Chispas y realidad. Por Luisa Núñez

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Chispas y realidad

 

En ocasiones, nuestro cerebro chirría escandalosamente. Las conexiones neuronales que se han formado a base de vivencias y conocimiento generan asociaciones que mezclan recuerdos y experiencias, atan cabos, o no, y nos dan una visión muy personal de lo que sucede a nuestro alrededor.

Si nuestra vida corre peligro, es posible que ese proceso se realice en segundos pues los datos recibidos son breves y precisos y así encontraremos  una salida que nos permita la supervivencia. Pero si ese proceso no es urgente, intervienen muchos artefactos que pueden confundirnos al irnos inoculando realidades inventadas. No obstante, las chispas surgen en nuestras neuronas cuando los datos no cuadran por más que se rebusque en nuestros procesos de comprensión.

En mi caso una de esas chispas saltó hace más de diez años. Preparando el “Premio Especial IBN ARABÍ” con el Instituto Cervantes de Damasco con el estuvimos en contacto varios meses preparando las bases, el jurado, los premios y tantas cosas que precisa la organización antes de lanzar la convocatoria de un certamen. El premio se entregaría allí, en Damasco. Esto no era de mi agrado, pero el director del centro y los miembros del jurado me animaron, diciéndome que era un país tranquilo, como cualquier otro país occidental, con sus peculiaridades, pero sin ningún riesgo.

Durante el transcurso del certamen que duró más de 8 meses, empezaron en Siria a producirse muchas manifestaciones contra el gobierno, primero tranquilas, pero poco a poco más virulentas. La fecha de la entrega se acercaba estaba prevista para el 3 de octubre de 2010 y a mí algo me dijo que no debería ir. Así que no fuimos.

Pocos meses después, en diciembre, se cerraba allí el Instituto Cervantes y se repatriaba a todo su personal a España. Las condiciones en Siria se habían vuelto tan violentas, que esas manifestaciones de población civil se habían convertido en enfrentamiento de dos grupos armados. Algo no cuadraba en todo ese despropósito.

 


No entiendo de estrategias políticas internacionales. Por tanto, me limito a contar sólo la visión de una persona sencilla atenta a los acontecimientos que ocurren a su alrededor.

Lo cierto es, que me impresionó que Siria se desestabilizara en pocos meses, y eso hizo que me interesara por el conflicto y me apeteciera buscar información por todas partes: artículos, vídeos, entrevistas en televisiones extranjeras a uno y otro lado de los combatientes. Por supuesto saqué mis propias conclusiones, diferentes de las cacareadas por la prensa general y que imagino pueden coincidir, o no, con las de otras personas.

Hoy en día, Siria es un montón de escombros, con millones de sirios vagando por el mundo, con una vida rota y sin mucha esperanza en recobrar algo del  anterior esplendor. Seguramente la mayoría de la población civil se encontró con la revuelta un día cualquiera, en el trabajo, recogiendo a los niños del cole e incluso de vacaciones.

En algunos países, casi simultáneamente, se desencadenó la “Primavera árabe” que afectó a la mayoría de los países musulmanes del arco mediterráneo y medio oriente. Como detonantes, unos casos muy particulares, incidentes que pasan en todo el mundo cada día, pero que se convierten en iconos (no sé bien la razón, a quizá sí) y que provocan una respuesta desproporcionada. Se habla de más de 20 naciones en permanente turbulencia, Túnez, Egipto, Bahréin, Libia, Yemen…  incluso lejanas como Arabia o Qatar.

Alentadas fundamentalmente por redes sociales, según la totalidad de los medios de comunicación, (aunque a mí me suscita algunas dudas que fueran espontáneas), todas ellas dejaron caos, frustración, caída de gobiernos, emigración descontrolada y estados fallidos por doquier. De igual modo en todos ellos, la lucha por más democracia y derechos sociales, que fue el grito unánime según los convocantes, se convirtió en más ruina, más dictadura y más hambre.

A mí, malpensante brujapiruja, sigue sin cuadrarme, que todo eso haya sido una pura casualidad, que esos durísimos enfrentamientos armados hayan sido protagonizados por población civil, a la que supongo, como en la mayoría de los países, centradas en su trabajo, en su familia y sus preocupaciones del día a día, no buscando armas pesadas en los mercados y formando ejércitos de mercenarios armados hasta los dientes.

De hecho, conozco por distintas vías, a quien se dedica a fomentar y guiar ese tipo de manifestaciones, gente remunerada que tira de la muchedumbre hasta que llegan los antidisturbios y una vez está el circo montado se apartan discretamente para dejar a la turba enardecida haciendo de las suyas. Están muy entrenados en la guerrilla urbana y no cuento nada que no hayamos visto ya muchas veces en todas las televisiones. Lo único que sigue sin cuadrar es lo de “población civil”, es decir, ciudadanos normales de a pie, entre los que me encuentro yo y probablemente la mayoría de los lectores que aquí se acercan.

Os dejo fotos y vídeos del antes y el después de Siria por ser el caso más sangrante, donde estuvo además involucrado el terrorismo islámico que implantó allí su califato (ISIS) con todo el horror añadido que la utilización de civiles como escudo supuso. Algo que ninguno de los implicados había previsto, ni nacionales ni potencias extranjeras. Es lo que tiene empezar un fuego, que nunca sabes quién se calentará las manos o cuando te rodeará a ti sin remedio.

Otra chispa surgió en Twitter allá por el 2014, en mi TL de Twitter un buen día me encontré a una venezolana retransmitiendo en directo desde su balcón, como tiradores del ejército estaban disparando a manifestantes contra el gobierno de Maduro.

Sus palabras me dejaron muy pensativa: “Estoy viviendo ahora mismo, aquello que escuché a mi abuelo contarme como algo del pasado.” Desde entonces sigo a diario todos sus comentarios y los de tantos otros venezolanos de uno y otro lado que están constantemente narrando realidades encontradas.

Lo cierto es que el país más rico de América se ha convertido en una ratonera de donde ya han escapado millones de venezolanos a países cercanos o a Europa, y los que allí quedan, que no son proclives al régimen, viven en la inseguridad, el hambre y la desesperación.

En esas mismas fechas (2014), se iniciaba en España el movimiento 15-M, del que entonces se decía que no tenía líderes, pero que ahora todos sabemos que sí los había, escondidos y pertrechados, entroncados y financiados por dictaduras muy represivas como Irán, Venezuela o Bolivia. Y esto tampoco lo digo yo, hay hemeroteca para entretenerse donde ellos mismos lo dicen con pelos y señales, incluso que aún sabiendo de donde venía el dinero, asumían que era un costo político a pagar. De hecho, una visita a esas manifestaciones o campamentos de entonces ya daba una idea de quien las fomentaba. Banderas comunistas, republicanas y anarquistas, Fidel castro, el Che Guevara, carteles contra la monarquía y la constitución, y el típico “portamegáfono” que dirige todo el cotarro. Chicas semidesnudas asaltando capillas y chicos embozados amedrentando estudiantes o políticos.

Esto ya no fue una chispa, sino la constatación de que ese tipo de movilizaciones estaban dirigidas y fomentadas con fines desestabilizadores como antes ya ocurrió y os he contado en otros países. Tocaba el turno a Europa y a España principalmente por ser bastión de la hispanidad y no tener un gobierno fuerte como otras democracias europeas, aunque todas han probado las mismas tácticas. Ahora esas chicas semidesnudas, que consideraban revolucionario orinar en la calle, son las que desde los gobiernos municipales nos piden que tengamos costumbres saludables. Y esos chicos embozados, ya a cara descubierta, nos amenazan a diario desde el mismo gobierno de España.

Entretanto aparece Greta Thunberg, una niña sueca que de la noche a la mañana se convierte en icono mundial contra el cambio climático y envuelta en privilegios que alguien debe concederle (vaya usted a saber) recorre el mundo en olor de multitudes y nos regaña continuamente. Porque curiosamente, de todo lo malo que pasa en el mundo, siempre tiene la culpa la “población civil”, sí, esa que está trabajando o recogiendo a sus hijos del colegio, paga sus impuestos y veranea en la playita o el pueblo cercano. Es curioso ¿verdad? A veces imagino a mis vecinos como monstruos insondables que se trasforman en sus horas libres en mercenarios sanguinarios,  que guardan misiles anticarro en sus garajes y contaminadores convulsivos, porque a estas alturas aún no puedo explicarme como tras tres meses de confinamiento, los mares y océanos están llenos de mascarillas, a menos que la “población civil” se escapara por las noches a descargar camiones en el mar con esos desechos.

Ahora ya no sabemos donde está la chavala sueca, pero tenemos otras mil historias por las que siguen increpando a todos de las derivas mundiales, para que no dejemos de sentirnos culpables de algo. Lo que sea.

Es lógico que las chispas salten en cualquier neurona que tenga un mínimo de conexiones, porque es todo tan disparatado que no hay manera de cuadrarlo. Por tanto, es evidente que algún hilo se está moviendo que no conocemos y que terminaría de encajar y terminar de cerrar este enrevesado puzzle.

Durante los últimos años no dejo de advertir a cada joven con quien converso de que valoren lo que tienen, todo muy mejorable, sin duda, pero que tengan cuidado, que un país se desestabiliza en un abrir y cerrar de ojos y todo lo que tienes hoy, puede ser igual a nada un año después. Hasta ahora me miraban extrañados haciendo aspavientos como si estuviera delirando en plena demencia senil.

Pero ha llegado el COVID-19 y nos ha dado un golpe de realidad, una buena bofetada para quienes, por ser jóvenes, o muy infantiles, se sentían confortablemente establecidos en el bienestar y la comodidad de los últimos años, como si fuera de hoja perenne. Y como si su única misión en el mundo fuera pedir sin aceptar obligación a cambio.

Ahora parecen más precavidos, han comprobado que de un día para otro todo puede cambiar mientras estas cenando un bocadillo. Ya no hacen aspavientos, porque alguno ya está pagando caro el vuelco y eso que esto no ha hecho más que empezar, aún nos queda mucho por ver.

Me temo que muchos compañeros de generación, que entraron en la universidad en el año 69, saben perfectamente de que hablo, que esta es una historia repetida, que siempre empieza suavemente hasta que termina en enfrentamiento, amenazas, venganzas y algún muerto en “reyertas callejeras” (versión oficial de entonces), aunque todos supiéramos quienes las protagonizaron y porque ocurrieron. La calaña de los dirigentes de aquellas como de estas revueltas, es de temer, porque son movidas por el odio y el fanatismo más histérico.

Dice el refranero que “No hay mal que cien años dure”, y yo a veces creo que esta pausa de casi 80 años sin guerras puede estar a punto de acabar. Será otra guerra, otra forma de enfrentarse, otra manera de subvertir el normal desenvolvimiento de las sociedades hacia el progreso y la convivencia, pero lo que estamos viendo los mayores del vecindario patrio, es que vamos por mal camino. Y aunque sea como un susurro repetido, no podemos dejar de decirlo y de contarlo, porque ya lo vivieron nuestros padres y les costó una guerra horrible, los vivimos nosotros con algo más de suerte y mejor resultado, pero las formas y los métodos  se siguen repitiendo sistemáticamente una y otra vez. Y no aprendemos porque todo el mundo sabe que decir pero nadie escucha.

Por otra parte, cuidar nuestra salud no debería ser sólo por el Covid-19, hay miles de virus y bacterias amenazandonos diariamente, y hay que recuperar hábitos saludables que mantengan nuestro sistema inmunitario fuerte y nuestro cuerpo en condiciones de resistir bien la amenaza en vez de medicarse brutalmente para seguir y seguir… y seguir destrozando nuestro cuerpo.

También es necesario cuidar nuestras neuronas, porque tal y como avanza la mentira y la distorsión necesitaremos tenerlas a pleno rendimiento cuando empiecen a saltar chispas de verdad, de las que terminan en fuego del que quema, destroza vidas y naciones.

Luisa Nuñez

 

Luisa Núñez

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de  comunicación

Agosto 2020

 

 

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