Los sábados, pobre. Por Rafael Borrás Aviñó

El centro comercial ocupaba tres manzanas en la isla de asfalto, luminosos y escaparates más concurrida de la ciudad. Una vez liquidada la competencia pudo monopolizar los sueños íntimos del cliente y gobernarlos a placer. De lunes a sábado una procesión interminable de hormigas compradoras, con cada yo individual disuelto…

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