El marino. Por Gregorio L. Piñero. Cuentos estivales.

Cuentos estivales. (L)

El marino

El marino

 

      Te hubiese gustado mucho estar allí esa vez, Cholo. Probablemente fue domingo. -Me dijo mi pupilo.

      Tras la siesta, llegó un pequeño ciclomotor al caserío. Tipo Torrot, aunque mi pupilo no recuerda bien ni el modelo ni la marca. Sería de 49 cc.

      Y en ella llegó un joven impecablemente vestido con el uniforme blanco de verano de la tropa de la Armada española. Llevaba polainas, para preservar los bajos de sus pantalones de cualquier mancha, con el lepanto a la espalda, sujeto a la garganta con el barboquejo. Cuando se desprendió del casco, ya estaba Joaquina a su lado para recibirle. Era Mateo, su novio, un elegante cabo de marinería. Al punto, toda la chiquillería le rodeamos, contemplando su porte gallardo y todos los detalles de su uniforme.

      -¡Mateo! ¡Mateo! ¿Tú mandas un barco entero? -Preguntó mi pupilo, impresionado por los galones de la bocamanga.

      -¡Noooooooo! Jejejejejeje. Sólo voy a bordo. Soy un simple cabo. Y hago mi trabajo.

      Mateo había ingresado en la marinería profesional y estaba destinado en la especialidad más sacrificada: la de submarinos, en la cercana base Naval de Cartagena.

      -¿Y cómo podéis respirar bajo el agua? -Preguntó José Antonio.

      -Los submarinos tienen una especie de tubo largo que se llama snorkel. Cada cierto tiempo el submarino emerge cerca de la superficie del mar y lanza ese tubo, por donde toma aire fresco para renovar la atmósfera del buque y recargar las baterías de navegación en inmersión, poniendo en marcha los motores diésel. Es como el que usáis con las gafas de bucear. Precisamente se tomó su idea de los submarinos para el buceo a pulmón. -Contestó Mateo, con una mezcla de paciencia y erudición, pues si bien era su profesión y la disfrutaba apasionadamente, su verdadera pasión era su novia y los chiquillos no le dejábamos que “pelase la pava” tranquilamente.

      -¿Y es muy grande tu submarino? -Preguntó otro zagal.

      -Es relativamente grande, aunque los americanos los tienen de propulsión nuclear, que son muchos más grandes. En el que yo estoy hacemos “camas calientes”. Cuando se levanta uno se acuesta el que le corresponde descanso en la misma litera.

      Y -educadamente- se fue hacia la “porchá” con Joaquina, su novia, dejándonos a todos admirados.

      Dice mi pupilo que debía tratarse del submarino “Almirante García de los Reyes” (S-31), de la clase Balao. Uno de los que transfirió USA a España tras los acuerdos de 1953. Era un veterano del Mar de la China de la Segura Guerra Mundial, con varias heroicas campañas en sus cuadernas. El mejor que alistaba la Armada española por aquellos tiempos y muy grande. El más grande que haya tenido y probablemente tendrá, pues poseía una eslora de 95 metros, una manga de 8,3 metros y 2.400 toneladas de desplazamiento en inmersión.

      La vedad es que, aunque me gusta más la navegación en superficie (navegar en una fragata hubiese sido la ilusión de mi vida, como mascota de la tripulación), también habría admirado a aquel bravo marino que dedicó su vida al servicio de los demás. Y ensoñándome pusimos proa al dormitorio.

      (Continuará).

 

Gregorio L. Piñero

(Foto: Aurelia (Yeya), la madrina de mi pupilo, Joaquina y su novio, Mateo, luciendo los trajes de baño de moda de la época, en la playa de El Mojón).

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