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257- El apeadero. Por Edgar Alan Bécquer

El silbido de la vieja locomotora de vapor sacó bruscamente a Juan del profundo sueño en el que había quedado atrapado. Los duros asientos de madera del vetusto vagón en el que viajaba eran especialmente incómodos, pero a pesar de ello acabó rindiéndose al enorme cansancio acumulado tras varias semanas de viaje. Había dormido poco desde que salió de su casa en Niterói, una ciudad industrial situada a cinco kilómetros en línea recta de Río de Janeiro, justo al otro lado de la bahía de Guanabara. La travesía del Atlántico había resultado bastante accidentada a causa de algunos problemas mecánicos surgidos en el barco y sobre todo por las malas condiciones climatológicas. Nada más desembarcar en la costa gallega se había cruzado con otros paisanos que se disponían a realizar el mismo trayecto pero en sentido inverso. Después cogió ese viejo tren cuyo destino era la tierra que le vio nacer y a la que no había vuelto desde que emigró en busca de un futuro mejor.

Medio adormecido por el traqueteo acompasado del pequeño convoy, Juan entreabrió los ojos lentamente y echó un vistazo a su alrededor. No viajaba nadie más con él. Entonces dirigió su mirada hacia la ventanilla. Era una fría tarde de otoño y algunos rayos de sol aún conseguían filtrarse a través del bosque de castaños, originando unos destellos fugaces cuyo resplandor iluminaba las sombras de sus recuerdos plasmando imágenes de un lejano ayer en el lienzo de su memoria. Hacía mucho tiempo que los enebros y los robles de su tierra natal se habían convertido en las yucas y las palmeras de su tierra de adopción, y ahora, de regreso a sus raíces, la contemplación de aquel paisaje de su infancia y su adolescencia le producía un extraño sentimiento mezcla de nostalgia y de temor al rencuentro con el pasado, un pasado lleno de penurias y de duro trabajo en aquellos montes, pero sobre todo teñido de negro por la pérdida de todos sus seres queridos. De hecho, no sabía muy bien por qué regresaba. Nadie le estaría esperando a su llegada, ni siquiera volvería a ver el ahora desaparecido pueblo donde nació, pero una misteriosa fuerza le había empujado a realizar ese viaje de vuelta a sus orígenes.

Todavía atrapado en la frontera entre lo onírico y lo real, Juan recordó haber soñado con Rosa, aquella chica de figura menuda y bonitos ojos verdes cuya melancólica mirada tanto le había impresionado el día que la conoció durante la celebración de las fiestas de su pueblo. Se sintieron atraídos desde el primer momento y juntos compartieron un buen trecho del camino de su juventud hasta que una fuerte neumonía mal cuidada se la llevó de este mundo. Su pérdida le había sumido en una terrible depresión que solo la distancia y el paso de los años supieron curar, aunque no del todo.

Seguía absorto en el universo de los recuerdos cuando un nuevo e inesperado silbido de la locomotora le devolvió al presente. La inminente llegada a su destino le estaba provocando una sensación de creciente ansiedad. Durante todo este tiempo al otro lado del charco, Juan había soñado con volver un día a su tierra, orgulloso de haber triunfado en su nueva vida, para rencontrarse con su familia y disfrutar de nuevo junto a ella de todos aquellos momentos que tanto echaba de menos y que aún estaban vivos en su memoria. Pero la realidad había sido bien distinta.

Nada más llegar a Brasil había encontrado un trabajo de estibador en el puerto de Niterói. Ganaba lo justo para ir tirando. Por entonces alquilaba un pequeño cuarto en una pensión próxima al puerto. Pasados unos años pasó a formar parte de la plantilla de la compañía propietaria de los transbordadores que hacían el trayecto entre la ciudad y Río de Janeiro a través de la bahía. Se mudó a una casita baja situada en una popular barriada de pescadores y allí estuvo viviendo todos estos años en los que nunca llegó a ahorrar la plata suficiente para poder regresar tan pronto como él hubiese querido. Tuvo que seguir trabajando hasta que se jubiló. De entre todos aquellos emigrantes que en ese principio de siglo salieron de su tierra para hacer las Américas, solo unos pocos consiguieron hacer fortuna. La gran mayoría trabajó muy duro para sacar adelante a sus familias y nunca pudo regresar. Juan no llegó a casarse. Eligió vivir su vida en solitario, aunque hizo buenos amigos con los que compartió alegrías y penas. Algunos ya habían abandonado este mundo, y los que todavía estaban habían ido a despedirle al puerto de Río el día de su partida.

Mientras contemplaba de nuevo a través de la desencajada ventanilla el paisaje de esa sierra que tanto había recorrido desde niño, Juan recordó el día en que se fue de allí huyendo de un presente cargado de miseria para empezar una nueva vida llena de oportunidades. Sus padres y su única hermana, mayor que él, le habían acompañado hasta el apeadero. Su madre le había preparado algo de comida para el viaje y su padre le había regalado un viejo reloj de cadena que también había pertenecido a su abuelo. Su hermana le había bordado un pañuelo con sus iniciales sobre el que Juan derramó alguna lágrima en el momento de subirse al tren. Él les prometió que en cuanto encontrase trabajo les enviaría regularmente algo de dinero para que pudiesen cubrir mejor sus necesidades. Y así lo había hecho durante varios años, hasta que un terrible golpe del destino se llevó a sus tres seres queridos al mismo tiempo.

Fue una madrugada de un mes de enero, unos cuantos años después de su partida. Todo sucedió muy deprisa. Un muro de contención mal construido en una presa recién inaugurada en la región había cedido bajo la enorme presión del agua acumulada, que una vez liberada corrió ladera abajo como un gigantesco torrente desbocado y acabó inundando una buena parte del valle, sumergiendo su pueblo para siempre. La catástrofe había pillado por sorpresa a sus habitantes que en su mayoría habían fallecido. Entre ellos estaban sus padres y su hermana. Nunca se encontraron sus cuerpos, como tampoco se recuperaron los de aquellos que también fueron sorprendidos  en mitad de la noche por la inmensa riada. Los escasos medios de la época así como el difícil acceso a la zona habían impedido que las primeras ayudas llegaran a tiempo. Juan se enteró de lo ocurrido por los periódicos varios días después. Ya era demasiado tarde y no podía hacer nada para cambiar ese trágico destino. Un profundo sentimiento de tristeza e impotencia le invadió por completo en aquel momento. El consulado le confirmó que su familia había quedado sepultada bajo las aguas al igual que el pueblo entero. Lamentaron lo ocurrido y le dieron el pésame. Ninguno de los verdaderos responsables de aquella tragedia fue condenado por la justicia. Los pobres fueron una vez más las únicas víctimas.

La vieja locomotora de vapor lanzó otro silbido al tiempo que reducía su marcha. El final del viaje estaba cada vez más cerca. Juan se puso la cazadora y esperó a que el pequeño tren de madera se detuviese por completo para bajarse.

La noche iba desplegando lentamente su oscuro manto sobre el frondoso valle. Una densa y gélida niebla lo invadía todo a su alrededor y apenas se podía vislumbrar la única farola de gas que iluminaba tibiamente el andén. El antiguo apeadero parecía abandonado y sus viejos muros de piedra gris estaban totalmente cubiertos por la hiedra y la madreselva, mientras una gran cantidad de juncos ocultaba la mayor parte de las vías. Un profundo silencio reinaba en todo el lugar y Juan comenzó a sentir un gran desasosiego. Era un dos de noviembre y en esa época del año el ambiente estaba cargado de humedad, debido en gran parte a la proximidad de aquel lago en donde yacía, bajo sus frías aguas, una parte muy importante de su pasado.

De repente tuvo la sensación de estar siendo observado a través de las sombras.

             -Por fin llegaste. Llevamos mucho tiempo esperándote –le susurraron al unísono varias voces.

Un terrible escalofrío le recorrió el espíritu. Aquellas voces… ¡No era posible!

             -Deseábamos ardientemente que pudieses llegar a tiempo de celebrar con nosotros la fiesta de difuntos. ¡Te echábamos tanto de menos! –oyó que le decían.

Entonces vio surgir de entre la niebla a cuatro figuras vestidas de negro con los brazos tendidos que venían hacia él. En ese momento Juan fue consciente de que había atravesado la frontera entre la vida y la muerte y empezó a experimentar una profunda paz interior.

41 Comentarios a “257- El apeadero. Por Edgar Alan Bécquer”

  1. Edgar Alan Bécquer dice:

    Chère Marie:

    Usted si que entiende de la buena música de verdad. Se me saltan las lágrimas al escuchar «Canción del mar» interpretada por la sublime voz de Dulce.
    ¡Que viva la madre que la parió!

    ¡Y la de uzté también, por ese arte, ese salero y esa gracia!

    ¿Cómo voy yo a pensar mal de usted porque viene a verme con una copa en la mano? Lo que tiene que hacer la próxima vez es traerse otra copa pa mí y que podamos brindar por la insostenible ligereza del ser.
    Yo pongo el vino, el champán (o si lo prefiere el cava), la caipirinha y el auténtico orujo gallego (vaya fama virtual que está cogiendo el menda lirenda por estos lares, pero cuando el río suena…).

    Febrero nos dice adiós «todo vestidito de blanco» para dejar paso a un marzo preludio de un nuevo renacer de la naturaleza (este tiempo me vuelve melancólico y hace que salga el poeta que llevo dentro de mí).

    Una cosita, no he entendido lo de la Citedelle esa de la que me habla, ¿o quizá quiso decir Citadelle?. Acláremelo s´il vous plait.

    Bonne soirée à la Marie lectrice.

    El franchute

  2. leforeverdelamari dice:

    Cada vez que me paso por su chiringuito vengo con una copa en la mano, va a pensar usté mu mal de mí.Pero es que cuando venía de dejarle a Luis Felipe mi enhorabuena he visto la lucecita parpadeando y me dije…»Creo que me llama el franchute».Erpaco déjelo en Barbate que está cogiendo olas por Tarifa con la tabla nueva, le está haciendo el rodaje, porque la otra se la escachiforré cuando me divorsié de él.Jajjaja

    Bueno, qué pasa, le gusta el Rodrigo?…

    La última vez que le escuché fue en Sevilla, en el teatro Lope De Vega.A Dulce Pontes hace mucho más, pero esa noche es de las noches que no quieres olvidar, ambos dos son ejemplo de que ese saudade que dice que lleva el portugués, también se puede combinar con tónica, uyyy( taba pensando en la Ging, se puede combinar y sale como yo jejejejej una cuchichí.

    No tendrá usté Citedelle?, es que «esto»( mire el vaso, ta vacio) sa cabao y han cerrado el aeropuerto, la pista donde aterrizaban los plumillas finalistas…

    http://www.youtube.com/watch?v=UCyEHhPJSlo

  3. Edgar Alan Bécquer dice:

    Hola lamarilectora:

    Gracias por este bello instante de música sublime. Qué bella canción «Solitude» y qué gran artista Rodrigo.

    Los fados más bellos los escuché en el Barrio Alto, una noche de septiembre de 1988. Se me ha quedado grabado y eso que ya han pasado algunos añitos… ¡Ah, la Lisa boa, la bella Lisa!

    Pues mire usted, me parece muy bien que siga conservando su acento sevillano y que sea por mucho tiempo.

    ¡Y yo que lo escuche!

    Por cierto, a mí también me gustaría otra buena sorpresa pero al revés. Esta vez una Paquita que fuese realmente un Paco (aunque no fuese de Barbate). No sé por qué me da a mí que al final vamos a tenerla. ¡Ojalá!

    Bonne soirée, la Marie lectrice

  4. leforeverdelamari dice:

    Hola Bécquer Híbrido

    Con respecto a su pregunta , he de decirle y le digo que yo hablo andalú, con el » seseo» típico del sevillano que aunque cruce fronteras, no hay quién le robe el acento.

    Hablarle de Portugal es quitarme una tira de piel, extraerme unos centímetros de sangre porque la llevo de parte de madre.Casualmente el moreno es heredado de un sevillano de pura cepa y sin mezclas, porque la madre hispano_portuguesa tiraba al rubio y de piel blanca.

    Decirle que pasear por La Alfama fué como pasear por mi propia casa y no es decirle que los sueños , sueños son, es que me tira ese país,es que vibré desde que puse el pié en esa tierra.Es que con un oporto y escuchando de fondo un fado, se me puede ir la vida.No es necesario parlotear portigués, ni portuñol, ellos me entienden, yo le entiendo…qué más dá.

    Tome un retazo lisboeta.

    Quiere un Oporto?.Pues vaya a esa mesa del rincón

    http://www.youtube.com/watch?v=qm3SJtaDqqw

    Pd_Rodrigo, un lisboeta que le da al francés de miedo

    la…marie

  5. Edgar Alan Bécquer dice:

    Boa tarde de domingo amiga mía. Muito obligado por los versos del gran Fernando.

    Como puedes comprobar hablo bastante bien el «portuñol».
    La verdad es que aprendí algo de portugués practicando con amigos y compañeros portugueses en mi etapa de emigrante. Después tuve la ocasión de visitar varias veces el bello país vecino al que siempre es un placer volver.

    ¿Y tú? ¿Hablas portugués o portuñol? ¿Tienes familia en Lisboa? Ah, la bella Lisa y sus bellas mujeres…
    Hablar portugués con acento zevillano tiene que ser un puntazo. Como lo es la universalidad del ser humano.
    ¡Vivan las mezclas raciales y culturales! Si no hubiese mezcla de genes y su intercambio se limitara a un espacio físico y cultural muy reducido, la degeneración de la raza humana sería cada vez mayor.
    Saco la caipirinha y te propongo un brindis por «una ciudadanía del mundo» que sustituya a todas estas nacionalidades que tanto nos limitan y que acaban con la verdadera esencia del ser humano: la universalidad.

    Ayer yo también salí a la calle con esas magníficas mareas multicolores y en la plaza de Neptuno canté y bailé por una sociedad más justa y solidaria, y contra el golpe de estado del sistema financiero. Éramos muchos, y cada vez seremos más…

    Te deseo un buen final de domingo y un feliz inicio de semana, ma chère Marie

  6. leforeverdelamari dice:

    Qué decirte de Fernando…Con esto es más que suficiente.

    Toma-me, ó noite eterna, nos teus braços
    E chama-me teu filho… eu sou um rei
    Que voluntariamente abandonei
    O meu trono de sonhos e cansaços.

    Minha espada, pesada a braços lassos,
    Em mão viris e calmas entreguei;
    E meu cetro e coroa – eu os deixei
    Na antecâmara, feitos em pedaços

    Minha cota de malha, tão inútil,
    Minhas esporas de um tinir tão fútil,
    Deixei-as pela fria escadaria.

    Despi a realeza, corpo e alma,
    E regressei à noite antiga e calma
    Como a paisagem ao morrer do dia. Tómame, oh noche eterna, en tus brazos
    Y llámame tu hijo… yo soy un rey
    Que voluntáriamente abandoné
    Mi trono de sueños y cansancios.

    Mi espada, pesada a brazos cansados,
    En manos viriles y calmas entregué;
    Y mi cetro y corona – yo los dejé
    En la antecámara, hechos en pedazos.

    Mi cota de malla, tan inútil,
    Mis espuelas de un tañir tan fútil,
    Dejelas por la fria escalinata.

    Despojé la realeza, cuerpo y alma,
    Y regresé a la noche antigua y calma
    Como el paisaje al morir del día.

    La poesia no está en deshuso.No sé qué fué primero el huevo o la gallina.Muchos lumbreras primero le dieron a los versos y después huyeron a otros géneros literarios, bueno, pues que le den.

    Hola tú, qué tal estás tú…jejej

    Lamarie trasnochando hip

  7. Edgar Alan Bécquer dice:

    Para lamari:

    ¡Y dale con llamarme de uzté!

    Una de las mejores cosas que tiene el inglés es que no hay ni «tú» ni «usted», todo el mundo es «you». Así se deja uno de gilipolleces.

    Y Pessoa, ¿no te recitaban sus versos antes de dormir?

    Gustavo Adolfo Poe

  8. leforeverdelamari dice:

    Si Bécquer me contaba leyendas de niña, Velazquez quiso ser mi peluquero.Pregúntele a Manet como se impresionó al verme pasar de un castaño muy oscuro a tonos más iluminados.Lo de la piel de verano me dijo que se arreglaba con un factor 50. jajajaja

    Pero cómo quiere usted que sea con mis antecedentes?.

    Gracias por ver ese video.Luis Garcia Montero pasa desapercibido pero es un escritor genial y muy buena persona

  9. Edgar Alan Bécquer dice:

    ¡Ole con ole y olé! ¡Esta es mi Mari (seguro que morena)!

    Y llámame de tú por favor, que no soy tan mayor (en mi juventud escuchaba a Serrat y a Pink Floyd). Y todavía los sigo escuchando.

    Primero muchas gracias por el enlace tan bello que me has dejado con tu comentario. No había visto este vídeo y la verdad es que me ha encantado. Y qué más añadir a tus hermosas palabras hablando de Granada, mi otra tierra. Escribes muy bien y te animo a que lo sigas haciendo. Lo de precipitarse al escribir es algo que nos pasa a todos, como ocurre con todo lo demás en esta vida. Es cuestión de paciencia y perseverancia. Seguro que tienes por ahí algunos relatos muy interesantes. Estaría muy bien que nos los dieses a conocer aquí a los «collègues», ¿no crees?

    Por lo que he leído tú también eres híbrida. Sevilla y Lisboa. ¡Qué bella mezcla!: el arte sevillano y la magia lisboeta. Ya he estado varias veces en las dos y nunca me canso de volver. Santa Cruz, Triana, la calle Sierpes, el parque de María Luisa, la plaza de España, el Guadalquivir…, y por otro lado Alfama, Barrio Alto, la avenida de la Libertad, el Rossío, la plaza del Comercio, Belém, el Tajo…, ¡qué bellos recuerdos! Volveré algún día otra vez.

    ¡Uy! Esto parece otra «Neverending story».

    También quería decirte que ejerces una profesión maravillosa y sobre todo muy humana. Enhorabuena y muchas gracias por todo lo que hacéis por los demás. Podríamos hablar horas y horas sobre el futuro de la sanidad en nuestro país. ¡Qué pena! Sólo espero que esta horrible pesadilla llena de siniestros personajes, tan codiciosos como mediocres, tan hipócritas como manipuladores, se acabe lo antes posible y deje paso a una sociedad donde lo más importante sean las personas, y no el puto dinero.

    En fín, «la Marie d´Espagne» (que no, que no suena tan cursi), espero que tengamos la ocasión de conocernos personalmente junto a los otros colegas. Tenemos que organizar algo entre todos.
    Bueno, seguimos en contacto.

    Besos desde el foro

  10. leforeverdelamari dice:

    El ritmo que hoy lleva mis pasos a su casa, va con un paso distinto al que acostumbro llevar con las teclas.
    Mis dedos siempre vuelan por este piano, reconozco que he de moderar este frenesí que me entra de forma descontrolada.Estoy en ello, creo que lo conseguiré sin pastillitas.
    Debería levantar la vista a la pantalla, porque a veces pide un corrector a gritos.Pero yo escribo y escribo con la misma intensidad que cuando hablo de algo o con alguien que me roza la piel, no esta que nos envuelve, esa otra que no se ve.

    La mayoria de las veces, me piso las palabras antes de cruzar los labios, pero hoy, ahora mismo querer hablarle de Granada es coger antes una silla cómoda, cruzar las piernas y oirla hablar, recitar.Porque Granada es pura poesía.
    Es una ciudad que habla por ella misma.Cada rincón es una leyenda, cada gota que baja por esa escalera del agua del Generalife es un eslabón que encadena un verso.Ella no necesita un piropo, ella necesita sólo una mirada y silencio para escucharla…

    Le dejo un enlace de alguien que sabe más de lo que yo quisiera decir con 2000 palabras.

    Espero le guste Bécquer híbrido

    Marie ( jejejej qué cursi jodé)

    http://www.rtve.es/alacarta/videos/esta-es-mi-tierra/esta-tierra-granada-luna-del-sur-luis-garcia-montero/683215/

  11. Asesino de Morfeo dice:

    Te esperamos por la vieja bodega..¡Fiesta!

  12. Dies Irae dice:

    ¡Ah! ¿Yo también puedo llamarte Luismi? Sí, eso no rompe el anonimato, supongo. Es que Edgar Allan Bécquer me apabulla un poco, querido amigo, cher collègue.

    Antes de que acabe el año, te diré que no tengo abandonado tu acertijo. Di con el viejo tío Nicolás y su protegido, fue fácil con las últimas pistas. También con la romántica historia de una tal Françoise, lástima que la novela esté ya escrita… o me habría puesto a ello de inmediato.

    Lo que no consigo es hallarme a mí misma, algo que, por otra parte, no es demasiado anormal, me temo. Sólo me faltaba pensar en otras vidas para terminar de desubicarme, pero, pasada la resaca, prometo intentarlo de nuevo; cada día leo mejor en francés, jejé.

    Lo que has logrado es unir mi humilde Alma de carrusel al bravo Auhaïtsic: aparece en google como tercera opción, con sus estrellitas incluidas. Si lo pienso, es como un agujero de gusano en el espacio-tiempo.

    Estimado amigo, que tengas un feliz y próspero (al menos en letras) año nuevo.

  13. cristina minguez dice:

    Luismi, me ha gustado mucho. Te felicito

    Saludos
    Cristina Mínguez

  14. Ricardo dice:

    Sinceramente, me ha sorprendido la capacidad narrativa. Sin duda estamos ante un magnífico escritor. Te animo a seguir adelante. Llegarás muy lejos. ¡Enhorabuena!

    Ricardo

  15. Edgar Alan Bécquer dice:

    Puesto que aún estamos aquí, os quiero desear a todos unas felices fiestas de Navidad y Año Nuevo, mucha Salud, Amor, Felicidad y sobre todo …¡mucha Inspiración! para 2013.

    Un cordial saludo para todos

  16. Edgar Alan Bécquer dice:

    Muchas gracias a las dos, Peregrina y Noemi, por vuestros comentarios.

    Siempre he oído que cuando una persona está a punto de morir ahogada bajo el agua, todo su pasado desfila ante ella en espacio de pocos segundos. Para ser sincero, no me gustaría vivir esta experiencia.

    Un cordial saludo

  17. Noemi dice:

    Me ha gustado mucho tu relato y el final es sorprendente.

    Suerte.

  18. peregrina dice:

    Hola Edgar
    Me ha sorprendido bastante la forma en la que Juan hace el viaje de una vida a otra, recordando todo
    Suerte
    Peregrina

  19. El asesino de Morfeo. dice:

    El sueño de Juan, desgraciadamente, se compraba con dinero. Mi abuelo decía que el dinero no es mas que dinero, pero si bien no era un fracaso el no volver como un rico Indiano, si lo fué no conseguir el suficiente poder volver a su tierra antes de que muriera su familia. Por supuesto que la vida trae otras cosas que desgracias: amigos y maravillosas puestas de sol, pero el sueño de Juan era el mundo que dejó un día, empapando de lágrimas el pañuelo de su hermana, y sólo le envolvió la paz cuando se encontró a los suyos, en su tierra, una vez muerto…¿No es eso un fracaso?
    ¡Coño, que asco de vida! te invito a un tintorro en la bodega, cántame una Samba de Brasil o recítame un poéma en francés a ver si se nos va la melancolía.

  20. Edgar Alan Bécquer dice:

    Merci beaucoup cher collègue Lovecraft.

    Lo mismo para ti

  21. El asesino de Morfeo. dice:

    Bueno, pues aquí estoy, a que me invites a una caipirinha mientras charlamos un poco.
    He vuelto a leer tu relato; me has dejado desconcertado por tu extrañeza ante mi percepción de fracaso en tu historia. Es obvio que yo tampoco hablaba de dinero, más bien del no cumplimiento en las expectativas que llevaron a Juan a marcharse de Galicia…»Juan había soñado con volver un día a su tierra, orgulloso de haber triunfado en su nueva vida, para reencontrarse con su familia…Pero la realidad había sido muy distinta.»….»nunca llegó a ahorrar la plata suficiente para poder regresar tan pronto como el hubiera querido».
    Parece que, además, tu protagonista nunca llegó a casarse ni a tener hijos, no se si por el recuerdo de Rosa o por sus esperanzas de volver…lo cierto es que no tengo la sensación de que hubiera arraigado en Brasil.
    Salvando la distancia y, desde luego las condiciones vitales, yo también he llegado a sentirme, a veces, emigrante: he extrañado mi pueblo, mi familia y mis amigos y, desde que partí, he soñado con volver. De hecho y con la jubilación, he vuelto a la que nunca dejó de ser «mi» tierra. Reconozco que mi vida se ha enriquecido con otras formas de vivir y con el conocimiento de personas importantes que jamás hubiera descubierto si no me hubiera marchado; pero yo si habría fracasado si no hubiera conseguido regresar a mis orígenes.
    Viajar es maravilloso cuando te impulsa a ello un afán de aventura o de turismo. Viajar solo, con la añoranza en el alma e impulsado por la necesidad, debe ser una de las experiencias más tristes para cualquier persona.
    Nunca quise que mi comentario sonara despectivo; siempre me han parecido más interesantes los perdedores que los triunfadores y tienes razón en decir que mi Juan también lo es: como tu historia, la mía está basada en hechos reales e intenté relatarla desde una mirada que centraba la atención en los personajes protagonistas de la trama. La reacción del pueblo se ve a través de la suposición de Juan…»el escándalo que sacudiría al pueblo» pero no quise darle más importancia que la que tenía en la venganza y sugerir más que ampliar. Un relato breve es lo que tiene….número máximo, dos mil palabras.
    De lo que si me reafirmo, despues de esta última lectura, es de la sensación de que tu Juan está vivo mientras nos habla. Desde el primer párrafo en el que nos relata las incomodidades del viaje hasta que se baja en el apeadero..»Juan se puso la cazadora y esperó para bajarse».
    Reconóceme que la imagen es muy fuerte para que nos estés hablando de un cadaver en un ataud.

  22. El asesino de Morfeo. dice:

    Para que veas que no solo es cachondeo lo que reluce, aquí me tienes, dispuesto a comentarte tu relato.
    La verdad es que rezuma una fuerte tristeza y una profunda sensación de fracaso y fustración. A mi si me ha gustado que desgranes la vida del emigrante, protagonista del relato, en un viejo tren de madera: es evocador y envuelve en el humo de la locomotóra los recurdos del personaje. En tu comentario a Dies Irae te sorprende que nadie lo captara como el símbolo del ataud y yo nunca hubiera pensado que Juan estuviera muerto; melancólico si, pero no muerto por lo bien que describe el paisaje que se supone ve por la ventanilla del viejo vagón.
    Si es cierto que es lo primero que escribes, me parece asombroso, yo también soy novato y no me atrevo a darte consejos tecnicos, pero como lector me parece que, a veces, repites conceptos e ideas que ya habías dejado claros, pero quizás por ello es tan fuerte el olor a fracaso que desprende tu historia..no se.
    A mi el final me ha gustado, una Santa Compaña (¿Se dice así?)familiar para darle la bienvenida me ha parecido el final que yo le hubiera dado, aunque yo le hubiera dejado llegar vivo.
    ¡Ay, que triste vida!..y que lo digas. Te invito a un buen trago de vino en la bodega, a ver si se nos pasa la morriña.

  23. Dies Irae dice:

    Estimado Edgar Alan Bécquer:

    Te agradezco tu paso por mi casa. Las cuatro palabras que dejaste, si bien son más que mi silencio en la tuya, no me dicen mucho.

    Intentaré romperlo pues, aunque me resulta difícil, pues tu relato se queda, para mí, en esa frontera entre lo que está bien y lo que podría ser muchísimo mejor, pero no sé si sabré decirte bien el porqué. Sé que peco de lectora dura y no me gusta herir, así que lo hago esperando que te sirva.

    En cuanto al argumento, utilizas -según has contado- una anécdota real para desarrollar un buen ejercicio de creación de la vida de un emigrante, pero, además, planteas de fondo el enfrentamiento con el final de la vida. En ese aspecto, lo veo bien desarrollado, aunque quizá, a lo largo del relato, podríamos haber ido viendo algo más de ese segundo plano.

    En la estructura hay algo que, claramente, no me gusta. Utilizar el viaje en tren para contar la vida del emigrante, desde su infancia hasta el momento en que decide volver, pasando por el accidente que destruyó el pueblo, a pesar de los saltos en el tiempo, no me parece un recurso realista: los recuerdos no son lineales y completos, son ráfagas, momentos puntuales especialmente vívidos, partes inconexas que, para quien las ha vivido o sabe contarlas, forman una historia. Al contarla así, no me parece necesario el «Juan recordó» que utilizas un par de veces. Sé que esto es muy subjetivo: todo mi comentario lo es, por supuesto.

    En cuanto al uso que haces del lenguaje, si bien utilizas un léxico rico y conveniente para la historia que cuentas, a mí me resulta excesivamente adjetivado. Y, sin embargo, no me transmite lo suficiente el cansancio de Juan, su tristeza, el dolor de sus pérdidas, su desasosiego, su miedo y su paz final. Tu narrador las dice, las nombra una a una, pero no me llega el sentimiento. Es la historia en sí la que lo transmite, porque es dura y triste, y nos hace revivir otras similares. Escribes muy bien, pero sin salirte del camino trillado, o de las vías que encarrilan ese tren que nos cuentas.

    Yo creo que este relato habría estado entre mis favoritos, pero necesita algo más para mí. Salirse, quizá, de la narración: mostrar más que contar. En tu seudónimo tienes dos grandísimos maestros que, cada uno a su manera, remueven el corazón y las tripas del lector. Hay que fijarse muy bien en cómo lo logran. Tú mismo has dicho por aquí que estás aprendiendo, como yo, como la mayoría de los que presentamos nuestros textos. Saca, por favor, de mi comentario todo lo bueno que te pueda aportar, lo que te sirva de mejora y acicate. Y, si te apetece, haz lo mismo con el mío. Ese «Ay, que vida tan triste» no me ha dado pie a demasiada reflexión. Ni siquiera sé en qué sentido lo dices.

    En cualquier caso, mucha suerte y un saludo afectuoso.

  24. Lovecraft dice:

    Estimado Edgar Alan Bécquer:

    Muchas gracias por dedicarle estos minutos a mi relato y también por tus elogiosos comentarios. Agradezco enormemente tú crítica. Siempre es bueno que alguien nos muestre nuestros errores (para eso hacemos públicas nuestras creaciones). El francés no es mi segundo idioma, así que la mayoría de las frases en esta lengua que uso en mi texto las extraje de páginas francesas de internet que contenían información sobre la vida de Bonaparte; dí por supuesto que estaban correctamente escritas. En fin, culpa mía. Como dicen los periodistas, debí contrastar la información.

    Te doy de nuevo las gracias por tu aclaración, pero te las daría el doble si me señalases cuales son los errores que he cometido.

    Un abrazo

  25. Edgar Alan Bécquer dice:

    Estimado colega Lovecraft:
    Muchas gracias por tus comentarios. Llevas mucha razón en lo de las formas verbales. Debo tener más cuidado con este tema. Por mucho que uno relea el texto y acabe cambiando ciertas cosas que no le acaban de convencer, al final siempre quedan muchas otras por mejorar. Estoy en ello. De hecho, para un aprendiz de escritor como yo, solo la perseverancia y el trabajo diario pueden hacernos progresar a la hora de componer un texto. De todas formas y por fortuna, cada día que pasa la vida nos enseña algo nuevo. Y que siga así porque si no esto sería muy aburrido.
    Un abrazo.

  26. Edgar Alan Bécquer dice:

    Muchas gracias a los dos por vuestros comentarios.
    Creo que lo mejor que le puede pasar a uno cuando escribe algo, llámese relato, cuento, novela, ensayo o poesía -si lo pensamos bien todos ellos tienen algo en común, y es que todos cuentan una historia, quizá la misma, real o imaginaria, o ambas cosas a la vez como pasa casi siempre, pues nunca sabremos donde acaba la realidad y donde empieza la ficción, o viceversa. Es solo una cuestión de formato-, lo mejor que le puede pasar a uno, decía, es que su lectura despierte en el lector el suficiente interés como para quedar atrapado en esa red invisible de sueños y emociones que comparte con el autor, hasta llegar a una simbiosis perfecta con éste y sus personajes.
    Un cordial saludo

  27. Lovecraft dice:

    Olvidé comentarte un detalle: revisa las formas verbales. Intenta diversificarlas y tu texto, que ya me parece muy correcto, mejorará mucho. Mira por ejemplo el uso de la forma había/habían (hasta 28 veces). Seguro que puedes sustituirlas por otras formas verbales.

    Un abrazo

  28. Lovecraft dice:

    Nostalgia y reencuentro como fuerzas motrices para dirigir el tránsito hacia la otra vida. Quizás sea esto lo que nos espere al final del camino. Espero que cuando traspasemos la línea de llegad encontremos más de lo segundo que de lo primero. Correctamente escrito, lo que hace más agradable su lectura.

    Suerte, Gustavo Adolfo Poe

  29. leforeverdelamari dice:

    Silencio!!

    Señor escritor, no puedo llamarle plumilla.Hoy he tenido que desvestirme en dos ocasiones porque se hablaba de cosas muy serías para andar yo con una fló y vestida de faralaes leyendo.Espere que voy a vé si me puedo quitá la horquilla que sujeta la fló en el moño y que alguien me baje la cremallera del vestido..

    Ya, ya estoy enfundada es mi dolor, en ese dolor que siento cuando la gente de mi tierra tuvieron que abandonarlo todo por buscar una vida mejor.Aquellos que salieron con lo puesto, con más hambre que un lagarto pegado a un espejo y volvieron en ataudes, algunos de caoba,otros de aglomerado y más de uno se tuvo que quedar allí esperando un retorno que nunca llegó.Siento dolor por esos que volvieron con las manos vacías , que cuando retornaron no quedaba nada de los que le despidieron con la esperanza de volverlo a ver.

    He vuelto mi rostro hacía ese ángulo donde por fín el protagonista se reunirá con sus seres más queridos…

    Qué es ésto que corre por mi mejilla?.Ah, sí, es una lágrima pero voy a contraatacarla con una sonrisa porque usted lo merece.

    Suerte

    PD__quién me ha robao mi vestío de flamenca, valientes chorizos hay por aquí

  30. Tomás dice:

    Que bien hilado el argumento, que bien escrito. NO me parece tan triste, me parece una muy buena forma de decirnos que morir,al fin y al cabo, es regresar a casa.
    Enhirabuena Edgar Alan Bécquer, creo que lo recordaré cuando me asalten algunos miedos.
    Suerte

  31. concha dice:

    Bravo¡¡¡
    Me ha gustado mucho, el ambiente que describes te sumerge en los parajes que solo un hombre solo es capaz de ver, un hombre solo que se dirige al inevitable encuentro con los suyos.
    Animo y sigue escribiendo.

  32. Albert Schenker dice:

    Bravo Edgar.
    Excelente relato. Y con permiso del viejo Poe, le voy a robar una frase:
    «Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche.»
    Ahora espero que no despiertes de este sueño, que sólo sea el principio.

  33. Edgar Alan Bécquer dice:

    A mis tres nuevos lectores os agradezco profundamente que hayáis dejado vuestros comentarios en esta página. Me dáis mucho ánimo para seguir escribiendo. Ah por cierto, os voy a contar una pequeña historia la cual me inspiró este relato. Hace unos años tuve la ocasión de visitar Río de Janeiro y me encontré con un emigrante gallego que llevaba muchos años viviendo allí. Trabajaba como camarero en una terraza situada justo debajo de la gigantesca estatua del Cristo del Corcovado en donde yo me había sentado para descansar un poco mientras saboreaba una buena caipirinha. Le pregunté si había vuelto alguna vez por su tierra natal y él me contestó que no, pero como ya le quedaba poco para jubilarse pensaba regresar a su aldea de Galicia para ver si su antigua novia todavía le estaba esperando. Y los dos nos reímos durante un buen rato. Ahora que lo pienso, ¿y si realmente regresó un día a su aldea y se encontró con su antigua novia que sí que le estaba esperando?
    Así es la vida, o quizá, ¿así es la muerte?
    Un cordial saludo.

  34. mat dice:

    Me ha encantado, muy triste pero muy real.

    Mucha suerte y a seguir escribiendo.

  35. Alicia-Bergen dice:

    Un relato increíble que te hacer pensar que la vida no es un cuento de hadas pero sin embargo cada uno le da su propio sentido y es un reto en el que experimentas alegrías y tristezas a lo largo de esta.
    Mucha suerte, Edgar.

  36. mat dice:

    Me ha encantado, es muy triste pero por desgracia muy real.

    Mucha suerte y a seguir escribiendo así de bien.

  37. rulfo dice:

    Una historia de emigrantes. Retrato nostálgico de un pasado de penurias y desgracias como debió ser la vida de los emigrantes de aquellos años. Rosa, su hermana, sus padres…, todos muertos. Y. por fin, encontrados, vestidos de negro pero dirigiéndose a él con los brazos abiertos. Un relato sencillo, lineal y correctamente contado. Aunque inundado de miedo y tristeza, quizá como la literatura de los propietarios de tu seudónimo: Poe y Bécquer: terror, amor y muerte. No sé si a los emigrantes actuales se les presentará el mismo panorama, pero me temo que sí.
    Suerte Edgar

  38. Edgar Alan Bécquer dice:

    Gracias a los dos por el ánimo y la suerte que me deseáis.
    El fin último de un relato consiste en sugerir a quien lo lee nuevos universos nunca antes imaginados por él, animándole a adentrarse en ellos para explorarlos igual que el eterno viajero que siempre anhela descubrir en cada viaje algo nuevo y diferente de lo que ya conoce para de esta manera seguir enriqueciendo su espíritu.
    Yo también os deseo mucha suerte.
    Un cordial saludo

  39. Don Juan Tenorio dice:

    “¡Hasta los muertos así
    dejan sus tumbas por mí!”

    Una idea que os habría podido llevar lejos.
    Perseverad, pues largo intuyo el viaje de vuestro tren.
    ¡Ánimo y mucha letra!

  40. Hóskar-wild is back dice:

    La idea de cruzar al umbral que separa la vida de la otra vida, o la muerte de la otra muerte, montado en un tren con bancos de madera arrastrado por una vieja locomotora es muy sugerente. Supongo que esos trenes nunca llegan con retraso, lo que les hace más inquietantes. Suerte.

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