativa social se refiere.

Caballero Bonald

Desencuentro

Esquiva como la noche,
como la mano que te entorpecía,
como la trémula succión
insuficiente de la carne;
esquiva y veloz como la hoja
ensangrentada de un cuchillo,
como los filos de la nieve, como el esperma
que decora el embozo de las sábanas,
como la congoja de un niño
que se esconde para llorar.

Tratas de no saber y sabes
que ya está todo maniatado,

                                       allí
donde pernocta el irascible
lastre del desamor, sombra
partida por olvidos, desdenes,
llave que ya no abre ningún sueño:

La ausencia se aproxima
en sentido contrario al de la espera.

 

 

Más información en La Verdad,es

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *