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44- Deslimites. Por El Agrimensor

Postulé la inexistencia natural de la línea recta y el punto. Lo aduje al imaginario y a la especulación metafísica. La primera une dos puntos, los cuales no existen y si así  fuera estaría curvada. El segundo podría asemejarse a una partícula, que a su vez contiene otras partículas y así hasta el infinito. La primera podríamos decir que es una sucesión infinita del segundo, pero dispuestos de terminada manera que solo  la mente del hombre puede ordenar. Siguiendo la misma analogía, postulé la inexistencia del límite, porque para determinarlo hay que llegar a un punto, que a su vez tiene adentro otro punto y así hasta el infinito.

En 1778 el Maestro de Matemáticas de la Academia del Ferrol y Agrimensor José Sourriere de Souillac[1], avezado en la demarcación de límites, en sus Informes de Mensura de las tierras de Juan de Bilbao consignaba que “se midieron quinientas varas después de corregir el cordel de sus menguas y creces, con cuya distancia…(se llegó)… a la orilla de un bañado impracticable, lo que obligó a suspender la mensura[2]. Para determinar la medida faltante del límite suroeste hasta el ombú que se encontraba en medio del bañado y ante la imposibilidad de llegar hasta él, Souillac sugirió la adopción de la serie infinita como solución apócrifa. Su destreza en el lanzamiento del canique en línea recta era arto conocida en événement sportif du Champs-Élysées por la precisión en la velocidad que le imprimía, bastó la canica de cristal que llevaba siempre en su alforja y su reloj de bolsillo firmado (en máquina y esfera) por Moré de Geneve, de caja sencilla recubierta de oro liso, esfera de esmalte blanco sobre cobre y con numeración árabe, para resolver el problema. Desde la orilla lanzó la canica hacia el árbol, pero nadie pudo conjeturar si realmente llegó; registró su tiempo en las agujas de su Moré y estimó unas veinte varas. Su precisión en el lanzamiento era cierta en las diez varas donde la parábola asemeja la recta, pero quizás no tanto en las veinte. La medición del último lado del límite suroeste hasta el deslímite era improbable pero a su vez precisa. Souillac midió “a fantasía dicho bañado con la mayor prudencia y exactitud que se requiere”[3], pero haciendo honor a sus saberes heredados propuso un corolario: “…luego de medir quinientas varas la fracción para llegar al deslímite con la mayor prudencia y exactitud, resulta de medir la mitad de esa distancia y así sucesivamente, ya que el cordel resulta más noble en cortas distancias”…”así llegué a quinientas diecinueve varas y…”

Hacia 1825, la Comisión Topográfica comisionó al Piloto Agrimensor José Pujol, la mensura de la enfiteusis de Zenón Vera desprendida de la merced de tierra o suerte de estancia que se reputaban realengas, de Juan de Bilbao. Pujol, de ya basta experiencia en el oficio, hurgó los archivos de la Comisión, informes de mensura, libretas de campo, amojonamientos y balizamientos de Souillac, desenrollando el cordel de sus anotaciones hasta los “puntos suspensivos”, el papel roído por las ratas impedía completar la medida, definir el enigma y determinar el deslímite se convirtió en su obsesión.

Escrutó durante meses los apuntes de Souillac y no pudo llegar al corolario, obcecado con la solución, organizó la campaña e inició su travesía de largos días de carruaje hasta la realenga. Durante meses replanteó los límites de la enfiteusis, amojonó los vértices, sorteó los montes para poder cerrar su polígono. Luego extendió el cordel sobre el último lado del límite suroeste y escrutó las quinientas varas y los informes de Souillac, por momentos dudó en la longitud de la vara, si medía la del Cabildo de Santa Fe o la de la Comisión Topográfica. Partió del último mojón y con el rumbo de la aguja de su grafómetro y la extensión de su cordel llegó al bañado impracticable. En realidad hasta el ombú lo separaba una ciénaga virginal y prístina la cual su travesía no merecía la demarcación del deslímite. Si Souillac lo había determinado por deducción indirecta, la solución era cercana, sólo faltaba desentrañar lo roído.

Desanduvo en su regreso los largos días de polvo y hastío, de carruaje y pulperías, de postas y malones para encerrarse en el desván de su altillo con sus libretas de campo a descifrar sus cálculos entre las tablas Logarithmall Arithmetike de  Briggs y sus ábacos. Largas noches de insomnio lo esperaron a su regreso para desentrañar con su pluma el enigma de Souillac. Bajo la penumbra del candil propuso la suma de infinitas mitades de mitades

Entonces postuló que la suma de la mitad de «algo» más la mitad de la mitad de «algo» y así sucesivamente tiene cómo límite la unidad, «algo» que asemeja la completitud. Conjeturó en su memoria una paradoja ancestral y helénica o quizás una fábula, donde  la mitad de la distancia, más la mitad de la mitad de la distancia y así serialmente dan como resultado la distancia entera. Por lo tanto concluyó su proposición inclaudicable: recorriendo infinitas mitades de mitades, convergeremos a toda la distancia.

Promulgó su acierto en la Comisión Topográfica desafiando el enigma de Souillac y saciando su excentricidad: la longitud desde el mojón del límite suroeste al deslímite corola quinientas diecinueve varas,7 pies, 8 palmos (menores), 4 dedos, 3 granos de cebada.

Postulé que Pujol había demarcado el deslímite con una exactitud desbordante y excesiva, pero en su obsesión precisa no alcanzó a percibir el escarnio, que la convergencia es una especulación metafísica y matemática y la naturaleza no permite el oprobio y se curva.

Souillac propuso el deslímite como solución a lo inalcanzable, propuso que era imposible demarcar la ambición y el poder. Pujol lo asumió para desafiar su desdén. Ambos presumieron alcanzar el límite, sin presagiar que la sabiduría y la gloria habitan en lo imperceptible y lo mínimo.


[1] Recalde, José M. Los Demarcadores Reales. La Plata, 2003.

[2] Albina Lorenzo et at tol. Anecdotario de la Agrimensura (Tomo I). 2006.

[3] Ídem 2.

11 Comentarios a “44- Deslimites. Por El Agrimensor”

  1. Sussan dice:

    Pues yo no sé si esto es un relato, al menos yo no he seguido el hilo por muy documentado que esté. Lo siento.
    Suerte

  2. Siempreviva dice:

    El relato me ha parecido interesantísimo y bastante didáctico. Opino que el problema de la medida es de gran importancia en casi todas las facetas de la vida. Muy buena combinación de conceptos abstractos y concretos. La reflexión final la encuentro genial. No obstante tengo algunas dudas
    ¿No se aproximaría más la parábola a la recta en las veinte varas que en las diez?
    ¿No está un poco desvirtuado el término conjetura? Según el DRAE conjeturar es formar juicio de algo por indicios y observaciones. Yo creo que basándose en la clase de ruido que se produjo al chocar la canica, dato que no nos proporcionas, se podía haber conjeturado la naturaleza de la superficie del impacto (tronco, tierra, agua, etc.) y con ello aventurar si loa canica había alcanzado o no el objetivo. Por supuesto que, dada la imposibilidad de acceso, no se hubiera podido averiguar en aquella época si la suposición hecha era cierta o falsa.
    Enhorabuena por tu relato y suerte

  3. sacha dice:

    Sí, tan infinitos son los infinitos como los infinitésimos. Y nada se puede medir, pues los infinitésimos escapan a nuestra percepción o, lo que es lo mismo, el «bañado imprácticable» es infinito.
    El relato me gustó mucho.

  4. Ganímedes dice:

    ¿Cómo reaccionarían ambos si tras un largo estudio, en el momento de publicarlo, el que pone el dinero para su realización se empeña en sustituir los «no existe valor» por ceros?
    Parece que se me ha ido la olla pero no… Un poco mareada sí me he quedado, lo reconozco. Un laborioso trabajo en el que me parece magistral el último párrafo. Suerte.

  5. Lovecraft dice:

    Hábil combinación de conocimientos en agrimensura, matemáticas y filosofía, puestas al servicio de un relato original y muy bien documentado. Diferente a todo lo que llevo leído hasta ahora y por lo tanto destacable, si se me reconoce el gusto.

    Te deseo suerte en el certamen, sin límites ni medidas.

  6. lectora dice:

    Supongo que la elaboración de este escrito (que no sé si se trata de relato o trabajo de investigación),le habrá llevado su tiempo.Otra cosa es que si encaja o no encaja porque no es para cualquier tipo de lector.Yo misma no me atrevo a comentarlo, pero he tirado del diccionario, del buscador y de mis apuntes palabrita de niña exploradora.

    Suerte

  7. lamari dice:

    Un trabajo esmerado, bien hecho como se dice en mi tierra.La importancia de este escrito está en el pasado, su necesidad de medirlo todo.Con los piés, con las manos, con la abertura de sus dedos( las mujeres cuando están de parto se les mide la dilatación de esa forma),con el cuenco de las manos, con pellizquitos( medida de sal), con la metafísica…Con la vara.Después se sacaron del bolsillo lo del SMD y el SIM.El metro esa barra de iridio que creó controversia con el sistema «Vara» ,,,

    Se me entiende?

    Suerte

  8. Aljibe dice:

    La de quebraderos de cabeza que se hubieran ahorrado de contar con una Leica TCR de esas que miden sin prisma…

    Ahora en serio, un trabajo impresionante.

    Suerte!

  9. Hóskar-wild is back dice:


    Creo que he escrito puntos suspensivos, pero no estoy muy seguro de ello porque me he quedado deslimitado, desmarcado, desionizado, desmetafisicado y desnaturalizado.
    Voy a ver si sumando mi mitad con la mitad de la mitad y con la mitad de la mitad de la mitad y con algo más consigo recomponerme. Lo dudo. Suerte.

  10. Matilde A. dice:

    Trabajado relato que no deja indiferente. Enhorabuena

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©Joaquin Zamora. Fotógrafo oficial de Canal Literatura

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