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56- Complejos. Por Aljibe

El primero fue la nariz. Todo el mundo opinaba que era igualita a la de mi padre, y según el refranero popular, ese capricho de la genética constituía una razón de peso para estar orgullosa. Pero no, no lo estaba. Y sí, pesaba bastante.

Grande y encorvada -tipo aguilucho-, por más que la mirara con el cariño y admiración que papá merecía, jamás vislumbre en ella ni un ápice de hermosura. Y eso, en su rostro, no era tan grave; a fin de cuentas una nariz historiada daba carácter a un hombre de rasgos intrascendentes, pero en la mía sí. En la mía era gravísimo. Imaginar  semejante apéndice adosado a mi cara me revolvía las tripas. Y no había espejo frente al que no jurara «En cuanto pueda me opero». Sí, igual que esas chicas de las revistas, que tras pasar por quirófano, y como por arte de birlibirloque, aparecían no sólo más atractivas, sino también más elegantes, mejor peinadas, y hasta más altas.

Conseguir dinero para el milagro y la edad necesaria para esquivar el permiso paterno, se me antojaban tareas imposibles, así que para ganar tiempo, y a la desesperada, lo intenté con remedios caseros. Para empezar, me leí de pé a pá  la “Enciclopedia ilustrada de plantas y remedios naturales”, uno de los dos libros que decoraban la mesita de noche de mi madre. Del otro, el Nuevo Testamento, ya me sabía todos los prodigios y ninguno de ellos encajaba con la naturaleza mundana de mis pretensiones. Tras empaparme de cómo preparar decenas de potingues a base de hierbajos, lo máximo que conseguí fue aprender a quitarme las espinillas sin hacerme una escabechina. Un hallazgo memorable, todo hay que decirlo, pero nada práctico para mi objetivo. Decidí entonces ser más expeditiva y atajar el problema de raíz.

Solucionar el tamaño era arriesgado -cierto, además no estaba dispuesta a rebanarme la nariz por las buenas-, pero lo de la prominencia era otro cantar. Ahí las fuerzas de la naturaleza sí tenían algo que decir, y las de mi mano aún más. Y ¿qué hacer cuando algo está más abultado de la cuenta? Pues eso, aplastarlo. Un libro, una pastilla de jabón, la piedra de afilar los cuchillos, cualquier cosa plana y pesada era válida. Me la pegaba con esparadrapo a los pómulos, lo más ajustada posible, y aguantaba hasta que me saltaban las lágrimas. Por las noches, además, me ponía una pinza con un pañuelo doblado -así no dejaba marca-, y para mayor deleite de los mosquitos noctámbulos dormía con ella puesta y la boca abierta.

̶ Hija, ¡qué exagerada eres! –Apuntaba Conchi, mi amiga del alma-, un poco grande sí la tienes, pero tampoco es para tanto. Si te sobraran veinte kilos como a mí…

-¿Veinte kilos? ¡Pero tú estás loca o qué te pasa! ¡Si estás más estrecha que un silbido! ¡A ver quién es aquí la exagerada!

Palabras, palabras, palabras. Palabras necias para oídos sordos. Ni ella logró convencerme ni yo conseguí disuadirla. Así que nos pasamos media adolescencia zancadilleando  espejismos.

Después llegó el turno de las tetas; otro quinario. En este caso no había referencia doméstica a la que imputar el infortunio. Mirara a donde mirara, todas las féminas de la familia estaban mejor dotadas que yo. ¡Y no te digo mi amiga Conchi!, que acumulaba todas sus excedencias en esa zona. Lo peor, la impotencia. Tras enterarme de las salvajadas que algunas culturas llevaban a cabo en aras de la belleza -las chinas por ejemplo, con esos pies como patatas deformes, o las mujeres jirafa de Tailandia, que dolía el cuello sólo de mirarlas-, se me quitaron las ganas de cualquier tontería. Bueno, ahora que no me oye nadie confesaré que una vez, mientras observaba cómo mi padre desatrancaba el fregadero con un desatascador de ventosa, se me cruzo una fugaz y repelente tentación. Pero fue pecado venial, lo juro; sólo de pensamiento.

Salvo por las vagas nociones de antropología adquiridas mi expedición por la flor y nata de las civilizaciones pre-cirugía plástica fue del todo infructuosa. Y si en tantos siglos nadie dio con la tecla, hacer caso a mi abuela, que a punto de rozar el primero mataba el tiempo picando almendras para transformarlas en fardelejos, mazapanes o garrapiñadas, no parecía solución con suficiente base científica. Pero no había otra.

̶ Tú come almendras, hija, que de lo que se come se cría

Y comía. De hecho me atiborraba. Pero aquello siguió sin crecer.

Con los años, a la nariz y las tetas se fueron sumando la celulitis, las uñas, el culo, las piernas, las pecas, y en fin, cualquier peculiaridad de mi anatomía sobre la que aterrizaran los inquisidores ojos de la perfección. Y arrastrando el peso acumulado de mis taras de fábrica llegué, como pude, hasta los veintinueve.

 No vienen ahora a cuento los motivos por los que me inscribí en un curso de quiromasaje avanzado, el caso es que dos tardes por semana, un variopinto grupo de veinticuatro alumnos nos reuníamos frente a ocho camillas y una profesora que desde el primer momento insistió en que «de remilgos nada» La primera parte de la clase era teórica: anatomía, técnicas y conceptos varios que durante las siguientes dos horas practicábamos a pie de camilla. A pie o encima, según tocara. Porque mientras uno hacía de conejillo de indias, otros dos le masajeaban a diestro y siniestro, sin que un sólo centímetro de piel quedase por magrear. El «nada de remilgos» se convertía entonces en un desnudo integral que las mujeres afrontábamos con cierto pudor y mucho amor propio. Los hombres, por el contrario, siempre estaban ansiosos por lucir sus encantos, aunque la mayoría de las veces no merecieran tal nombre.

 Una tarde, la profesora cambió de táctica, y nada más comenzar, indicó que nos agrupáramos al fondo del aula. Después retiró las camillas y dijo «Hoy aprenderemos a descubrir, con un simple repaso visual, las anomalías que pueden ocasionar dolor o contractura. Iréis pasando de uno en uno, y los demás señalarán cualquier irregularidad que detecten, por mínima que sea. ¿Algún voluntario para empezar?» Quien dio el paso al frente fue uno de los gallitos del grupo, un tío “cachas” que, orgulloso de su cuerpo, tuvo a bien deleitarnos con un paseíllo que a la profesora -muy en su papel-, no le hizo ni pizca de gracia. «Oye guapo, que esto no es una despedida de soltera, así que déjate de payasadas y ponte allí, de cara a la pared, y muy quieto, para que puedan observarte bien»

Tras unos segundos de silencio alguien sentenció:

̶  Tiene una asimetría  en los pliegues dorsales.

̶ Y una leve desviación hacia la izquierda en las lumbares -añadió una voz diferente.

̶  Muy bien, chicos. ¿Os dais cuenta? A veces no es oro todo lo que reluce-dijo la profesora arrancando una sonora carcajada al personal- ¡Siguiente!

Y así, uno a uno, una a una, los más atrevidos fueron saliendo a la palestra. El que no tenía una cosa, tenía varias: que si el esternón ligeramente hundido, que si acumula más masa muscular en un glúteo que en el otro, que si escoliosis, que si la clavícula derecha más alta que la izquierda, que si…en fin, que si dos ojos ven más que cuatro, imagina lo que pueden llegar a ver cincuenta ojos con venia para fisgar a destajo. ¡Yo estaba realmente aterrada! Fui dejando pasar a la gente -tal vez no hubiera tiempo para todos-, hasta que en un momento dado, tras uno de los “¡siguiente!” de la profesora, alguien me dio un empujón. Entonces comprendí que no tenía escapatoria, que la terrible hora de la verdad había llegado.

 Tragué saliva. Crucé el aula. Me desvestí. Cerré los ojos. Me puse de cara a la pared. Y esperé veredicto. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco segundos. Nada. Seis. Siete. Por favor, que alguien diga algo y acabé ya este martirio. Ocho. Nueve. Diez. Silencio. Once.  Doce. Más silencio. Trece…

̶  O.K.  Nada que alegar. Enhorabuena. ¡Siguiente!

Hoy por hoy,  a punto de cumplir los cuarenta y cuatro, soy consciente de que mi cuerpo jamás serviría como reclamo en una portada del Penthouses. Ni falta que hace.

25 Comentarios a “56- Complejos. Por Aljibe”

  1. Firmin dice:

    Te deseo mucha suerte en el Certamen. Ahí llevas mi voto.

  2. Sol dice:

    Muy buen relato que lleva a reflexionar.
    Felicitaciones.

    Suerte

  3. habitación 539-2 dice:

    Me ha gustado mucho tu relato, y además tiene una reflexión importante. Saludos.

  4. Lotte Goodwin dice:

    ¿Complejos de qué? Si sabes escribir…
    Mucha suerte.

  5. Fanny Prices dice:

    Aljibe, ¿podrías por un momento imaginarte un mundo repleto de narices perfectas? Sería terrorífico. El cómo sentirnos bien con nuestros defectos es una lucha ardua y ridícula, ¿no crees?
    Me ha encantado tu relato. Sencillo, fresco y sincero.
    Mil jazz

  6. Aurelius dice:

    Aljibe, ¡cómo me ha gustado el relato! Un uso del lenguaje perfecto, un tema original, una cadencia que te lleva a no levantar los ojos de la pantalla del ordenador.
    Quien no ha pasado por la adolescencia con las tropocientosmil hormonas alborotadas, con esa inseguridad que te hace tambalear aunque seas un fuera de serie.
    Felicidades y suerte

  7. lennon dice:

    Muy, pero muy bueno. Fresco, simpático y bien escrito… ¿Para qué más?
    Felicidades anticipadas y muchas gracias por tu comentario en mi relato.

  8. Ms Rioja dice:

    Gracias por comentar mi relato porque si no, no habría leído el tuyo. (Hay tantos que termino eligiendo al azar los que leo.) Me ha encantado ‘complejos’. Se trata de un tema muy importante en esta sociedad y tu historia me ha conmovido además de hacerme reír. Tienes un estilo fresco y fluído que hace un placer leerte. Enhorabuena a ti tambien!

  9. Bonsái dice:

    Todos tenemos complejos. Lo mejor es reírse de ellos. Tú has hecho de tu personaje algo especial. He pasado un rato muy agradable leyendo el relato. Pese a encontrarme con bastante sueño no he podido dejar de leerlo hasta el final, y eso tiene mucho mérito. Gran relato, y sí, puedes estar entre los finalistas.
    Un abrazo.

  10. Dies Irae dice:

    Estimado Aljibe:

    Aquí, para comentar tu relato, ¿hay que publicar el número de años y de complejos? Como mucho confesaré que no uso minifalda ni por unos ni por otros. E imposible superarlo ya nunca, que me resulta una prenda incómoda (como a la zorra las uvas, vamos).

    Fresco y divertido, escribes muy bien y eres muy inteligente. ¿Querías que todo el mundo se sintiese identificado? No creo que haya un tema mejor. Gracias por la sonrisa.

    Mucha suerte en el concurso.

  11. La señorita Bennet dice:

    «El primero fue la nariz. Todo el mundo opinaba que era igualita a la de mi padre»

    Con esta frase me enganchaste hasta el final. Cuando me mudé por la universidad,todo aquel al que le enseñaba la foto de mi hermano me decía que nos parecíamos en la nariz.Y a mí, mi hermano siempre me ha parecido guapo por casi todo… excepto, claramente, por la nariz. ¡Menudo complejo me creo!

    El relato retrata bastante bien como nos sentimos los acomplejados, con un pequeño toque de humor

    Suerte.

  12. sacha dice:

    Bueno, supongo que un examen cara a la pared le vino a tu personaje de perlas, pues ocultaba al dictamen público su nariz de aguilucho.
    En cuanto a lo demás, la prosa es fluida, el vocabulario adecuado y el ritmo ágil. Sí, a la final.

  13. jazzmina dice:

    Un relato divertido sobre el tema de los complejos. Está bien para desconectar de los ruidos de cada día, aunque, si te paras un poso a reflexionar, igual te hace conectarte con los tuyos personales. Porque ¿quién no tiene algún complejo? A lo mejor es eso lo que pretendías, estropearnos la tarde a los lectores.
    En fin, bromas aparte, suerte Aljibe.

  14. Rulfo dice:

    Perdona, Aljibe, por repetirme tan seguido. Pero es que ha habido un pequeño gazapo. Al final, donde digo que ha sido un rato agradable, obviamente quería decir, desagradable. Que a uno le recuerden su fealdad, no parece que merezca ser agradable. Por mucho que con mi edad ya esté superado.

    Suerte

  15. Rulfo dice:

    Creo sinceramente que el descontento que cada uno llevamos dentro, da para mucho juego. Aunque aquí sólo se refleje lo físico. Nos pasamos la vida mirando al vecino, y pensando todo lo que desearíamos tener. Y es curioso que, según vamos haciéndonos mayores—que no envejeciendo—, todo esto se va quitando, nos vamos haciendo más fuertes. Comenzamos a pensar en nosotros, en nuestro interior y nos dejamos de sandeces que, en el noventa y nueve por ciento de los casos, nunca conseguiremos. Ya nos vemos más libres. Somos capaces de vivir la vida con más libertad. Miramos al vecino desde arriba, sin complejos.
    Y, entonces, nos morimos, ¡qué mala suerte, joder!
    En fin Aljibe, que ha sido un rato agradable, sobre todo porque me ha hecho recordar—prácticamente, ya lo tenía olvidado—lo feo que soy.
    Suerte

  16. Isabel de Poitiers dice:

    Muy bueno, Aljibe. Me ha gustado mucho. Suerte!!

  17. Lovecraft dice:

    Enhorabuena, Aljibe, por este relato escrito con un finísimo sentido del humor (doble mérito teniendo en cuenta lo dramáticos que pueden llegar a ser los complejos para quien los padece) y con un estilo impecable. No encuentro nada que criticarle. Lo habrá, seguramente, pero yo no lo encuentro. Donde sí creo que te encontraré será entre los finalistas del certamen.

    Un abrazo, con un par de narices.

  18. lectora dice:

    Querida mari, puedes retirarte…

    La verdad es que hay buen material en este certamen de relatos breves.No es sencillo dejar a cada uno su merecido homenaje.Hay algunos que me han obligado a tirar de información adicional para dejar el más apropiado.Me gusta leer y comprender lo que leo, da igual que sea más de una , de dos o de tres veces, pero no me importa porque admiro el trabajo que debe suponer escribir y que llegue al lector fresco y que se entienda.Más cuando aquí hay muchos entendidos que no se les escapa ni una coma.Esto viene que es mi último comentario en este certamen y lamari se queja con razones poderosas.Quería dejar algo divertido y yo quiero dejar mi felicitación al escritor de este relato, esperando que sea valorado como merece.

    Un saludo y ha sido un placer leeros.

  19. Abuelo dice:

    Aljibe, tu nariz, -la de tu personaje- no es un defecto, es un exceso. El problema de los que la tenemos tan larga…, (la nariz), es que en ocasiones, al aspirar sobre un guiso podemos dejarlo sin sustancia. Ah, y cuando te la encuentres por la pelu o en Mercadona, recuérdale que quien que no se parece ni a su padre ni a su madre es hijo de cerdo; y que lo que sucede no es que la tenga grande, es que el mundo es chato.
    Por lo demás, suscribo totalmente lo que te cuenta Morfeo. El espejo no merece tanto sufrimiento; urge una reconciliación con la realidad.
    Te contaré una intimidad, (por si ayuda a tu personaje). Sobre la mesa de mí despacho, tengo colgada una tira con tres fotos que me sobraron cuando renové no sé que carné. En el márgen blanco escribí lo siguiente: «la Santísima Trinidad ya no es un misterio. ¡Aleluya!»
    Por cierto, un relato precioso. Enhorabuena, maestra.

  20. Hóskar-wild is back dice:

    Queda aún un largo camino para que nos liberemos todos, mujeres y hombres, de los complejos derivados de unos kilitos de más, unos pliegues donde no deberían de estar y volúmenes inadecuados en algunos apéndices (aunque en este punto habría que matizar algunos puntos respecto al tamaño y al tipo de apéndice). La dictadura de la moda y de lo banal tratando de hacernos un poco más infelices. Suerte.

  21. lamari dice:

    Se repite la desaparición misteriosa de un comentario_parodia que dejé esta madrugada exento de maldad.Un poco de humor sano que también derrocha el autor de este relato.Yo no entro aquí en calidad de corrector porque para eso está el jurado que son los que entienden del tema.Mi intención es leer que es la finalidad que busca un escritor, que lo lean y que de alguna manera sientan que se les ha entendido su mensaje.
    No he visto por ningún sitio «reservado el derecho de admisión».Supongo que de haber dejado mi parodia como concursante no se me hubiera negado, fuera el contenido que fuera, por tanto no me explico qué ha podido pasar.

    Y sin más decirle al autor o autora que ni falta que le hace desearle suerte porque su trabajo seguro ya está dentro de los ten top positions..
    Buenos días

  22. Avril dice:

    Yo le pregunto al personaje: ¿Te cambiarías por la primera persona que aparezca en la próxima esquina?
    Vivimos mirándonos en exceso, pero eso, como dice El asesino de Morfeo, se cura con la edad.
    Bien, me gusta el relato, es divertido.

  23. caos dice:

    Es dura la vida de las personas normales. Los tres rasgos que me pueden definir a mi: guapo, inteligente y muy modesto.
    Por otra parte, me divertí con el relato. Enhorabuena y suerte.

    PD. muy, muy modesto

  24. El asesino de Morfeo dice:

    No hay mal que cien años dure, ni complejo que no pueda ser reemplazado por otros más gordos…a mis sesenta y tantos años los he superado ante la certeza de que vivo, que no es poco. Una sonrisa, mientras leía tu relato, atestiguaba que me has hecho recordar antiguas angustias que, no por imbéciles (ahora lo se), dejaban de atormentarte. Algo bueno tiene ser viejo, aprendes a aceptarte y a quererte más que nadie…ya no esperas fascinar a la humanidad y empieza a importarte un bledo lo que piensen de tus arrugas, de tu tripa y de tu celulitis.
    Me ha gustado mucho tu relato y ¡Que les den a los del Penthouses!

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