Las Cabañuelas. Por Gregorio L. Piñero.

Cuentos estivales (XXXVI)

Quinqué

 

Las Cabañuelas

      -Aquella noche, Cholo, la abuela Encarna preparó para la cena una fritá de huevo con tomate, con pimientos verdes de bola, que a mí me encantaba. He intentado hacerla, pero no he podido acercarme al espectáculo de sabor que suponía aquel plato.

      Se cenaba a la luz de un quinqué de petróleo, que se ponía al centro de la mesa. En la casa había varios, pues se necesitaban para desplazarse por ella en la noche. Mientras no nos acostábamos, no se apagaban y si no se necesitaban, se regulaba la llama del foco de luz, extendiendo más o menos la mecha, dejándola muy tenue. Casi únicamente suficiente para saber dónde localizarlo en la oscuridad, a fin de ahorrar combustible alumbrando inútilmente.

      También había candiles de aceite, de menor potencia lumínica, pero que alumbraban suficientemente los hogares y fogones donde cocinar.

      Tras la cena, durante la partida de tute, el tío Saturnino hizo alusión a las cabañuelas. Comentó que parecían de buenos indicios, aunque ya veríamos. Y los niños nos quedamos muy perplejos.

      -¿Qué son las cabañuelas? -preguntó Santiaguico.

      -Y entre carta y carta, nos explicó que las cabañuelas (que vienen de cabaña) son un antiquísimo sistema de tratar de predecir el clima del año agrícola de agosto a agosto. Hay que observar cómo se desenvuelve el día y, según los vientos y las nubes, así será el futuro. -Contestó.

      Los niños quedaron bastante perplejos y sin entender nada, por lo que prosiguió:

      -Los primeros veinticuatro días de agosto corresponden a las quincenas de cada mes del año. Primero es la torna, y son las primeras de agosto a julio. De modo que el día uno corresponde al tiempo que hará en los primeros quince días de agosto, el dos a septiembre, el tres a octubre y así, sucesivamente, hasta llegar al día trece, que vuelve a ser agosto y comienza la retorna, pues resulta la observación en sentido inverso. Así el catorce corresponde al mes de julio, el quince, junio, el dieciséis, mayo, etcétera.

      Además, es necesario comprobar si la cabañuela barrunta, rompe o aborta, según amague llover, llueva o cese abruptamente la lluvia, al poco de comenzar a chispear. Ello nos permitirá saber si será más o menos húmeda la quincena a que corresponda, corroborándose con la retorna.

      -Y los vientos, nos indican si el tiempo será más o menos frío, húmedo o seco, según sea de Levante, o de Lebeche. -Apostilló el tío Carlos.

      Y los críos quedaron bastante perplejos y admirados de lo mucho que sabían el tío Saturnino y el tío Carlos, que eran hermanos y compartían vida y experiencia.

      -Aún hoy, mi fiel amigo, no he terminado de comprender muy bien cómo funcionan. Mas es cierto que en el período de cabañuelas, el clima se altera, pasando bruscamente de estar nublo a muy soleado. De formación súbita de tormentas y de caer gotas como monedas grandes durante menos de un minuto y abortar la lluvia.

      -Porque el clima, Cholo, es alma de la agricultura. -Sentenció, solemnemente.

      Y, aprovechando que hacía fresquito, nos fuimos al dormitorio, a conciliar el sueño. Me costó. Hasta el punto de que saqué de mi cama una de las viejas camisas de mi pupilo que tengo de guarnición y mi manta, las dispuse en el suelo y me acomodé sobre ellas, para estar más fresco.

      (Continuará…)

 

Gregorio L. Piñero

(Foto: quinqué de uso en la época, que conserva mi pupilo).

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