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174- Siete Brazos y tres dientes. Por Lanzalín

– ¿Dónde está? -preguntó al recién llegado, mirándole furiosamente. Los demás, al ver la que se avecinaba, aprovecharon para irse.

– Yo no he sido. No me mires así -dijo con un solo brazo en alto, demostrando que no escondía nada.

– ¿Dónde está el candelabro? Enséñame lo que tienes ahí detrás.

– ¡Que no me mires así! ¡Que yo no he sido! -volvió a levantar la misma mano, la otra seguía pegada a la espalda.

– ¿Por qué tendría que creerte…

– ¿Por qué no? -atacó, interrumpiéndole.

– … si de todas formas eres el Diablo.

– Sí, pero ¿es que no has oído el refrán?

– ¿Cuál?

– “Se agarra antes a un mentiroso que a un cojo” -dijo ceremoniosamente, marcando los ritmos de las palabras con la cabeza y con la mano que tenía libre.

– ¿Y?

– No quiero pensar que crees que esto lo uso para comer -agarró y levantó hacia el techo un gran tridente negro- o para pincharte -sonrió irónico mientras volvía a dejar apoyado el tridente en la pared.

– Ya… claro. Ahora resulta que el Diablo es cojo. ¿Pretendes que me lo crea? -soltó una ruidosa carcajada, pero la cortó de raíz al escuchar su propio eco rebotando en toda la habitación, demasiado poco austera teniendo en cuenta al anfitrión.

– Yo no decido, eres tú. A mi no me concedieron el libre albedrío, pero a vosotros -hizo una pausa y señaló con el dedo la mesa en la que todavía quedaban los restos de la última cena- ¡sí! Yo, en cambio, no tengo elección. Iba a acostarme cuando sonó el timbre…

– ¿En realidad piensas así?

– Sí.

– No serás judío, ¿verdad?

– Pues… no sé, se supone que no debo serlo. ¿Por qué lo dices?

– Por tu forma de argumentar, típica de la más rancia tradición judaica.

– No es verdad -se defendió así, sin argumentos. Balbuceaba.

– Sí que lo es -le replicó de igual forma.- ¿O quién crees que te dio este trabajo? Seguro que tu abuelo fue rabino.

– No pero… pero.. -volvió a tartamudear. Parecía que el Diablo lo estaba pasando realmente mal- ya te he… he di… dicho que me tocaron al timbre, de madrugada, y… y…

– Pe… pero, pe… pero -dijo burlándose de él- Mírate, en realidad eres un blandengue. Anda, ve y busca tu apoyo -dijo refiriéndose despectivamente al tridente, más negro que las sombras que el otro acostumbraba a guiar. El bastón apenas se diferenciaba ahí, apoyado en la pared, de la negrura que bañaba la habitación. La Luna estaba tardando en salir.

– No seas así, hombre -apenas podía hablar, las lágrimas comenzaban a anegar sus amenazantes ojos. Hizo un esfuerzo- Yo solo venía a verte, me lo habían pedido como un favor. Yo me podía haber quedado en mi casa durmiendo y esperar a que Muerte te trajera a mi terreno. Pero es que a ella le había salido un trabajo de última hora, el derrumbe de un edificio público, y no tenía tiempo de venir a verte…

– No te pongas así, no hace falta que llores.

– Y encima vas y me acusas de robar el candelabro de tu abuela Ana. Si yo solo venía a darte el último aviso, ni siquiera te tenías que venir conmigo. Todavía.

– No seas así -dijo en tono conciliador.

– ¿Qué no sea así? ¡Si has empezado tú! Y lo sabes -el Diablo, indignado, se dio la vuelta, cogió el tridente y se encaminó a la salida.

– Un momento. No te vayas -el Diablo ya había abierto la puerta, y se vislumbraba la primera fila de olivos del huerto que rodeaba el caserón.

– Adiós, Jesús -el Diablo había cruzado el umbral y dentro resonaban sus primeros pasos sobre los guijarros.

– ¡Espera! -le gritó Jesús, acercándose al Diablo lentamente pero decidido a no dejarlo ir.

– ¿Qué quieres? -estaba enjugándose las lágrimas con la mano que tenía libre. Por eso, por vergüenza, no quiso darse la vuelta y lo miraba de reojo, por encima del hombro. Al fin la luz de luna se reflejaba incólume en la fachada de la casa.

– Si me enseñas lo que escondes ahí estaremos en paz -dijo, haciendo un ademán con la cabeza señalando la mano que ahora tenía pegada al estómago.

– ¿Estás seguro?

– ¡Claro! Seremos otra vez amigos y repetiremos aquel mes de vacaciones en el sur, en los oasis del desierto.

– Está bien… ¡mira! -se dio la vuelta ágilmente, como antaño, y frente a frente le enseñó una mano esquelética que sujetaba una cuartilla de papel arrugada.

– ¡Oh no! Me has engañado -y rápidamente el Diablo tocó con su descarnado dedo índice la sien de Jesús.

– ¡Más sé por viejo que por diablo! -masculló a la figura de Jesús, el cual ya no era dueño de su cuerpo. Antes de que aquel cayera al suelo, el Diablo lo agarró por las axilas y, dulcemente, depositó aquella masa inconsciente e inmóvil al pie del primer olivo- Parece que está rezando y todo -dijo riéndose el Diablo, que se esfumó tal y como había llegado, sin que nadie lo viese.

8 Comentarios a “174- Siete Brazos y tres dientes. Por Lanzalín”

  1. Hóskar-Wild is back dice:

    Vaya par de dos. Mejor nos habría ido a todos sí, como ellos mismos dice, hubieran prolongado las vacaciones en el desierto. Cuando el diablo no tiene nada que hacer, ya se sabe. Suerte

  2. Lanzalín dice:

    Y, Lovecraft, siempre es un placer que vuelvas por estos lares jajaja

  3. Lanzalín dice:

    Sí y no Rulfo.
    Es una revisión «sui generis» de un pasaje de la Biblia, cuyo relato, además, he salpicado con otros guiños a otros pasajes de ese libro, así que entiendo perfectamente que alguien que no esté familiarizado con la Biblia o con la tradición judeo-cristiana le sea difícil darse cuenta de todos y cada uno de los pequeños detalles.
    No obstante, me gusta que te haya gustado. Un saludo 🙂

  4. rulfo dice:

    Relato original de algún pasaje bíblico donde aparece el diablo para tentar a Jesús. La verdad, no sé mucho de la Biblia y no consigo descubrir el posible simbolismo del candelabro robado a su abuela Ana. Tampoco lo de la cuartilla de papel o las vacaciones en el sur, en los oasis del desierto. Parece referido a la última cena, pero más porque lo dices en un párrafo o porque aparecen los olivos del huerto al final cuando se queda rezando. En fin, Lanzalín, está bien escrito pero tendría que saber algo más, en esto estoy muy pez para poder discernir la calidad del cuento.
    Un saludo y suerte

  5. Lanzalín dice:

    Lovecraft, Majica, gracias por comentar.
    Un saludo

  6. Majica dice:

    Una interpretación «bastante libre» de «aquel capítulo» que a todos nos resultaba familiar hasta que leímos tu relato. Muy original.
    ¡Suerte!

  7. Lovecraft dice:

    Extraña, diferente y original versión de como finalizó la última cena. No falta un sólo detalle: Jesús, los apóstoles, los restos de las viandas no consumidas, el huerto de los olivos, pero ninguno encaja donde se les esperaba. Y un diablo que está enorme en su papel de malvado y ladino. Habrá que buscarle algún simbolismo.

    Lanzalín, suerte en la competición

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©Joaquin Zamora. Fotógrafo oficial de Canal Literatura

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