218- No soy un Carlos cualquiera. Por Jucorva
- 3 noviembre, 2012 -
- Relatos -
- Tags : 9 Certamen de Narrativa Breve 2012, guerra, relatos
- 3 Comentarios
Me llamo Carlos y puedo aseverar que soy el peor hombre del mundo. Algunos esperarían que un austríaco llamado Adolfo o un georgiano llamado José fueran los más malos, por suerte ya no están con nosotros. Gracias a mí el 9 de Agosto ya nadie lo va a recordar por el nacimiento de Jean Piaget o la muerte de Herman Hesse.
Nunca me pudieron acusar de hostigar a mis compañeros de colegio. Yo también fui un chiquilín que jugó a los soldaditos, aunque los trenes eléctricos fueron mi debilidad. A pesar de eso el glorioso destino de mi nombre no correría por rieles.
Mi padre era plomero y estuvo orgulloso cuando a los 22 años le dije que me alistaba en el ejército. No hay mayor valentía que estar dispuesto a dar la vida por la patria. Todavía la guerra era una cuestión que mirábamos con preocupación pero sin meternos. No imaginaba que tendría diez hijos ni que en el traje me pondrían la estrella plateada con la que se condecora el desempeño.
Esa mañana desayuné con cocos y mangos en una paradisíaca isla que antes fue española y alemana, cerca de la fosa más profunda del planeta. Las olas del Océano Pacífico no hacían honor a su equivocado nombre. Tenía 25 años y amaba esas máquinas que me acercaban a la Luna y me hacían ver pequeño hasta lo más grande. Hice un chiste fácil: ¿Cuál es el colmo de un aviador? Que su novia lo mande a volar.
La inolvidable jornada conduje un aparato cuyo modelo terminaba en 9. Las nubes salvaron al primer objetivo de mi misión y decidí ir al segundo. Cuando ya estaba desesperado y con escaso combustible el cielo se abrió un poco, así pude comprobar que abajo estaba lo que quería ver.
Fue la primera vez que hacía entrega de un explosivo mensaje. Si hubiera apuntado justo donde estaba planeado no sólo el 60 % de la ciudad hubiese sido sinónimo de destrucción. Aunque coqueteé con la muerte al aterrizar sé que algunos quisieron penalizar mi falta de precisión, pero uno de los grandes jefes los paró en seco.
Tres días antes acompañé como escolta de observación e instrumentación al comandante Pablo, en esa ocasión piloteé al “Gran Artista”. Soy el único que puede sostener sin duda alguna que el gigante hongo celestial que provoqué fue más bello que el suyo.
Podrán decirme que él mató a quince mil personas más haciendo lo mismo que yo: abriendo una compuerta para permitir la salida de un pesado proyectil. Pero seamos serios, ¿No están de acuerdo con que la segunda bomba atómica fue más imperdonable que la primera? Aparte, convengamos algo: ¿Conocen una forma más cruel de salvar miles de vidas?
Uno de mis compañeros de aquel histórico vuelo se suicidó hace diecinueve años, siempre le dije a mi mujer que era un debilucho. Pensándolo bien yo sólo cumplí órdenes, únicamente fui parte de un gran engranaje cruel. Quizás no sea tan diabólico como creo porque después de todo gracias a mí se terminó la segunda, y jamás superada, carnicería humana mundial.






¿Conocen una forma más cruel de salvar miles de vidas? Siempre he pensado lo mismo.
Suerte
Los criminales de guerra no tienen bando. Sólo se juzga a los perdedores pero a los ojos de cualquier analista imparcial aparecen los horrroes que cometieron unos y otros. Ninguno es justificable. Ninguno. Asesinos jugando a ser salvadores de patrias. Suerte.
Eres la bomba!!Nunca mejor dicho.
Me voy a poner seria porque el relato lo requiere.Hace poco ví un documental sobre los daños que provocó esa bomba nuclear.Un relato que sigo sin digerir después de algunos días.No tuvieron bastante con una, que ese avión ligón( B-29) suelta otro pedo y se lleva por delante más de mil personas.
Cuando te piden que le critiques , realmente lo que piden es un halago( lo dijo alguien).No me refiero a su relato, pero voy a halagar el suyo porque aunque la crueldad se masca en el ambiente, no deja de ser un arte el describirlo y de esta forma.
Es usté mu malo!Carlos
Suerte