87- Cartas perdidas. Por La señorita Bennet
- 17 octubre, 2012 -
- Relatos -
- Tags : 9 Certamen de Narrativa Breve 2012, abuelos, cartas, relatos
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Me acurruco en mi ajado sofá, tratando de calentar, en vano, mis desgastadas rodillas. Este es mi rincón favorito para recordar: el cuarto de estar. Concretamente, cuando la luz se cuela traviesa y fina por el ventanal. Tanteo la mesa y cojo mi bolígrafo y mi libreta. Sus páginas están amarillentas y me traen aromas de otras épocas. Paso las páginas con mimo mientras trato de recordar los preciados y desafortunados encuentros que fijan y determinan eso que algunos llamamos vida.
Y los encuentro. Aquí están, en cada pared, en las fotos, en las sombras, en los muebles, en mi mente… Observo a la pequeña Claudia. Juega frente a mi mirada. Sus padres la traen cuando su paciencia se gasta. Trota imparable por la casa. Me encanta la locura con la que mueve sus manos, aunque no tanto cuando arrasa con todo a su paso. Mi hermano la mira preocupado. Se levanta, la persigue, y la riñe; con ese tono lineal y represivo que solamente él parece poseer. Sonrío mientras escucho la canción que la niña tararea a la vez que huye de él, canción que yo misma le enseñé.
Me acomodo y comienzo mi carta rasgando con lentitud el papel.
«Querido Abuelo:
Hace mucho que no te escribo, pero aquí estoy, cumpliendo con mi promesa anual. ¿Soy una malqueda verdad? Iba a ir a verte por el Día De Todos Los Santos, pero no pude. Últimamente, estoy peor de la pierna, ir tanto al médico realmente no merece la pena, en todo te sacan pegas. Mi hermano está en casa conmigo. Deberías ver lo adulto y serio que se ha vuelto. Aunque para mi sigue siendo mi pequeño. ¿Recuerdas cuando nos llevabas de paseo? Ayer me lo recordó. ¡Cómo nos divertíamos! Te encantaba enseñarnos el nombre de cada flor y tumbarte en los campos de amapolas. Gracias a ti aprendí a diferenciar un águila de un halcón, a identificar el cantar del ruiseñor y a pescar con caña. También, a saber que setas podían comerse, y cuáles no. Las rutas por los caminos, y esos juegos donde la diversión principal era quitarte la gorra. ¡Siempre has estado calvo! Ocultarlo era muy ridículo ¿No crees?
Es raro ver como algunos recuerdos jamás se van. Aunque es algo normal cuando está de por medio la gente que queremos. En este caso tú. Te quiero abuelo. Pero eso ya lo sabes. Aunque conforme pasan los años, los ojos, y la memoria olvidan. Sin embargo, yo no te olvido. Aquí sigo, y aquí estoy, escribiéndote. Más tarde que temprano, pero siempre a tiempo. Compré unas flores, pero se han marchitado en el jarrón. Igualmente, sé que no te hubieran gustado, sólo te gustaban las flores que cultivabas.
¡Dios mío! ¡Esta niña no me deja tranquila! Espero que yo no fuera tan pesada como Claudia. Menos mal que convencí a sus padres para que la llamaran cómo tú. Bueno lo ideal habría sido Claudio pero nació siendo niña y habría sido raro.
Fíjate, estoy viendo unas fotos viejas, y me estoy acordando del billete de mil pesetas que me distes por recoger patatas. ¡Sólo llené un saco! ¡Quien viera las mil pesetas! Con eso ahora no tenemos ni para tomarnos un par de helados, te lo juro, valen muchísimo más caros.
Claudia es tan inocente… pero le gusta mucho la naturaleza. Me recuerda a ti. Veo en ella tu esencia, le encanta el campo, tiene un libro repleto de animales y plantas y cada dos por tres viene a preguntarme. Lo mejor, es que la niña sabe mucho más que yo.
¿Sabes? Ahora mismo canta tu canción. ¡Qué cosas! Supongo que todo lo bueno sabe sobrevivir al tiempo. Se la enseñé yo. ¿Quién si no? Esta canción seguro que pervivirá, siempre que alguien la vuelva a tararear.
No han pasado grandes cosas este año. Aunque últimamente me cuesta separar las pinceladas de mi propio cuadro. Mezclo un montón de cosas, y a veces me equivoco al situarlas en el tiempo. Nuestra vida siempre ha sido difícil, nunca hemos tenido grandes facilidades, las familias como la nuestra viven así, hay cosas que no cambian. No ha habido guerras, pero hay otros problemas, sobre todo económicos. Nadie nace con un manual que enseñe a caminar por la vida.
Por eso me sorprende que fueras tal y como te recuerdo. Siempre con la palabra exacta, casi nunca te equivocabas. Recuerdo cuando me hiciste ver que mi hermano no sólo era autista, sino que también era un niño y sabía amar. ¿Recuerdas a esa mujer? ¿La especialista que vino a evaluarle? Seguro que sí, porque creo que nunca lloré tanto como aquél día. Tenías razón, siempre tuviste razón, que mi hermano fuera autista no le impedía amar. Ahora que ya no soy una niña lo veo claro. Mi hermano está aquí, conmigo, entreteniendo a Claudia y sus ojos no engañan, nunca supieron engañar. Sus ojos aman.
Me gustaría que mis nietos me recordaran así. Como yo te recuerdo a ti. A eso aspiro. A dejar una huella imborrable, un buen ejemplo, y divertidos recuerdos. Pero igual que nadie nace con un manual para caminar, tampoco te dan un manual para ser la abuela ideal.
Pestañeas, y pasas de ser niña a ser abuela. En un fugaz y efímero momento se ha esfumado el tiempo. Eres una niña y de repente te despiertas con hijos, después, tan solo un instante y ellos tienen los suyos. A ser madre pueden ayudarte, a mi me ayudaron mucho mis padres. Pero cuando llega la hora de ser abuela eres tú quien tiene que ayudar a los demás. ¡Es todo tan fugaz! ¿Sabes cómo me llama mi nieto Julián? «La loca de las cartas» ¿Te lo puedes creer? ¡Loca! mi propio nieto… ¿Qué tiene de malo que te escriba? ¿Qué tiene de malo que os escriba a todos? La carta de la abuela aún está a medias, y la de mis padres ya la terminé.
¿Sabes a quién le he pegado mi manía? Claudia le escribió una a mi marido, vamos, a su abuelo. Bueno, más que una carta era un dibujo. No sabes cuánto lloré. ¡Y qué bonito era! Supongo que me siento muy sola desde que se fue. Ahora entiendo a la abuela cuando te fuiste. Entiendo su mirada empañada en lágrimas, y su gesto perdido. Es lo que yo veo cuando me reflejo en el espejo. Pero entonces me habla mi hermano, o aparece mi hija con Claudia en brazos y la luz vuelve nuevamente.
Julián es divertido, pero no viene mucho por aquí. Ya es prácticamente adolescente. Le entiendo, al fin de al cabo yo con su edad me comportaba igual. ¡Ya regresará! Es muy travieso y le va bien en el colegio. De hecho, se ha ofrecido a pasar mis cartas a ordenador, dice que apenas se entienden. Yo le digo que en las letras también hay sentimientos, en la forma de garabatear y trazar las palabras. En las lágrimas que caen mientras escribes y en el temblor que de repente aqueja. Y que eso un ordenador no lo refleja.
Me gustaría que estuvieras aquí, para que pudieras contestar a esta carta, y decirme si lo estoy haciendo bien. Me siento tan poca cosa en comparación con vosotros…con todo lo que significasteis para mí… Soy vieja. La vida ya no me trae sorpresas, sólo nostalgia y decepciones. A lo único que aspiro es a dejar buenos recuerdos en todos los que me rodean, cómo los que tú dejaste en mí.
Es triste, pero me acuerdo más de ti porque fuiste el primero en irte. Supongo que una nunca supera la primera tragedia, ni la primera fractura del corazón. Aún, en mi interior, tras mi tez surcada por arrugas, sigo siendo esa niña que se sentaba en tu regazo, que amaba los cuentos y a la que le costaba pronunciar la «r ». Por eso, a pesar del pasar de los años, de la sabiduría y de la vida, me siento perdida. Al parecer nunca crecemos del todo y siempre necesitamos a personas en las que apoyarnos. Aunque sean sólo un recuerdo, aunque estén al otro lado de una carta sin respuesta.
Mi niño me llama. Vamos, supongo que puedo seguir llamándole niño a pesar de estar recién jubilado. Mi madre me llamó niña hasta los cuarenta y tres. Y a él se lo llamó hasta el último día de su vida.
Vaya, ya estoy llorando. ¡Qué sentimental! ¡Y qué tonta soy! Y aquí viene la pequeña Claudia a limpiarme las lágrimas. Me observa escribir y juega a descifrar las palabras aunque obviamente no sabe leer bien. Intenta arrebatarme el bolígrafo, pero no la dejo, seguro que lo tacha todo y pinta un extravagante dibujo en su lugar. Mi hermano me cuenta algo sobre regañarla. ¡Ay que ver lo arisco que le han vuelto los años! ¿Quién adivinaría lo gruñón que podía ser un autista? Tú seguro que sí. Sabías tantas cosas de esta vida… Me gustaría contarte muchas anécdotas más, pero te tengo que dejar, aunque no lo creas, soy una anciana con obligaciones.
Realmente eso es lo único que diferencia a un niño de un adulto. La responsabilidad. En lo demás prácticamente seguimos igual. La misma esencia y los mismos sueños, pero con los pies en el suelo.
El año que viene prometo ir a verte, limpiar tu lápida hasta dejarla bien blanca, escribirte otra carta y no llevarte flores, aunque a la abuela si, a ella si le gustan. Y me despido, rápido y con prisas, esperando que el dolor de mis piernas mengue, y que la vida le sonría a mi familia un poquito más de lo que me sonrió a mí. Y por supuesto, que también te sonría a ti, donde quiera que estés. Pronto nos veremos, y entonces las cartas no serán necesarias. Ese día quizás mi nieto Julián no vea tan absurda mi manía de escribir cartas perdidas.
Un beso tan grande como el sol. De una abuela, para su abuelo, con amor »






Olvida por un ratito los exámenes y vente de fiesta a la vieja bodega. Un abrazo
Gracias por su voto, Señorita Bennet, espero que ni el orgullo ni el prejuicio del jurado eviten que su relato esté entre los finalistas del concurso. Gracias por su voto y suerte en los exámenes.
Un saludo
Querida Señorita Bennet: espero que al recibo de ésta se encuentre bien de salud y con los examenes ya olvidados. Si tienes tiempo, pásate por la bodega y cuéntame que tal te ha ido en las fiestas y cómo has empezado el año. Un abrazo
¡Pobrecita mía, exámenes! Que San Judas Tadeo te proteja y te de suerte y los hados del destino, te den cachondeos y juergas festivas para compensar los malos tragos de estos días.Mi espíritu está contigo.
¡Vaya! ¿han quitado la opción de responder? Los comentarios se ven bastante raros. Como odio los cambios en las tecnologías…
Asesino: ¡Tranquilo! que no estoy desaparecida ni nada, simplemente estoy de exámenes (universidad, gran lugar para perder prácticamente todo el tiempo libre)
Avril: ¡Hola! Gracias por la relectura. No eres la primera que me dice eso y eso me deja desconcertada. Doy fe de que el año pasado no estaba en este concurso. Me gustaría leer ese relato con el que se me «relaciona» te agradecería que me dijeras cual es 🙂
Y gracias por la suerte Firmin, y a ti también Lovecraft.
(prefería el botón de las respuestas, la verdad)
Un saludo a todos.
Suerte
He vuelto a leerte y me sigue gustando, me recuerda a alguien del certamen del año pasado, una sensación de prosa conocida.
Me sigue gustando y te doy mi voto. Es una pena, este año no tengo casi tiempo para los comentarios. Como el año pasado fue en verano había algo más de tiempo, que suerte, tanto si estuviste el año pasado como si no.
Con todos los deseos de que tengas suerte en el Certamen, ahí llevas mi voto.
Un relato epistolar muy emotivo. Me gustó, como no podía ser menos.
¡Que no me entere yo que no quieres vernos despues de ésto! vengo a votarte y me encuentro que estás diciendo tonterías…yo necesito cerca una nieta como tu, ya que los pelmas de mis hijos no tienen pinta de querer hacerme abuelo; eso en el plano sentimental, que en el literario no quiero tampoco perderte de vista, seguro que me das mil vueltas y a mi me encanta que me mareen.
Anda, dame una infusión con pastas, me vendrá bien dejar de castigar al higado y cuéntame como te va la vida.
Querida señorita Bennet:
Oía hablar de usted –y bien, no se asuste– y le he dado preferencia en mis lecturas atrasadas (¡ya quedan menos!). Qué delicia su carta, qué orgullosa estaría de usted su abuela –y abuelo– si estuviera viva para poder leer esas letras que se leen sin ganas: enamoran nuestros ojos, cautivan nuestro oído y moldean nuestra alma.
!Ay, señorita Bennet! Cuando tenga que escribir una carta le pediré consejo. Enhorabuena.
Y mi voto es…10
Se resume en dos palabras: ternura y sensibilidad.
Muchas suerte.
Las gracias sobran, los votos son por mérito.
Esperaré impaciente esa conversación, un beso
Bonsai, muchas gracias por tus diez estrellas!!!
Yo me uniría encantada a cualquier club, pero quizá alguien como yo no pueda aportar mucho 🙂
Yo no estoy dando a nadie menos de 8 estrellas, estoy votando a los relatos que realmente me gustan, para dar una nota inferior a un 8 prefiero no votar, parece que das «de menos» el relato. Ya no recuerdo cuantas estrellas te dí, pero ahí tienes que estar, entre las 8 y las 10 😉 (Sólo voto a gente molona jeje)
Señorita Bennet:
Te he dejado 10 estrellas con mi voto.
Tu carta es dulce, tierna…
Una belleza.
Quería saber una cosa, ¿tú también te nos unes al club de letres?
Un besito y contesta…
Estimada Srta. Bennet:
Paso por aquí sólo para agradecerte tu voto. Otro día me pasaré para mantener una conversación más amena.
Gracias
Fanny, gracias por traer tu jazz a mi relato 🙂 un beso
Claro que sí, lo bueno siempre acaba sobreviviendo… 😉
Leerte ha sido un placer.
Mila jazz para vos!!
¡Hola Rulfo! Como le dije a Bonsai, no tengo tampoco catorce años, no hay que confundirse jeje.
Sobre lo de los sentimientos «de otra época» al estar la carta narrada desde el punto de vista de una anciana,intenté que tuviera el punto o toque de antaño.
Sobre los párrafos introductorios, mi exceso de adjetivación es algo que trato de corregir. Es que me encantan los adjetivos. Un amigo siempre me decía lo mismo, y aunque no lo creas ahora pongo muchos menos ¡ Imagínate mis textos antes!
Muchas gracias por tu opinión y tu aportación.
He leído algunos comentarios, no todos, porque tienes muchos y muy largos, y en alguno dicen que eres una chica joven. Pues te voy a decir una cosa: ser joven, hoy en día, es otra cosa. Yo, que también tengo ya algunos años, podría contarte como se era joven hace más de treinta. Y no tenía nada que ver con lo de ahora. ¿Mejor, peor? No lo se, pero tu capacidad para expresar sentimientos nostálgicos, me atrevería a decir que es de otra época. No es, por supuesto, ninguna crítica. Al revés, quizá si fuera más habitual, esto sería otro cantar.
En lo puramente narrativo me quedo con ese aflorar de sentimientos que emocionan. Un relato (más bien una carta) muy nostálgico que, a pesar de eso, se lee agradablemente. Mejor la carta que los párrafos introductorios. El primero, sobre todo, me ha parecido demasiado adjetivado para tener sólo cuatro líneas. Pero, insisto, es sólo una opinión
Un placer señorita Bennet
Querida señorita Bennet. Tengo una dirección en La vieja bodega que puede que te interese. Acércate por allí, nos tomamos un te con pastas y, si quieres, la cuelgas también en este rinconcito tan acogedor.
Un abrazo
¡Hola Bonsai! Tu comentario me ha sacado los colores. Pero vamos, jovencita, jovencita… tampoco tengo catorce años, no vaya a ser que alguien lo piense. jeje.
Muchas gracias por tus palabras, porque a estas alturas del concurso, con tantos y buenos relatos, leer comentarios como el tuyo es muy , muy alentador.
Ahora mismo me paso por tu casa a devolverte la visitilla. Otro abrazo para ti.
Querida señorita Bennet:
Te digo querida, pues ya he empezado a quererte. Belleza, buen hacer, ternura… Has dado una caricia a mi alma. Gracias por escribir de la forma que lo haces. Es delicioso leerte.
Para terminar de embrujarme, me he enterado por ahí que eres una jovencita, ¿cómo haces cariño?
Una maravilla, si fuera yo jurado tú estarías entre mis preferidas o tal vez serías la elegida.
Pasa por mi casa y lee lo que he presentado, deseo saber tu opinión sobre ello. Desde ya muchas gracias.
Un cariñoso abrazo.
¡Hola de nuevo Sacha!
Aclaradisimo 🙂
Te había escrito una parrafada hablándote de autismo, pero he decidido eliminarla. Cuando termine el concurso y salgamos del anonimato, si quieres y te interesa te hablo todo lo que quieras del tema. La gente en general está muy mal informada. Puede ser que la persona que conozcas sea como dices (o lo parezca) pero eso no significa que todos los autistas lo sean.
Sobre mi relato (volviendo al tema literario :P)si te referías a la abuela, bien 🙂 .Como tú misma dices el personaje autista lo metí «de pasada» un simple guiño a mi hermano, porque me gusta meterle en todos lados. Igualmente, he escarmentado. Creo que no volveré a «meterle» en ningún relato, porque luego salto a la minima. ¡Algo nuevo que he aprendido! jeje, normal que no recuerdes al personaje que menciono, porque es el menos importante de la familia Bennet 🙂 Era la hermana mediana, la fea, la que tocaba mal el piano, y la que se esforzaba mucho por intentar destacar. Pero no lo consiguió, ni en la historia, ni en la novela ¡Todo el mundo se olvida de ella! Al igual que todo el mundo cuando, pase este concurso se olvidará de mi 😉 Un beso, y gracias
Lamento lo desafortunado de mi comentario acerca del autismo. Creía, por lo leído y por experiencia propia, aunque mi experiencia no sea tan cercana como la tuya, que autismo y empatía eran incompatibles. Tu párrafo no era para nada prepotente y mis excusas son completamente necesarias. Te ruego que las aceptes.
Por otra parte, al escribir «tu personaje» me refería a la abuela; el hermano autista es episódico y de hecho la historia se sostendría muy bien sin él.
Comparto tu admiración por Jean Austen (también Walter Scot la compartía), aunque no recuerdo al personaje que citas de Orgullo y Prejuicio.
Y agradezco que hayas leído mi relato.
Repito mi enhorabuena. Escribes muy bien.
¡Hola Sacha! Encantadisima de verte por aquí. Y si, me encanta la literatura inglesa. Mi nick está extraído de la novela Orgullo & Prejuicio de Jane Austen, en honor a Mary Bennet, el personaje con menos talento de la novela. Como puedo ser yo la escritora con menos talento de por aquí.
Me gusta que te haya gustado.
Pero, discrepo.
Conozco muchísimo del autismo, mi hermano tiene autismo y he convivido con él toda la vida. A día de hoy, él tiene 18 años. Te aseguro que mi personaje no se sostiene en la ficción. De hecho el autista, es él único personaje de mi relato basado enteramente en alguien real, Mi hermano, a día de hoy es así con mi primo «el pequeño». Le cuida y le persigue por la casa, y le regaña continuamente aunque también juega con él. No sé dónde está lo irreal. Hay grados y grados de autismo, y mi hermano, gracias al cielo, es de los «avanzados». Me pregunto cuanto sabe usted de autismo para afirmar que yo no sé nada. Y lo siento si esta última frase suena algo prepotente. Como le dije a Dies Irae, en el tema «autismo» salto a la mínima.
Un beso Sacha
Señorita Bennet, qué inglés (a pesar del tratamiento) es tu seudónimo, como sacado de una de las viejas novelas de E. M. Foster. En cuanto al relato, parece escrito con plumier, mojando el plumín en aquellos pocillos de tinta de los antiguos secreteres.
Sobra decir que me gustó. Y mucho. Pero no por su autenticiadad, sino por la calidad de la impostura. Al fin y al cabo la literatura es sólo eso.
Es evidente que no conoces nada acerca del autismo y que tu personaje se sostiene sólo en la ficción, como hay flores que sólo en el invernadero pueden vivir. Eso hace que la nómina de tus méritos se acreciente.
Enhorabuena.
Hola Jazzmina. Gracias por pasarte por aquí a dejar tu opinión, además, la literatura, yo creo que está hecha para soñar, sea en la dirección que sea.
Sobre las diferencias entre narradores, ¡Me extraña que nadie me lo haya dicho antes! Lo estaba esperando. Obviamente, lo primero es una ambientación desde el punto de vista de la anciana, y lo otro es su carta, escrita por ella. Por eso están narradas de diferentes maneras.
Lovecraft, gracias por dejarme el articulo, es muy interesante. Si bien creo que lo que predica se puede aplicar a lo meramente objetivo de un relato (forma, gramática y cuidado) Porque luego aparte, en lo subjetivo priman otras cosas. Por ejemplo, mucha gente dice que el Guardián entre el centeno es una obra maestra y yo no la pude terminar de leer. Otro ejemplo es que nadie entiende que mi teatro favorito sea Historia de una Escalera, o que mi novela favorita sea Un mundo feliz, cuando hay otras obras más prestigiosas, o más reconocidas. Otro ejemplo, cuando era niña, leí Harry Potter y el Señor de los Anillos paralelamente. Quizá objetivamente El señor de los anillos sea mejor en todos los aspectos…pero el libro que no podía abandonar, él que podía estar leyendo toda la noche, él que tenían que ocultarme mis padres porque, sino, no estudiaba en el cole, era el de Harry Potter.
Al igual que no entiendo que algunas sagas como 50 sombras de Grey (¡ups! se me escapó) que me parecen malas a rabiar y de pésima calidad literaria tenga tanto éxito en el mercado
Con esto quiero decir, que hay veces, que siendo «correcto» en lo esencial, aunque no sobresalgas o seas un erudito, se llega a muchos lectores.
Muchas gracias por compartir el blog.
Me pareció muy pertinente este artículo y quise compartirlo con vosotros:
http://rescepto.wordpress.com/2008/03/23/garabatos/
Pues es agradable leer, entre otros relatos donde se matan pollos con bates o algún asesino anda suelto, un cuento como el tuyo. Es verdad, como dice alguno por ahí, que está azucarado. Cierto que quizá la vida no sea, desgraciadamente, así. Pero a veces, vale la pena soñar. De todas formas, si me permites un detalle, yo encuentro una diferencia interesante entre los dos primeros párrafos y el resto. Cuando habla la protagonista narradora, tu prosa es distinta. Yo diría que ésa es la escritora y la otra la que, simplemente, recuerda de forma nostálgica. Las dos son válidas, pero para escribir, mayormente vale una. Es sólo una opinión.
Suerte señorita Bennet
¡Aclaradísimo! Gracias por la erratilla, algo más que apuntarme a mi libreta.
Sólo quería saber si lo de «sin tacha» y «sin problemas» se refería a la familia o al autista. Una vez que lo has aclarado, respiro de alivio. (Reconozco que con el tema «autismo» siempre salto a la mínima)
¿Familias sin problemas? Ninguna. Pero este relato no quería hablar de problemas. No quería hablar de porque la anciana dice que su alegría son su hermano y su nieta…pero no dice que lo sea su hija. Tampoco de porqué el hermano se acaba de mudar con su hermana recién jubilado. (Le escribe una carta a su abuelo cada año, y en esta recalca que está viviendo con ella en casa) ¿Dónde estaba antes? ¿Quizás nuevos recortes del gobierno?
O el intento vano, de hablar con naturalidad de la ausencia de su otro nieto «Ya volverá», o quizás no, al fin de al cabo, para él sólo es la loca de las cartas a la que cree que hace un favor si se las pasa a ordenador.
Si quería dar la imagen de familia feliz, supongo que me he equivocado. No buscaba eso. Este relato habla sólo del abuelo y toca de manera muy superficial todo lo demás, él se fue tan pronto, que ella sólo recuerda cosas buenas. Buscaba esa relación perfecta sólo entre el abuelo y ella (y su nieta, que como es tan pequeña, pues, muchos problemas no puede haber) Así que, lo tendré que remirar para ver el porqué el relato da esa imagen de la familia en general.
¡Gracias por tus palabras! Ya prometo no aburrirte más con mis pastas pasadas.
Te agradezco todo, en especial la sinceridad y que seas, además de así de dulce, tan cordial con las críticas.
Primero lo fácil: la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple es (tú) diste. Sin la «s» final. Es un error muy común, en cualquier verbo (cogistes, fuistes, salistes, etc.), tanto que cualquier día va y lo da la RAE por bueno y yo me pillo otro rebote de órdago.
La difícil. No conozco directamente a ningún autista, pero trabajo en un centro médico y tengo unos cuantos familiares enseñantes, y por ambos lados tengo visiones cercanas sobre ellos, creo que de ningún modo prejuiciosas. Además, por esta bendita afición, me interesan en particular cualquier tipo de características especiales que puedan diferenciar a una persona del resto de los comunes. Para mí tiene más mérito escribir, como tú has hecho tan bien, sobre una abuela normal y una familia feliz y hacerlo atractivo, que sobre un maltratador, una enferma depresiva, un alcohólico o alguien con tendencias suicidas. E intento informarme sobre ellos. El autismo abre a la escritura una puerta maravillosa y complicada, por los diferentes tipos que hay. Algo hemos visto todos reflejado -no sé si muy bien, muy mal o tal vez regular- ya en novelas o películas. Y si todavía no he conseguido a hacer un relato con ese tema, es porque creo que no puedo hacerlo desde donde estoy: tendría que acercarme y concretar, para, precisamente, no escribir desde lugares comunes, prejuicios o estereotipos. Lo que sí he visto es que no es fácil, en la mayoría de los casos, que la relación familiar -sobre todo amplia, no sólo padres y hermanos- carezca de problemática. Supongo que como con cualquier otro elemento diferenciador de la personalidad o la forma de interactuar del familiar con el protagonista de la diferencia. (Lo de «sin tacha» se refería a la familia completa, no al autista).
Uff… no sé si habré logrado explicarme, espero tu comprensión y, sobre todo, no haberte molestado (¡ay!) de nuevo con este rollo.
¡Ah! Yo en las cartas sinceras no digo «muy bien», suelo meter patatas como ésta cuando menos. Mis pobres amigos las sufren de vez en cuando.
Bueno, qué ricas las pastas. Pero las próximas será mejor en privado, o vamos a aburrir al personal.
Besico, y gracias.
Avril: Gracias. Por tu comentario, creo que he conseguido transmitirte todo lo que quería con este relato. Muchas gracias por pasarte por aquí.
Biznaga: ¡Muchas gracias por tus palabras! Hay muchas cartas que no nos atrevemos a escribir. Para mí también es la primera vez en este concurso, y espero poder leérmelos todos.
Dies Irae: Es normal que mi relato no rebose calidad literaria, asustada me quedaría si lo hiciera, porque me queda muchísimo por leer. Jajaja, entiendo que no te gusten este tipo de historias. Yo con tu relato (que me ha encantado) tengo el prejuicio de que conozco una situación al revés. Por lo que “deje de creer” un poco en las historias de malos tratos donde sólo el hombre es el malo.
Sólo quiero que me respondas a una cosa, que me ha sentado “mal” de tu comentario (soy muy susceptible en este aspecto, espero que me entiendas) mi hermano es autista, autista de verdad, está retratado aquí tal y como yo le veo. Entonces, lo que no me ha gustado ha sido eso de “sin mayor problema, sin tacha” me gustaría saber qué imagen tienes de las personas con autismo. Hay mucha gente que tiene muchos prejuicios, y muchas ideas equivocadas.
En todo lo demás, más razón que un santo x), está muy azucarado, porque yo estoy hecha de azúcar puro en algunos momentos del día. Mi novio (que no es muy familiar) pensó algo similar y no me enfadé con él ni nada :P, así que tu opinión no me sienta mal en lo absoluto.
Eso sí, tengo mi “justificación” para no ahondar en nada “malo” o “trágico” en la carta. Al fin de al cabo, es como si la protagonista escribiera una carta de verdad, y en las cartas de verdad no solemos ahondar en nuestros problemas. Estamos muy acostumbrados a decir siempre que “estamos bien”.
Igualmente, he dejado un par de detalles pequeños que creo que dejan de entrever algunos de sus problemas…
Pero vamos, que a mi tu relato me ha encantado, y el mío a ti no , son cosas que pasan
Pd/ ¿Qué problema hay con el “distes”? Que yo sepa, es correcto.
Muchas gracias por tu comentario, que ha sido muy largo y muy sincero.
Estimado Hóskar:
Muchísimas gracias por su carta, breve y directa a subirme el ego de aficionadilla a la escritura. Gracias por molestarte en leer.
Pd/ ¿Qué quiere decir con su postadata? 😉
Estimada señorita Bennet:
Permítame que le robe apenas unos segundos para comentarle que las cartas son mi debilidad, sobre todo si están escritas con la delicadeza y ternura que usted deja traslucir en cada una de las líneas.
Atentamente,
PD. Parece que por este barrio todos son amigos y viejos conocidos.
Señorita Bennet, dicen por ahí que es usted una jovencita… Vaya, confieso que me engañó: tampoco le daba cien años, pero sí una cierta experiencia, más vital que literaria, pues pesa para mí en su relato más cómo lo cuenta, con qué sensibilidad, que lo que cuenta en sí o que su calidad literaria.
No digo que no esté bien escrito, en absoluto. Simplemente me ha pasado como a usted con el mío, a priori no me atraen las cartas al «Querido Abuelo». Ahí le confieso que tengo mis prejuicios y pasé de largo. Pero, mi educación no victoriana trae estas consecuencias: sin esperar su invitación, me instalo en el cuarto de estar y cotilleo completa esa libreta y el libro de visitas, hmmm… vaya… se explican los comentarios… Pulcra escritura, claridad en la exposición para reflejar de una tacada un salto de cinco generaciones, no aburre aunque no sorprenda (no todo han de ser sobresaltos, ¿verdad? Para eso ya estamos los del «gore», abundantes en esta edición), sensibilidad sin llegar a cursilería y un remanso de ternura y paz al finalizar la lectura.
Pero (el precio por mis visitas no solicitadas siempre es un «pero» que deseo no le moleste en exceso), encuentro el té en exceso azucarado. Cuestión de gustos, lo admito. Todo tan bonito, hasta el hermano autista queda incluido sin mayor problema en esta dulce y encantadora saga familiar sin tacha. En fin, que me falta algo de drama, algo de misterio, una pizca de tensión mayor que un «refunfuño». Y también echo de menos que cierre el relato como lo empezó, fuera de la carta. Pero son eso, gustos. Así que, respetuosamente, le felicito por el texto.
Eso sí, como se le escape otro «distes» que no sea de distancia, ahí paro la lectura y no vuelvo, ea.
😉 Un saludo afectuoso.
Un relato muy bien escrito y que desprende ternura a través de esas cartas que todos mandamos, aunque mentalmente, porque no nos atrevemos a escribir, para sentirnos mas arropados por los que ya no están. Me ha gustado mucho y coincido en que es uno de los buenos de este certámen. Es la primera vez que participo y estoy leyendo todos los que puedo, poco a poco. Te felicito y te deseo mucha suerte.
Un buen relato que me llega, yo también tengo una nieta que se llama Claudia y espero enseñarle a pescar la trucha y conocer y recoger las setas. Pero lo importante es tu relato que te va llevando con una suavidad de terciopelo hasta el final. Con sensibilidad y poesía, mostrando el paso del tiempo que vuela sin detenerse en nada. Y eso lo reflejas muy bien. Te felicito y deseo suerte desde mi empatía con tu abuelo.
Marga: muchas gracias por tus amables palabras y por compartir tu opinión pd/ mejor que dejéis de repetirme lo de las finales, que al final, me lo voy a acabar creyendo.
Canachero: Muchas gracias por el gran cumplido, concuerdo contigo en que hay relatos de muchísima calidad en este certamen, pero dudo mucho que este sea uno de ellos. Gracias por tu ánimo.
Dysis: No sé si tu comentario es gigante, o si da esa impresión por los espacios, pero gracias por molestarte en escribir tanto, por tan poco. Si he conseguido tocar un poquito tu corazón, he cumplido mi objetivo. Muchas gracias por tanto halago inmerecido. Este es de mis relatos más sencillos, me gusta mucho lo grotesco y lo mórbido. Y sin embargo, a la hora de elegir uno de mis relatos para este concurso, elegí este. Soy de las que piensa que muchas veces se encuentra lo más bello en lo más simple.
Gracias a los tres.
Ha sido conmovedor.
Buenas divisiones argumentales, buen uso de los nexos, aunque si me permites, quizá un par de adjetivos sobran, pero no destacan demasiado a la hora de introducirte en el relato ya que has logrado tocar lo que todo escritor quiere alcanzar en algún momento, el corazón.
El corazón del lector.
Leyéndote, y viendo el inteligente uso de la primera persona y la verdad destilando tus palabras, solo puedo volver a mi niñez. Y sentir tristeza, me sinceraré.
Melancolía y tristeza.
Preguntarme si mi abuelo, allá dónde éste, se sentirá muy decepcionado por no recibir carta alguna por mi parte. Y sentir, que quizá debería comenzar a ponerme a ello antes de que abra los ojos otra vez, y tenga hijos, quizá nietos.
Mi abuelo era un ávido lector. Aún más que yo.
Y al leer «Cartas Perdidas», solo puedo decir que para mí eres ganadora. Porque has escrito con el alma.
No es un relato creado, o sacado de tu buen talento para la escritura. Quizá no todo sea literal. Pero el sentimiento, se adelanta a los hechos, y demuestra tu saber del futuro.
Tu melancolía, tu miedo al paso del tiempo. Ese amigo que nos lleva de la mano y finalmente nos suelta.
Gracias por haber escrito ésto, digo con total sinceridad.
De verdad has conseguido tocar la fibra del lector, y has mostrado no ser solamente buena en este ámbito, sino ser humana. Y eso, es ser escritor. No solo el talento, sino también el don de poder acercarte a las personas por medio de letras y composiciones.
En efecto, concuerdo con los demás en todo lo bueno.
Y destaco una frase con la que asentí tontamente mientras la leía. Una frase que cada día me repito en la cabeza.
«Realmente eso es lo único que diferencia a un niño de un adulto. La responsabilidad. En lo demás prácticamente seguimos igual. La misma esencia y los mismos sueños, pero con los pies en el suelo.»
Seguimos siendo niños, niños en un mundo de supervivencia. Ojalá ésto fuera nunca jamás.. pero por desgracia. Solo podemos seguir siendo niños en los ojos de quienes nos vieron crecer, y en nuestros recuerdos.
Pero siempre podremos volver a ser quienes fuimos, cuando hagamos ese pequeño viaje al pasado.
Algún día, como aventurera que eres, te darás cuenta de que la muerte es solo un viaje más para los soñadores como nosotros. Un viaje emocionante que enfrentaremos con miedo y curiosidad.
Y se por tus palabras, que harás de tu vida un viaje con algunas dificultades quizá, pero con buenas acciones.
Leerte ha sido un placer. Mejor dejar de escribir ya.
Porque siento que podría escribirte por mucho tiempo, eso han hecho tus palabras.
Gracias de nuevo por un relato así.
Contactaremos pronto.
El mundo es grande, pero para nosotros los soñadores, todo sigue siendo pequeño y cercano, por eso.. espero encontrarte algún día en el camino.
Tomarnos algo, y hablar de la vida…quizá en algún lugar frío.
Hay relatos de mucha calidad y creo que éste es uno de ellos. Tiene el toque de nostalgia de la ausencia de los que no están y la costumbre de seguir comunicándose por escrito con ellos en un gran gesto de ternura. Mi felicitación por tu trabajo y suerte.
Como te dicen más arriba, delicioso. Un relato sencillo pero profundo en todas sus palabras e intenciones. Seguro que estarás en las finales o más. Mucha suerte.
Hola Gael, me gustan todas las opiniones, no son buenas o malas, ni mucho menos aguafiestas, simplemente diferentes :). ¿Sin ellas como íbamos a mejorar? Sin ellas la literatura sería aburridamente lineal.
Introduje esa frase porque me gusta, y se me ocurrió mientras pensaba cómo podían ser los sentimientos de una anciana, para al final, pensar «no te preocupes tanto, la edad es lo de menos en cuestión de sentimientos» Y me pareció bien que la protagonista pensara parecido y se lo dijera a su abuelo.
Me gusta que creas que he alcanzado el tono nostálgico deseado, me hace muy feliz.
Sobre lo del final, yo no lo hice para «recalcar» la muerte, si no que traté de que-como en una carta normal- el final resumiera un poco el contenido. Te doy la razón, sí es redundante, pero lo hice adrede. Yo, al menos, siempre hago eso en mis cartas. Quizás mi error fue personalizar demasiado el relato. Como todos no somos iguales, entiendo a la perfección que te sobre, porque realmente, no aporta nada a la trama, es un mero resumen de la misma, un par de promesas, y la despedida 🙂
Gracias por darme una crítica constructiva, son las que ayudan a mejorar. Eso sí, una pequeña crítica mía a tu comentario, la carta va dirigida a su abuelo, no a su abuela :P, típico error tipográfico jeje (Te esperabas algo malo ¿eh? jaja, he visto mucho «pique» absurdo en otras historias)
¡Muchas gracias por comentar!
Hola, señorita Bennet. Tienes en tus manos un relato muy bien trabajado, conmovedor. Sin embargo, lo que más me atrae de tu texto, es el logro que alcanzas con el tono nostálgico. Únicamente me queda una pequeña objeción, señorita Bennet, y espero no ser aguafiestas (y es probable que esté muy equivocado): el párrafo final. Pienso que sobra, así de simple. Es redundante. En el transcurso de la narración nos das la información necesaria (una anciana escribiéndole cartas a su abuela) para que uno como lector sepa de antemano que el destinatario ya falleció. O, más que los datos necesarios, la carga de nostalgia nos lo dice, nos lo hace sentir, que es mucho mejor. Estás oraciones, luego de que la mujer ya se ha despedido, no sé a qué vienen: «Realmente eso es lo único que diferencia a un niño de un adulto. La responsabilidad. En lo demás prácticamente seguimos igual. La misma esencia y los mismos sueños, pero con los pies en el suelo». Pienso que donde dice «aunque no lo creas, soy una anciana con obligaciones», se da la exhalación natural del relato. Por supuesto que es un punto de vista, si bien también de miradas diversas está compuesta la literatura. Felicidades por tu muy buen texto. Suerte, señorita Bennet.
Hola Ms Rioja. Justo venía yo de pasearme por tu relato, me ha alegrado mucho verte por aquí y que te haya conmovido.
Sobre el hermano autista, realmente, aunque la «protagonista» le llama gruñón, lo que ocurre es que el hermano a cambiado, como hacemos todos los humanos. Seguro que su hermana le llama cascarrabias porque recuerda que hasta hace poco era ella quien le tenía que perseguir por la casa para que no hiciera trastadas, y piensa, que consigo mismo no era tan estricto.
Me ha conmovido tu relato. Describes unas relaciones familiares, lazos que unen las generaciones, muy tiernas sin caer en tópicos. La inclusión del hermano con autismo que se vuelve refunfuñón es un detalle interesante. El relato está escrito con mucha empatía. Enhorabuena y suerte :))
¡Hola Lovecraft! ¡Dios mio! Quedar finalista (leyendo los relatos que he leído) me parece realmente imposible. ¡Qué va! es la primera vez que participo en este certamen, y hace poco que me he animado a intentarlo en los concursos literarios. Desde que gané el de mi instituto (hace ya cinco o seis años) no me había atrevido a presentarme a más (timidez, y porque creo que me falta mucho por leer) pero hace poco me animé, sobre todo desde que no hay trabajo, tengo mucho tiempo para escribir relatos y como me he matriculado en pocas en la universidad con esto de la crisis…
Yo también creo que ser abuela es muy bonito, o es que simplemente la vida me ha dado unos abuelos maravillosos (que también puede ser) y tranquilo, seguro que te quedan muchos años para ser abuelo… jeje. Muchas gracias por tus halagadoras palabras.
A la Srta. Bennet:
No sé porqué pero me da en la nariz que te conozco de otros certámenes. Esa técnica tan trabajada, esa maestría en describir los sentimientos con un lenguaje tan sencillo. Admirable. Solo he de regañarte por un par de cosas: primero, porque me has dado el fin de semana (no creo que se me pase la congoja hasta el lunes próximo) y segundo, porque has hecho que sienta la necesidad, por un momento, de ser ya abuelo (necesidad puramente literaria, que no excusaría a ninguna de mis hijas si esta contingencia se hiciera realidad en este momento; ¡advertidas quedáis!).
Tu relato, una delicia, Srta. Bennet. Te veremos otra vez entre los finalistas. Brujo soy.
De verdad que me ha gustado. Cuando pase esto del certamen y podamos perder el anonimáto me gustaría seguir tu carrera de escritora. Seguro que, dada tu juventud, ganarás en soltura y fuerza, pero tienes algo que es imprescindible para ser un buen escritor: sabes bucear en los sentimientos de los demás desde tu empatía además de tener una envidiable intuición…¡ese seudónimo es genial!
Vale, ahora la que se ha emocionado soy yo… Tenía miedo, muchísimo miedo, de meterme en la piel de alguien mayor, intentar ahondar en sus sentimientos y fracasar… Es cómo cuando un adulto se mete en la piel de un niño, con la diferencia de que un adulto ya ha sido niño, y a mi me quedan cómo 45 años para jubilarme.
Supongo que en el fondo, tengamos la edad que tengamos, en el fondo nuestra forma de amar y extrañar no cambia jamás.
Sobre fracturas del corazón, creo que yo no he superado la primera, que es, la de mi abuelo, al que le he «dedicado» este relato. Gracias al cielo, aún puedo disfrutar de la compañía de mis dos abuelas y de mi otro abuelo. Para mi son figuras muy importantes, pero que están muy poco valoradas por la sociedad. Creo que los padres te enseñan a caminar por la vida, pero tus abuelos a disfrutarla, sobre todo cuando eres niño.
Tranquilo, estoy segura de que ella en el fondo no piensa que la vida no traiga sorpresas. Simplemente, tiene un día triste. Muchas veces me he preguntado porque mis abuelos no hablaban apenas de los suyos, o mis padres, y pronto me di cuenta de que les duele hablar de ellos. Yo no me imagino a mi misma sin ellos y con fuerzas para seguir adelante, aunque para eso están los hijos, los nietos y el resto de la gente que se cuela por nuestra vida… para darnos amor, y esa felicidad que da sentido a todo… Aunque nunca nadie pueda ocupar nunca el vació que ha dejado otro, crea su propio espacio… Hace poco perdí a una amiga, de tan sólo veinte años, un ataque al corazón, se fue de un día para otro. Sé que ninguna otra amiga volverá a ocupar su lugar.
Vaya… creo que he divagado demasiado…
Muchisimas gracias por todo el comentario, de verdad, sobre todo la última frase «como dice Serrat, a veces se toma café contigo… y te deja leer algo como lo que tu has escrito.» Ha hecho que me salte alguna lagrimilla, si de verdad te ha gustado el relato yo no puedo sentirme más feliz.
Querida señorita Bennet: no salgo de mi asombro cuando leo tu historia conociendo que la ha escrito una chica joven. Es perfecta en cuanto al conocimiento de los sentimientos que a veces tenemos los que ya podríamos ser abuelos. Todos urgamos en cajones buscando la esencia de las gentes queridas que nos han abandonado y todos nos enfrentamos, incrédulos, al paso del tiempo…pero tu ya has descubierto algo que a mi me costó mucho tiempo asimilar. Cuando dices «supongo que una nunca supera la primera tragédia, ni la primera fractura del corazón» me recordaste la muerte de mi madre: a los treinta y seis años comencé mi vejez al comprender que lo de morirse iba en serio para todos.
Tu relato es muy tierno y muy hermoso, pero yo no puedo asegurar, como tu protagonista «soy vieja. La vida ya no trae sorpresas, solo nostalgia y decepciones» porque la vida, como dice Serrat, a veces se toma café contigo… y te deja leer algo como lo que tu has escrito.