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109- Apostando Vidas. Por Truman C.

Todo fue una democr√°tica canallada. No intento buscar testigos para demostrar lo absurdo que es el azar. √Čl pod√≠a ganar o perder, triunfar o arruinarse. El azar hace eso con la gente, alimenta la avidez del hombre hasta obligarlo a dejar todo en la mesa. No tomar en serio una partida puede convertirse de antemano en lo m√°s est√ļpido que se podr√≠a hacer. Hay abundantes juegos que por ganar pagan en efectivo, pero hay algunos pocos que te premian con devolverte la vida.

Entonces no debe escasear avaricia al momento de apostar. Si algo de provecho o lucro puedes sacarle a esto, es que al cabo de un tiempo te conviertes en un ser sadomasoquista que puede pasar el día disfrutando con dejarse quitar o llevarse algo de los demás. He visto muchas veces a gente empezar el juego dibujando una sonrisa y terminar en unas horas empujando algunas lágrimas. Fui un mero observador de aquel espectáculo infame donde casi siempre se juega unos centavos y rara vez la vida.

 

Pau ten√≠a cerrada la mano izquierda, convertida en un pu√Īo donde se concentraba todos sus pensamientos y esperanzas. La mano al abrirse, pari√≥ un par de dados en forma de calaveras reducidas, los llamaban lo dados muertos. Conocidos entre los hampones por ser embajadores de muerte. Ya se sab√≠a que quien perdiera con ellos solo se le volver√≠a a ver en caj√≥n y bien tieso. Aquellos salieron disparados hacia el centro de la redondela. Estos rodaron y rodaron, √°vidos por dar un resultado. En su camino levantaron un polvillo denso que para algunas hormigas pudo haber sido una cat√°strofe, pero para nosotros fue m√°s que eso. Era ver al amigo padecer en manos del azar. Ten√≠a los ojos cerrados y respiraba por la boca. Sufr√≠a mucho como todos aquellos que apuestan la vida y el alma de los dem√°s.

‚Äst¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Doce, pero imposible! ‚Äďsalt√≥ enfadado Lorent. Mientras detr√°s de √©l la algarab√≠a de los partidarios de Pau celebraban la salvaci√≥n de su jefe ‚Äď. ¬°Pero qu√© carajo comes que tienes tanta suerte!

‚Äst¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Pues si ser√°n burros! ‚Äď Pau empez√≥ a re√≠r a carcajadas y le siguieron con la risa sus compinches‚Äď. ¬°Ustedes son unos herejes! ‚Äď se dirigi√≥ a todos, jadeante de emoci√≥n‚Äď. Como lo ven yo en la tierra ser√© hu√©rfano de padre, pero en el cielo tengo uno.

‚Äst¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Tonter√≠as, ¬Ņme oyes? Tonter√≠as! ‚Äďle contest√≥ Jos√© con rabia y apresur√≥ a decir ‚Äď.Yo tambi√©n tengo mis estampas de Santa Rosa de Lima y San Martin de Porres. ¬ŅLo viste, ya te convenciste? ‚Äď le puso en frente de la cara unos peque√Īos retratos‚Äď. As√≠ mi madre me cuente que te ve ir a la iglesia todos los domingos y comulgar con las viejas menop√°usicas, yo no te creo nada.

Lorent se llev√≥ un gran susto. Mir√≥ a su alrededor y repas√≥ con la ¬†mirada a cada uno de los presentes. Conforme los observaba ya nadie le sonre√≠a. Record√≥ que hab√≠a apostado lo m√°s valioso que pose√≠a. Aquel d√≠a, √©l supo que hab√≠a que jugarse algo y no tuvo m√°s remedio que jugarse la vida. Debo reconocer que jam√°s pens√© ver a alguien esperar algo del azar, del macabro juego de los dados muertos. No hab√≠a mezquindad en sus deseos, no se deten√≠a a pensar en el pro y contra de su victoria. Tan solo quer√≠a ganar y para ello llam√≥ a su pareja, la m√°s guapa de la cuadra. Se sab√≠a que ella lo quer√≠a mucho, estoy seguro que √©l pens√≥ que la √ļnica persona digna de verlo vivo o muerto al final de la tarde, era su amada Anabel.

Anabel tiraría los dados por Lorent. Quizás él pensó que el destino podría cambiar en otras manos, pero aquel día gris la suerte hasta aquel momento había elegido a un ganador. Lorent, ya durante media hora de juego siempre tuvo a la fe en la mente, pero jamás tuvo a la suerte en las manos.

‚Äst¬†¬†¬†¬†¬†¬† Si as√≠ tiene que ser, as√≠ ser√° ‚ÄďLorent se aproxim√≥ y le dio un beso en los labios a Anabel. Le puso cerca los dados, mientras le susurraba al o√≠do‚Äď. Ante todo, recuerda que no hay premio m√°s grande en mi vida que haberme convencido que eres lo que yo m√°s quiero ‚Äď√Čl nuevamente la bes√≥, pero esta vez en la frente y ella lo recibi√≥ con resignaci√≥n, reserv√°ndose la mirada.

Conforme √©l se alejaba Anabel qued√≥ quieta, observando a los dados muertos en el piso, intentando buscar una respuesta a los actos y pensamientos de Lorent. No exteriorizaba sus sentimientos, no dejaba aflorar ni la m√°s m√≠nima emoci√≥n, lo √ļnico que optar√≠a por hacer seria alejarse de √©l, a pesar de quererlo locamente.

Detr√°s de la patota, algunos transe√ļntes se paraban a mirar con curiosidad el juego. Pero al instante quedaban estupefactos y se apartaban r√°pidamente, hu√≠an despavoridos, horrorizados porque sospechaban que todo acabar√≠a mal. Anabel recogi√≥ los dados e hizo un gesto serio de desprecio y odio. Empezar√≠a a agitarlos durante unos minutos, con repugnancia y dolor. De pronto, se sinti√≥ un cataclismo en la vereda, era un d√©bil temblor. Muy cerca un pesado y destartalado √≥mnibus pasaba con una velocidad distinta, provocando algunas explosiones. Aquellas detonaciones hicieron creer a algunos que inevitablemente en alg√ļn momento la carrocer√≠a llegar√≠a a su fin. Entonces, en ese mismo instante Lorent record√≥ a su mam√° y su osteoporosis. Los huesos y el metal con los a√Īos deb√≠an de sufrir lo mismo pens√≥. Imagin√≥ como habr√≠a quedado el asfalto, todo manchado de √≥xido, como peque√Īos charcos secos de sangre.

Al instante un presentimiento abord√≥ a Lorent. Observ√≥ fijamente al conductor del √≥mnibus. √Čste sorprendido lo mir√≥ a los ojos, tom√≥ el volante con una sola mano y muy asustado como si la direcci√≥n o los frenos hubiesen dejado de funcionar, intent√≥ abrir la ventana. Su esfuerzo no encontraba respuesta, la impaciencia lo hizo forzar la vieja cerradura con tal ferocidad, que con el √ļltimo manotazo rompi√≥ el peque√Īo seguro y apresurado grit√≥:

–¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Oigan cabrones, los veo en la cancha a las dos de la tarde y no se olviden de llevar la mercader√≠a o la plata, cabronazos! ‚Äď El chofer, se carcaje√≥ y le mostr√≥ su mano hecha un pu√Īo y el dedo medio erguido en se√Īal de burla. Se les qued√≥ mirando unos momentos hasta que nuevamente puso atenci√≥n al volante.

Todos dieron un salto. Estaban sorprendidos y no tuvieron remedio que apresurar sus reclamos. Le increpaban su tardanza.

–¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Dale Lorent, no la hagas larga! ‚Äď repiti√≥ uno tras de otro, con euforia ‚Äď ¬°D√©jate de mariconadas y que empiece a jugar!

Lorent se llev√≥ sus manos a la cabeza y una vez m√°s no pudo creer que estuviera jug√°ndose la vida. Algo p√°lido e irritado, se aferro a las probabilidades y las matem√°ticas. Anabel sent√≠a latir fuertemente su coraz√≥n, arroj√≥ los dados sin ning√ļn c√°lculo y estos se movieron con velocidad supers√≥nica. Nada parec√≠a alterar el curso de los dos gemelos. Todo se qued√≥ suspendido en el tiempo. Lorent ya no pens√≥ mucho en el resultado y solo atin√≥ a ajustar la gorra Nik√© que llevaba en la cabeza, era la peor imitaci√≥n que pose√≠a. La gorra ayudaba a no dejar escapar la tibia l√≠nea de sudor que empezaba a revelarse en su sien y que cobraba vida, conforme tomaba cauce en el tajo que surcaba su rostro. R√°pidamente Anabel regres√≥ la mirada hacia Lorent, algo menos asustada vio que aquellos dados ya hab√≠an dejado de tropezar. Ella se par√≥ y √©l la vio irse sin rumbo conocido.

–¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Mierda! ‚Äď se escuch√≥ la voz de Julio, hermano de Pau ‚Äď ¬°Lorent, al parecer perdiste a t√ļ mujer, pero a√ļn tendr√°s los huevos en el pantal√≥n! ‚Äď se le escucho re√≠r en voz alta, como desquiciado.

–¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Jos√©, est√°s cagado! ‚Äďa√Īadi√≥ Pau y se acerc√≥ a √©l. Empez√≥ a hacerle algunas muecas en se√Īal de burla.

Pasada la fuerte impresi√≥n, Lorent no perdi√≥ de vista a los dos gemelos. Parti√≥ el mondadientes que ten√≠a en la boca y lo escupi√≥ en se√Īal de amenaza. El desafortunado objeto cay√≥ muy cerca de Jos√© que ya dejando de lado la determinaci√≥n que lo hab√≠a acompa√Īado al principio del juego, cogi√≥ los dados con mucha duda y s√ļbita verg√ľenza. Fue en ese momento que m√°s pudo su rabia y los apret√≥ con tanta desesperaci√≥n que alguno de ellos parec√≠a desintegrarse en su mano zurda. Los dados parec√≠an sufrir un deterioro acelerado bajo su protecci√≥n. Los mantuvo cautivos en su mano sucia y cre√≠mos que no era justo que los aprehendiera y aniquilara al mismo tiempo.

A lado de Pau estaba Mario, el √ļnico que hab√≠a estado en prisi√≥n. Se caracterizaba por tener un extra√Īo estado de √°nimo, no se inquietaba al hablar de la muerte, no sudaba fr√≠o como el resto. Parec√≠a brillarle algo de bello en la frente. Ya nos hab√≠amos acostumbrado a verlo sin pelo, a ponerle apodos, era el calvo. Y fueron sus manos callosas las que cogieron los dados gastados y los cuadr√≥ en medio de la improvisada mesa de apuesta.

–¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Jos√© tu turno! ‚Äďintervino Mario, dando un golpe en el suelo. Encendi√≥ un cigarrillo, sin moverse de su sitio‚Äď. ¬°Hay que dejarse de ma√Īas! ¬ŅHasta cu√°ndo vamos a estar aqu√≠? ‚Äďdijo, con voz rabiosa y fr√≠vola, mientras miraba fijamente la camiseta ce√Īida de una mujer que cruzaba la calle.

Un juego m√°s, y todo se acabar√≠a. Jos√© ser√≠a el √ļltimo en arrojar los dados. √Čl cerraba el c√≠rculo y ya hab√≠a dejado de ser raqu√≠tico, su sombra se hab√≠a hecho inmensa, parec√≠a haberse alimentado con la maldad de todos. Ahora sus ojos negros ya no se replegaban como los del chino que vend√≠a cigarrillos en la esquina. Ya todos sab√≠amos que Jos√© era un sopl√≥n, un cobarde y que por √©l est√°bamos en el canch√≥n apostando vidas. En un acto involuntario, Jos√© se arrodill√≥ y su sombra pareci√≥ adquirir una terrible maldad. As√≠ que en un instante, como quien desea tener algo de intimidad en momentos de gran duda y decisi√≥n. Acerc√≥ los dados a su boca y susurr√≥ algo. Vimos sus gestos amorfos traducirse en una maldici√≥n.

–¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬°Vamos pap√°! ‚Äďexclamo sin percatarse que hab√≠a levantado mucho la voz‚Äď ¬°Si me ayudas dejar√© un muerto cada d√≠a en tu nombre! ¬°Por mi alma que lo cumplo! ‚Äďlos agit√≥ y les dio una soplada. Los arroj√≥ con entusiasmo y un efecto demon√≠aco ‚Äď ¬°ah√≠ van! ‚Äďobserv√≥ a su alrededor‚Äď ¬°Sarta de rosquetes!

Jos√© necesitaba once para poder emparejar la cuenta y un doce para ganar. Trascurridos pocos segundos se vio a los dados perder velocidad. Jos√© empez√≥ a creer en los sacrificios y pactos demoniacos, pero mientras se acercaba m√°s al resultado, murmuraba extra√Īas palabras r√°pidamente. Parec√≠a jurar y prometer todo, as√≠ tuviera que entregar su alma, √©l lo har√≠a a ojos cerrados.

He tratado de recapitular con exactitud ese √ļltimo instante, pero solo recuerdo haber escuchado a alguien decir: ¬°Te jodiste, sacaste diez! A los pocos minutos se oy√≥ el rastreo de un arma y las sombras desaparec√≠an a falta de pocos minutos para las dos de la tarde.

Luego en la cantina ya por la noche, los parroquianos solo hablaban de la balacera en la cancha. Un hombre había matado a tres sujetos, y otros tres lo acabaron por quedarse con algo que no era suyo. En una esquina de la cantina, amparado bajo la sombra Lorent tomaba un trago, una Pilsen Callao bien helada. Yo llegué a la hora pactada y me ubique en el lugar de siempre. Nos saludamos y brindamos por el reencuentro.  Durante la conversación no dudé en advertirle que cuidara y vendiera la mercadería, ya sabía él que no valía la pena morir por un poco de dinero. Al cabo de una hora, Lorent me mencionó tener aburrimiento, y yo sacando del bolsillo los dados muertos, le pregunto:

–¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬ŅTe animas? ¬ŅQu√© tienes para apostar? ‚Äď pregunt√©, y de su pecho o√≠ un quejido.

16 Comentarios a “109- Apostando Vidas. Por Truman C.”

  1. Agatha dice:

    Voto por este relato.

  2. SIERRA HELADA dice:

    No puedo seguir leyendo.
    Vello: pelusa, bozo, pelillo, etc
    Bello: gal√°n, adonis, lindo, etc
    Vello con uve
    “Parec√≠a brillarle algo de bello en la frente”

  3. Truman C. dice:

    Gracias Alfred H. Me sorprende haber entrado a la final. Se ve que al final los amigos del barrio votaron. Gracias por el apoyo, hay buenos textos entre ellos el tuyo, as√≠ que ya en breve emitir√© mis votos. Feliz A√Īo.

  4. Voto por este relato.
    Una sonrisa que me has arrancado vale por un voto.
    Suerte.

  5. Alfred Hitchcock dice:

    Mucha suerte

  6. Alfred Hitchcock dice:

    Voto por este relato

  7. r: flores dice:

    que interesante ¬°Plop!

  8. Grace Aigner dice:

    Mucha suerte Truman!!!

  9. LILI GY dice:

    BUENA……

  10. Hóskar-wild is back dice:

    ¡Pos menuda bala(s)cera por un quítame allá esos dados! Muy poco valor tiene la vida en ciertos sitios. Suerte.

  11. Valeriee dice:

    esta super bonito e interesante… suerte ūüôā

  12. Lotte Goodwin dice:

    Mantiene la tensión ese juego macabro con final esperado pero no por ello mal resuelto. Todo lo contrario.
    Enhorabuena y suerte.

  13. Bons√°i dice:

    Truman C.:

    Una excelente escritura.
    Imprimes una intensidad alargando un momento, que llega a erizar.

    Un abrazo.

  14. sacha dice:

    Me gustó mucho, pero está más cerca de Borges que de Capote.
    Suerte.

  15. Dies Irae dice:

    Truman C., mi otro vecino, es un hombre paciente. ¬°Qu√© capacidad para alargar un instante! No s√© si desear√≠a encontrarme con √©l en el ascensor una ma√Īana con prisas.

    He sentido curiosidad por saber de dónde procede ese inquietante juego de azar, pero no he sido capaz de encontrarlo, ni descubrirlo por los modismos de su jerga. Seguramente, por mi escasa paciencia. Quizá me lo cuente un día en pocas palabras.

    Un saludo, Truman. Suerte.

  16. Lovecraft dice:

    El relato de una fatídica partida de dados que podría haber salido de las páginas de cualquier novela negra. Las escenas del lanzamiento de los dados transmiten una tensión muy bien conseguida.

    Xorti

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©Joaquin Zamora. Fotógrafo oficial de Canal Literatura

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