167- Desquite. Por Moisés Tafurt
Pese a que me siento cruel por mi brusco proceder, no la soportaba más, y la encerré en el cuarto de baño, para que disfrutara de la mierda, al final, es lo que hace mejor.
Relatos a concurso
Pese a que me siento cruel por mi brusco proceder, no la soportaba más, y la encerré en el cuarto de baño, para que disfrutara de la mierda, al final, es lo que hace mejor.
Desempleada y sin dinero; así me encontraba en los comienzos del 2009. Habia vuelto de un viaje de mochilera por la India que decidí emprender cuando terminó mi pesadilla, o mejor dicho, mis pasantias como abogada.
Entra el día por la ventana. La luz mortecina que lo acompaña me permite distinguir que es un martes…, como siempre.
Como una especie de percusión totalmente arrítmica, un leve repiqueteo comenzó a sonar en la calle, prefacio de lo que se avecinaba. Pasados unos pocos segundos, los proyectiles de hielo que caían del cielo empezaron a hacerse perceptibles a la vista.
Horas de calor intenso cuando el sol abrasa los olivares del paisaje lejano. La casa, una antigua casona de la hidalguía rural andaluza, se alza en el promontorio que domina la llanura de olivares. Desde sus jardines en bancales contenidos por la muralla árabe, las vistas alcanzan las Sierras de Cazorla y de Mágina a través de los olivares que flotan en los cerros.
Desde el balcón, Carlos veía alejarse la ambulancia que llevaba a su abuelo. Se desvaneció mientras lo afeitaban y el médico de urgencia aconsejó trasladarlo al hospital para hacerle algunas pruebas.