Ocurrió una tarde de domingo. Econtrábame yo tumbado en el sofá zapeando de manera perezosa esperando me entrase el sueño de la siesta. Era una de esas tardes de domingo tediosa. Tras los estores de las cortinas se colaban las últimas luces del día.
Ocurrió una tarde de domingo. Econtrábame yo tumbado en el sofá zapeando de manera perezosa esperando me entrase el sueño de la siesta. Era una de esas tardes de domingo tediosa. Tras los estores de las cortinas se colaban las últimas luces del día.