Romance del río Genil. Por Juan A. Galisteo Luque

Vista de Écija desde el campanario de una de sus torres

 

ROMANCE DEL RÍO GENIL

 

 Lleva el Genil un gemido
alojado en su garganta,
viene arrastrando un suspiro
que esconde bajo sus barbas.
Sus fuertes aguas ingentes
de esas cumbres elevadas,
sacian las tierras agrestes
y se entregan cuerpo y alma,
para que Muley Hacén,
rey nazarí de la Alhambra,
pueda descansar tranquilo
allá arriba, en la montaña.
Del Real y del Guarnón,
ríos de fuentes muy altas,
el río Genil recoge
sediento la nieve blanca
del Veleta y Mulhacén,
picos de Sierra Nevada.
Cruza Pinos y se aleja
adentrándose en Granada,
donde besa al río Darro
entre promesas y lágrimas.
Chauchina y Fuente vaqueros,
deja atrás, y desde Lachar,
Villanueva de Mesía,
Huétor, Loja y, luego Hiznajar,
llega a Cuevas de San Marcos,
donde con ganas y gracia,
asoma en Benamejí,
y en Puente Genil avanza…
Haciendo honor a su nombre,
promesa de una semblanza,
abandona Isla redonda
y el vivo caudal alcanza
Écija, por un costado,
para morir de arrogancia
allá, en el Guadalquivir,
al que enriquece y abraza
ya por tierras cordobesas
del municipio de Palma.
Cruza silencioso el río
por esas torres calladas,
torres barrocas que sueñan,
que no duermen y se alzan
despertando su belleza
en esas calles y plazas.
Lleva el Genil un gemido
alojado en su garganta,
viene arrastrando un suspiro,
escondido entre sus barbas,
porque en Écija, la grande,
un temor vivo le espanta,
y él sabe que no regresa…
Solo y llorando se marcha.

……………….

 

Juan A. Galisteo Luque

Del poemario: Versos y paisajes
Fotografía del autor: Vista de Écija (Sevilla)

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