Las siete vidas de un feo. Por Ángeles Morales
Las siete vidas de un feo Era feo a rabiar. Los perros le ladraban con el hocico apuntando al cielo; después, cuando creían haber conseguido amedrentarlo, lo dejan pasar manteniendo altas sus cabezas, mostrando sus dientes de forma automática como queriendo decirle: “Y que conste que no te hinco los…






