29- Tormenta interior. Por Diaclaro
Cuando la tormenta pasó ya nada era igual, nadie era igual.
Relatos a concurso
Cuando la tormenta pasó ya nada era igual, nadie era igual.
¿Y tú que miras? ¿Nunca has visto un tío borracho, o qué? Sí, llevo un pedo encima que ni te cuento, ¡qué pasa!.
Aquella tarde la lluvia era una catarata que recorría las veredas y se adueñaba de las calles.
A veces todo se termina o acaba en el momento que damos cuenta que no tiene sentido, ni lugar, ni tiempo.
No mide más de uno cincuenta, de formas tan redondeadas que podría resultar atrayente como cojín. Sus manos, gastadas, muestran la rigidez propia de los engranajes oxidados.
El trabajo de Spoon era simple: cuando un bicho sin alas, generalmente una ardilla o un topo, pusiese los pies sobre el césped, él tenía que echarlo de allí.