Baile del deseo. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Descubro mis huesos encharcados de besos que no dejan de brotar. Se abren camino (los besos) agrietando mi pequeño ombligo. La sangre, perturbada, baila entre mis venas. Me revuelco, –alborotada niñaloba– entre tus piernas. Y te llamo, lamiendo con calor tus pechos velados. Duermes, y al abrir los ojos, atrapas…

