Año Nuevo. Por Salvador Pliego

Postrero, mi corazón late su último segundo, su último instante; es un reloj sin cuerda o manecillas, un maniquí inerte que no sensibiliza, un silbido frío en un témpano inactivo, el marcapasos de un pulso detenido que suele palpitar ya sin sonido. Brota entonces un segundo, un nuevo y singular…

leer más