Seis meses nada más. Por Anita Noire

alarma

Seis meses nada más.

 

      Ayer en el Congreso se votó un auténtico despropósito, se dinamitó uno de los límites que la Constitución estable para evitar los abusos y arbitrariedades de aquellos que ostentan el poder. Ayer, los diputados con sus votos afirmativos y sus abstenciones, quebrantaron el mandato que recibieron de sus ciudadanos de legislar con respeto a las normas y a la Constitución. Vivimos uno de los momentos más oscuros engañados todavía por la creencia de que existencia de nuestra libertad. Seis meses de Estado de Alarma de tirada es inconstitucional. La regulación del estado de alarma,  por la propia excepcionalidad de las situaciones que lo hacen necesaria, limitó su duración a quince días máximos, que solo pueden ser prorrogados con autorización expresa del Congreso de los Diputados que debe establecer el alcance y sus condiciones. La limitación y la intervención del Congreso, frente a la actuación el Consejo de Ministros (el Gobierno), es relevante y fundamental. La excepcionalidad del momento precisa de medidas excepcionales, pero precisamente por su excepcionalidad y la incidencia directa que tiene sobre libertades y derechos fundamentales requiere un control exhaustivo, en este caso de las actuaciones gubernamentales para que no se extralimiten en sus funciones y no quebranten, de manera innecesaria, los derechos y libertades de los ciudadanos, ni adopten medidas fuera del marco de la legalidad.  La pandemia nos está golpeando de manera fuerte y la necesidad de avanzarse está ahí, pero toda actuación debe de estar sometida al control de los órganos establecidos democráticamente. No todo vale, ni siquiera teniendo al COVID enfrente. Por poner un ejemplo, legislar por Decreto Ley, de manera continuada, es un abuso legislativo del órgano ejecutivo que es inaceptable como norma general.  Este abuso no es menor, aunque pueda parecerlo a quien desconoce el funcionamiento del sistema. Pero en este país falta mucha cultura jurídica, faltan políticos que nivel y falta altura en nuestras instituciones. Aceptamos, sin rechistar los excesos de los que nos gobiernan y lo que hoy, aun mirando de reojo, aceptamos por miedo, por desconcierto y por la inseguridad que nos ha traído el virus, es solo la avanzadilla de las actuaciones totalitarias que pocos países democráticos tolerarían. Se nos chulea desde el poder ejecutivo y no hay oposición que ponga freno a las actuaciones desmedidas y al control ideológico, con recorte de la libertad de expresión, incluso, al que se nos quiere someter. La poca altura política de nuestro Congreso, la poca formación de los diputados y el poco respeto a la Constitución es la nueva normalidad. El acceso a un escaño, a los puestos de relevancia de los aparatos políticos de los partidos, se ha convertido en un medio de vida para mucho trepa sin escrúpulos, con poca formación y cultura democrática y aún menos capacidad para generarse un medio de vida si no es mamando de la teta ideológica. Alguien, de manera malintencionada, pretende contraponer la noción de seguridad, a de la libertad y a la de necesidad de respeto obligado a los límites constitucionales, cuando en modo alguno son opuestos.  En este momento, más que nunca, se impone, por necesidad y cultura democrática, la necesidad de estar atentos a las actuaciones de nuestros gobernantes.  En los Estados con democracias sanas, la libertad, la seguridad, la vinculación y respeto a la norma, es de necesaria conjugación y no hay dudas de su absoluta y necesaria compatibilidad. Si hoy se admite y valida, por miedo, por confusión o por maldad, la extralimitación del ejecutivo, el mañana que nos espera es sombrío. Y esto vale para los que hoy están en mayoría como para los que pueden estarlo mañana. Si seguimos así, de ésta no saldremos ni más fuertes, ni mejores, solo bastante más cautivos.

Anita Noire

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