Amantis. Por Felisa Moreno Ortega

Alquilé el piso por Internet; pleno centro, noventa metros a un precio irrisorio. Entré en la sala de estar y comprendí enseguida por qué ella era la reina de la habitación. Su piel blanca brillaba como los ojos de un felino al acecho. Pura provocación. Me acerqué con recelo y…

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