Leyendas frente al Ope.

 LEYENDAS FRENTE AL OPE

«Vivir es un paréntesis triste 

y breve entre nacer y morir»

Jordi Rosiñol

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©2020 Jordi Rosiñol

Leyendas frente al Ope

       Con los cuernos torneados, retorcidos y endurecidos durante siglos presiden la cabeza del macho cabrío, este enfurecido trepa sobre sus patas traseras por los arriesgados riscos del valle, iluminado en la noche por la luna llena. El ángel caído campa a sus anchas olisqueando a sus víctimas, inhala profundamente el miedo que invade a los paisanos; estos encerrados a cal y canto, temerosos, se esconden de la oscuridad, protegidos por la tenue claridad que les ofrece un simple candil de aceite en el «pico esquina» de cada cruce de calles. Leyendas frente al Ope

       Y de mientras, tras apagarse el último fulgor del crepúsculo, la bestia perturbada emprende su vagar, a cada paso estrena una escena de sombras sobre las tablas del terror, en cada alto debuta con el papel bien aprendido, y ensayado durante siglos. En cada detención gira su cuello humano exhalando vaho putrefacto, resopla por el hocico el endemoniado, pútrido devuelve al ambiente el oxígeno de sus pulmones hedientos. En cada resuello, el costillar se hunde en el pellejo grisáceo para desaparecer en él, tras lucir los huesos asomando por el hollejo. Entretanto, con la boca semiabierta se deleita, se palpa con la lengua puntiaguda la comisura de sus fauces, en ellas se complace con el resbalar de la densa, y húmeda baba regurgitada desde las ulceradas entrañas.

       El pueblo, igual que la región, en aquella época estaban aislados del mundo. Un simple y rudimentario empalme de caminos de tierra conectaba a la izquierda con Murcia, a la derecha con Mula, y de frente podrías llegar hasta Alcantarilla. Son caminos poco frecuentados y, tanto los archeneros que regresan cada tarde de las huertas, como los forasteros que vienen al pueblo, e incluso, a los lugares más recónditos del valle se afanan por llegar antes del atardecer, o abandonar el mismo antes que el último rayo de sol se esconda tras las sierras escarpadas del valle. Hay un cuarto camino, es una vereda mucho más estrecha, en realidad es una senda maltrecha, que acompaña su transcurrir con el serpentear del río Segura a un costado, y las paredes calizas al otro, dolomías y margocalizas presentes desde el Jurásico. Muy pocos, por no decir casi nadie deambula al oscurecer por ese recorrido, y los muy pocos que se atrevido a utilizarlo con un quinqué colgado de la garrota, ni su valentía agarrados, apoyando su peso y, acompañando el paso tembloroso sobre él, han evitado que no regresaran nunca, ni encontraran resquicio alguno de ellos. En silencio, y aunque huyendo de mentarlo, todos saben que el camino de noche es la garganta que te dirige directo a las garras del maligno.

       Un siglo más tarde, y en una sociedad avanzada e incrédula ante las leyendas contadas por los más ancianos del pueblo, a los que peligrosamente ya nadie les cree. Fábulas del pasado, que simplemente se han convertido en un entretenimiento de los jóvenes que se cuentan las viejas historias del pasado.

       Es muy habitual empezar con la historia de «La iluminada de la Algaida» y sus predicciones acertadas sobre la evolución y acontecimientos de la sociedad actual, o sobre los cambios en los comportamientos de las personas. Tanto el que esa noche comienza a contar la historia, como los que la escuchan sentados, siempre hay algunos veraneantes que la escuchan por primera vez, jóvenes, hijos de padres que emigraron en su día a Barcelona, Valencia, Madrid, etc. Muchachos vestidos con sus Privata, los levi´s etiqueta roja, y las Nike blancas con el logo azul, también ellos llevan el pelo cortado de punta y engominado, ellas con una cinta recorriendo la frente y una maza de pelo rizado sobre ella, maquilladas en exceso con colores oscuros, y hombreras imposibles bajo la ropa. Son hijos de víctimas colaterales de la Guerra Civil, que ahora vuelven con aires cosmopolitas a pasar el verano en la casa de sus abuelos. Una gran cantidad de ellos bajan de los coches último modelo de sus progenitores, «hay que aparentar que valió la pena marchar del pueblo». Ninguno explica que en realidad viven en barrios periféricos confeccionados a todo correr, bloques de baja calidad, enjambres de pisos de sesenta metros cuadrados sobre calles embarradas, sin aceras ni asfalto, barrios con servicios casi inexistentes, y con un futuro poco halagüeño. La mayoría no llegará a terminar el colegio, y a los catorce años empezarán a trabajar como sus padres, en talleres, fábricas, o en la construcción, sus sueldos serán bajos, padecerán mucho estrés ambiental, y tendrán que bregar con un complejo impropio de inferioridad ante el patrón, frente a la burguesía supremacista amparada ante un supuesto hecho diferencial, de una cultura diferente, o una lengua excluyente, pero eso en el pueblo no hay que decirlo, aquí son felices.Leyendas frente al Ope

        La mitad de los zagales se sientan en el banco, y el resto en frente de ellos en el suelo, todos detrás de la fuente, y a cubierto por la intimidad semioscura del jardinillo. Alguno aprovecha la cara de miedo de alguna chica para depositar su mano sobre la de ella, seguida de una mueca estrábica y parlante que le dice, —«tranquila estoy aquí para defenderte de lo que haga falta» pero lo dicen con la boca pequeña el «valiente» de turno, que desea que no todo quede en nada, como siempre. El miedo recorre el cuerpo de todos los adolescentes a la velocidad del narrador, de hecho, mientras tanto cada uno planifica mentalmente su recorrido hasta volver a casa, pero a ninguno le gustaría estar en el pellejo de «el pitillo» es él el que lo tiene peor, el pobre vive en el barrio del Otro Lao, a pocos metros del cementerio, y para más inri no hace mucho le enseñaron el nicho de la Quica mirando hacía su habitación. El nicho al que el Pitillo a pesar de la cercanía nunca se había acercado, estaba adornado con una tétrica y ajada fotografía en blanco y negro, donde se ve a la Quica, lleva el rostro cubierto por un pañuelo negro, y las manos avanzadas al frente con los dedos entrecruzados, si te paras frente a ella y, la miras fijamente, parece que la imagen vaya a salir del ovalo de cristal, y tocarte para avisarte de algo.

       En la iglesia de San Juan acaban de sonar las doce campanadas, y con la media noche toma el turno de palabra «la piojo», una zagalica físicamente a medio hacer, con un rostro afilado, y con los pómulos hundidos, casi no posee labios, su tez blanquecina. Tiene una voz grave, emite un sonido nada acorde a ella, parece como si alguien hablara a través de ella. Le da misterio al asunto, y dilata a propósito las palabras. Con el miedo ya caldeado en el cuerpo, empezó a contar la leyenda del Ope, con sus primeras palabras arrastraba de derecha a izquierda la mirada, deteniendo y clavando la vista en los ojos de cada uno de nosotros, solo unas décimas de segundo, las mismas para cada uno, nos dejaba helados la «joia», nos ponía los pelos como escarpias, y todos pensábamos, «ahora si nos vamos a cagar vivos» …Continuará

 

Jordi Rosiñol Lorenzo

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jrosinol

Nacido en Barcelona, catalán al cincuenta por ciento y por igual de orígenes murcianos. Desde la emigración forzada por la necesidad tras la Guerra Civil, soy el primer retornado de mi familia al mencionado origen. Autor: «Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad» Frida Kahlo — premio con el relato «Urgencia humanitaria» en el I Concurso de Microrrelatos Navidad 2017 de Molina de Segura. — Finalista con el relato «Hipocresía» en el I Premio Espacio Ulises 2017. — Seleccionado con el relato «El cine de las sábanas blancas» en la antología de relatos «Ulises en el festival de Cannes» Playa de Ákaba 2017. — Seleccionado con el relato «La ventana a la libertad» en la antología «Cosas que nos importan» Playa de Ákaba 2017. — Seleccionado con el relato «La batuta mágica» en la antología «Las 7 notas musicales» Defoto libros 2017. — Columnista habitual desde 2015 en «Periodista Digital» dirigido por Alfonso Rojo. Anteriormente colaborador con opinión en «Crónica Global» y diversos medios regionales y locales. — Articulista de opinión en el Semanal Digital dirigido Antonio R Naranjo.

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