117- Voltios. Por Sierra Helada
- 23 octubre, 2012 -
- Relatos -
- Tags : 9 Certamen de Narrativa Breve 2012, encuentros, relatos
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Se asomó al balcón. Lo vio llegar por la esquina de la calle Arevalo cruce con Sagasta, donde la boca de metro. Alicia, con el corazón palpitando en las sienes, bajó hasta el zaguán y esperó frente al cuadro de llamada del ascensor. No se volvió al oír la cancela del portal para ver quien entraba, de sobra lo sabía. Murmuró un buenas noches envuelto en disimulado aire sorprendido.
—Voy al décimo ¿y usted?
—Al noveno, gracias.
Le preguntó con los ojos bajos, fijos en sus zapatos, como si fuese el primer día que coincidían. Como si no supiera que vivía justo en el piso de abajo.
“Calzará un cuarenta y tres”, calculó levantando la vista, fijándola en el techo, también forrado de espejos. Distraídamente lo miró en el reflejo. Allí lo observaba desde una postura indiferente.
“Qué bueno está”, pensaba. Después, detallaba en su memoria el mechón de cabello sobre sus facciones viriles. La nuca rotunda y fuerte. En aquellos momentos deseaba con todas sus fuerzas no llevar rastas. En aquellos momentos, viendo el pelo de él, como recién lavado. También deseaba vivir en el octavo para espiar sus pasos, el ruido de abrir o cerrar puertas, o del agua de la ducha lamiéndole cuerpo abajo.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
Al despedirse, ella volvía a su atalaya apagada, observando los cristales de las ventanas de la finca de enfrente, sintiéndose medio lechuza, medio ángel. Espiando los vidrios de la casa que había al otro lado de la calle, donde en un juego de imágenes, se proyectaba la sombra chinesca del vecino del noveno. Su ir y venir del salón al dormitorio, hasta que llegada la hora del descanso, apagada una a una las luces del venerado, comenzaba el sueño de Alicia.
Al día siguiente volvían a cruzar sus aparentes despegos, hasta que un perfume a limón, o un aleteo de mechón arrancaban voltios subterráneos. Él, tan elegante con su traje de ejecutivo, su camisa de rayas azules, su logrado nudo de la corbata abrazando su cuello perfectamente rasurado.
Al saludarla, resbalaba sus ojos acariciadores por la blusa apenas entreabierta, apenas esbozo de un abismo en que perderse. Un abismo entre colinas temblorosas.
Alicia se imaginaba la casa del vecino engamada en tonos marrones, muebles ingleses clásicos, sofá de cuero, despacho sobrio con olor a maderas barnizadas y libros en perfecto orden.
«Lo tendrá todo limpio y organizado», pensaba mientras miraba distraída los zapatos esparcidos por su casa, un zapato de aguja cerca de una indefinible zapatilla de felpa. Se le había acabado el detergente y el champú del pelo reposaba en el fregadero lleno de platos sucios. Las tijeras de la cocina en la maceta de aloe. Era un buen sitio: el aloe era su crema nutritiva.
«Tengo que ordenar esa mesa, tan llena de cosas».
Flores mustias, restos de bocadillos, platos, vasos de papel y servilletas convertidas en bolas arrugadas, latas vacías de cerveza, colillas.
«Estos chicos, me apestan la casa. Es la última vez que los invito. El porro va a ser en el local de ensayos, lo que es aquí…Si comprara un friegaplatos, tendría la cocina siempre ordenada, no me daría pereza».
Y aquellas figuritas de Lladró que le regalaba su madre y que no sabía en qué repisa poner, hasta que las acomodó en el cuarto de baño, prestas para viajar al salón en cuanto su madre anunciase visita. Y el espejo que le regaló la tía Pitu, en la que se veía reflejada con siete años, ni uno más ni uno menos, antes de sus trenzas de perro flauta.
« ¿Si le invito a entrar, se sentirá cómodo? Tengo que hacer limpieza general, quizás mañana».
Volvieron a cruzar sus aparentes despegos, hasta que un perfume a limón, o un aleteo de mechón arrancaba voltios subterráneos.
Un par de meses sin coincidir. Alicia encontró trabajo en una multinacional. Se cortó las rastas, y cambió su falda hasta los tobillos por una corta ajustada, y altos tacones. Él, había mudado el traje por una cazadora y camisa sport. Su estilo evolucionó a un leve desaliño. Ella se preguntaba si habría perdido su trabajo.
Se cruzaron de nuevo en el espejo del ascensor. Él, le clavó sus ojos y ella sintió en el culo dos tizones ardientes. Después le acercó la voz cálida a su oreja, ella pudo oler su piel y se estremeció.
— Tienes una mota.
Le dijo poniendo el dedo pulgar cercano a la comisura de sus labios. La acarició con suavidad, despacio. Primero la comisura izquierda, sin levantar el dedo continuó por el labio inferior, la comisura derecha, el labio superior. Le recorrió la boca entera de forma cadenciosa y por último le introdujo el dedo índice con una suave presión. Con mimo, recorrió uno a uno sus dientes y jugueteó con su lengua. Alicia aplastó sus labios contra los de él y le pidió en anhelante susurro: muérdeme, muérdeme. Se besaron con furia, sintiendo el sabor de la sangre en sus bocas. Después ella, utilizando delicadamente los dientes, le abrió la cremallera de la cazadora y él le trenzó las pestañas con su lengua.
Se amaron en el espejo del ascensor hasta que paró en el noveno. Salieron de la luna de azogue.
Al despedirse, como siempre, con un cortés: buenas tardes, él le trabó su mirada de almendras dulces.






Me ha encantado, ay! si lo llego a encontrar antes…
Lástima que no llegase a la final. Es tórrido y fresco al mismo tiempo.
Te invito al mio, y quiero más.
Un abrazo.
Espero que tu relato se encuentre entre los elegidos por el jurado. Me ha encantado y lo he descubierto por casualidad. Se lo merece…sensual, erótico, palpitante…me gustaría tener un espejo en el que me viera siempre con 7 años, mirar con dos tizones ardientes, trenzar pestañas con la lengua y trabar miradas de almendras dulces.
Como diría Lovecraft…¡¡Chapeau!!
Suerte para la final del jurado, estoy seguro de que tu relato estará en la lista.
Suave erotismo. Me habría gustado lmás porno
Gracias a todos los que habéis apostado por mi
Pues me ha gustado. Te deseo que tengas mucha suerte
Es muy original. Suerte
Gracias Juamba
Gracias Miguel
Suerte.
Me ha gustado. Suerte
Un relato con dos lecturas
¿Te ha gustado mucho?
Gracias María
Mucho, mucho
Gracias eléctricas Walter
Voltios, muchos voltios. Una descarga rápida y eléctrica. Cuarenta segundos es el tiempo entre la planta baja y el noveno. Calor en el cuerpo de ella. Fuego en el interior de él. La fantasía viaja en ascensor. Suerte.
Muy bien. Me ha gustado mucho
Gracias Jose Vicente. Me alegra te haya atrapado.
Es original. En una primera lectura me pareció que se besaban en el ascensor. En la segunda me percaté.
El nombre Alicia lleva al País de las Maravillas. Bueno, ella traspasó el espejo, hizo realidad su sueño en la ficción. Relato agil, me atrapó desde el primer momento.
Hola Lotte. Que pena no haber visto el anuncio. Igual hubiese salido mejor, o peor, eso ya no lo sabré nunca. Me lo inspiró un vecino que estaba que crujía.
Gracias por tu aportación.
Sí, una fantasía. ¿Ha sido posible o ha sido un hecho?
Una fantasía sexual/amorosa que…¿quién no ha tenido alguna vez en su vida? (paradigmática de otras muchas similares): y algunos-as, además, descubren que ha sido posible. Me ha gustado la manera de narrarla.
Tri-va-go. A mí también me ha dado la impresión de que le ha servido de inspiración, solo que, a partir de esa imagen, ha conseguido una historia muy interesante.
Ya, Sierra Helada, te sigo contestando aquí. Me ha gustado, aunque hubiera empleado un poco más de tiempo en la transición, que me parece un poco brusca. Algunas imágenes son muy gráficas y descriptivas. La presencia del olor me parece fundamental. Enhorabuena y sigue así, que llegarás más allá del noveno (me refiero al piso, no al puesto, que psoiblemente sea mejor).
Hola Bastet. Es extenso en el juego de espejos
muy bueno
es un relato muy imaginativo,pero muy agradable se hace corto. Buenisimo
No hay nada como dejarse abducir por el espejo. Lo sabía bien el autor de Alicia
A lo peor la dimensión aumento funciona precisamente cuando se conocen.
Dos personas en un ascensor: hombre y mujer. Subiendo. Y un espejo. Día tras día.
¿Quien no se dejaría abducir?
Me gusta el escenario. Menos, algunas expresiones.
Enhorabuena.
Así que, cuando las cosas no funcionan, sería recomendable traer algún espejo nuevo a casa. ¿O lo de los espejos con una dimensión de aumento sólo funciona cuando todavía no se conocen? Un interesante relato, quizá algo corto, pero con un final trabajado, aunque no lo parezca. Me ha gustado también tu prosa y muchas expresiones: “el aleteo de mechón que arranca voltios subterráneos” o “sintió en el culo dos tizones ardientes”, muy acordes con el tema del cuento.
Suerte Sierra Helada
La disparidad de sus refugios desaparece en los espejos
El espejo tiene una dimensión de aumento, por eso crece en extensión en lo irreal, mientras la realidad es chata
Sí, es verdad, todos tenemos vidas paralelas. Todos somos dos o más.
Sierra Helada, buenas tardes.
Un relato que hay que leer más despacio de lo que parece para disfrutarlo en su integridad. Pones en juego la inteligencia del lector, sumando puntos a una buena historia.
Quizá me sobra que te alargues tanto en la descripción del refugio de Alicia. Distrae de lo importante y no aporta nada más imprescindible que una pincelada.
Algunos, en lugar del azogue, nos valemos de una pantalla luminosa y un teclado para vivir nuestras otras vidas.
Enhorabuena.
Hola .
bien ,lo conozco , lo leíste en clase , pero creo que más breve , claro que me gusta , te lo he dicho muchas veces
Un fiel reflejo de la cotidiana realidad que vivimos y sentimos cada día. Sin lugar a dudas todos tendemos a una historia paralela a través del espejo.
Un relato muy conseguido.
Mucha suerte.
Saludos.
Entraste en el espejo. No leíste bien el final
Me recuerda a un simpático anuncio que juega también con la coincidencia de dos desconocidos en un ascensor. Como simpático me ha resultado este relato. Curioso que el cambio de roles en la vida de los personajes haya sido el detonante para que esa relación pasar a mayores. Me encantó lo de «la luna de azogue».
Mis mejores deseos para el certamen