Ponencia en betamax -1985. Por Luisa Núñez

 

Ponencia en betamax -1985

 

colegio-años 60

Desde muy pequeña he llevado una cámara de fotos en la mano a todas mis actividades. En mi época adolescente nuestros padres no nos daban dinero habitualmente, así que yo sisaba unas perras gordas cuando me tocaba ir a hacer la compra y ahorraba para alquilar una máquina de fotos y comprarme un carrete en blanco y negro. Mi madre lo sabía y, aunque no le hiciera gracia, aceptaba a regañadientes mi explicación de que la abuela me ayudaba pensando que mejor tenerme ocupada en ese menester que en otros menos recomendables. El revelado siempre tenía que esperar. Los primeros clichés que conservo son del colegio, cuando estudiaba bachillerato elemental y superior, es decir, en los años 60.

equipo super8

Cuando empecé a trabajar en Madrid en 1974, mi primera inversión fue una cámara de vídeo super 8 Sankyo Sound XL60S y un proyector Elmo-600, que aún conservo, con ellos grabé toda mi juventud, viajes, fiestas y acontecimientos con mi familia y amigos. Estamos hablando de vídeos de más de cuarenta años atrás, que se dice pronto. Estoy segura de que muchos de vosotros tendréis también, en algún cajón, películas de este tipo y entenderéis bien lo que os cuento, aunque puede que a los más jóvenes les suene extraño.

unión pelicula super 8

Después, hacía una postproducción que consistía en utilizar un adaptador preparado para encajar los fotogramas, cortarlos y pegarlos sin que trastocara el normal funcionamiento del carrete y finalmente se incorporaban títulos y finales al cuerpo central de la película. Los añadidos se grababan en película aparte, utilizando letras adhesivas en unos folios, una ventana o en un vinilo girando si quería darle movimiento. Todo muy artesanal visto desde los medios que tenemos ahora.

betamax

La tecnología seguía avanzando imparable, así que en 1981 me compré un vídeo betamax programable que grababa los programas de la TV cuando estaba de guardia en el hospital. Sí, el “Un, dos, tres” también lo grababa para verlo después, pero el cine era mi principal objetivo.

La documentación audiovisual que conservo de toda mi vida es inmensa y aunque llevo dos años recuperando archivos y digitalizándolos, aún me queda mucho más por hacer, incluyendo además muchos de los clichés de mis padres que comienzan en el verano de 1936, poco antes de empezar la guerra civil.
En todo este material hay muchas caras de las que no recuerdo los nombres y algunos momentos de los que apenas guardo información, solo ubico la fecha aproximada y el lugar. Sin embargo, otros son instantes muy importantes de los que recuerdo detalles que no están en las fotos o vídeos, quizá porque la cámara que enfoca está grabando un ángulo distinto de lo que yo estaba mirando o atendiendo y, por tanto, mi recuerdo es ligeramente diferente. Escuchar y ver en su plenitud, hace 40 años, a personas que ya no están entre nosotros es también un ejercicio para la memoria, pero sobre todo para las emociones que se revuelven de forma impredecible y me obligan a descansar algunas semanas de esta tarea.

La memoria es frágil y selectiva. Aún no se conocen bien todos los procesos que fijan un recuerdo en nuestra mente. Tampoco se puede asegurar que su evocación sea fiel al momento en el que se guardó en algún circuito entre nuestras neuronas. Tendemos con el tiempo a transformarlos según vamos añadiendo experiencias, conocimiento y cambiando la percepción de nosotros mismos y la del mundo que nos rodea.

En estos meses de confinamiento, he aprovechado para ver mucho de lo recuperado y repartir entre los protagonistas aquellas imágenes más olvidadas por todos pero que nos devuelven minutos curiosos, proyectos de aficiones infantiles o personas que alguna vez pasaron por nuestra vida dejando una muesca y que vemos poco o que nunca volvimos a saber de ellas

presentando

Hoy os traigo un vídeo que estaba casi olvidado, apareció en una cinta betamax entre muchas otras y me sorprendió gratamente. Lo primero porque en él, me veo muy joven, con muchos proyectos, llena de energía. Recién casada, aún sin hijos, estaba enfrascada a mi profesión como enfermera, en seguir estudiando y aprendiendo de ese complejo mundo que es el cuerpo humano. Llevaba ya más de 10 trabajando, primero en urgencias de La PAZ y después en la UCI de cirugía torácica del Ramón y Cajal, así que cuando llegué Murcia, en 1983, me destinaron directamente a la UCI y poco a poco volví a ganarme el reconocimiento como experimentada en enfermos respiratorios.

Paralelamente y como una afición en mis ratos libres me dedicaba a aprender informática. Ya os hablé en otro artículo: “Informática, la red y mis inicios desde 1983” de como aprendí a programar en BASIC y a componer cabeceras e imágenes en movimiento, lo que se llamaba entonces “Grafismo electrónico”. Esa afición surgió de la atracción por algo tan nuevo que parecía mágico y tan ajeno a la vida de los usuarios normales hasta entonces. En el vídeo que os dejo, ya sustituí los títulos de letras adhesivas y vinilos en movimiento que usaba en super8 por la animación informática.
cámara con cable

El proceso de producción era bastante complejo, porque las cámaras grababan conectadas al vídeo que cargaba la cinta, aún no eran independientes, así que había que transportar el vídeo betamax y la cámara al lugar elegido para grabar, lo que suponía un gran esfuerzo pues ambos eran equipos pesados que una persona sola no podía manejar. El cable que unía los dos elementos limitaba mucho el movimiento a la hora de elegir la toma. La iluminación, como veréis, era muy deficiente, porque no disponíamos de focos adecuados y mucho menos podríamos trasportarlos una y otra vez, así que utilizábamos las lámparas de luz que había más a mano.

programa

La posproducción era un verdadero galimatías. Primero programaba en Basic las cabeceras y los carteles dinámicos que ilustrarían el vídeo, un trabajo laborioso porque cada paso tenía muchas líneas de código, bucles, colores etc. y había que calcular matemáticamente con los comandos disponibles. Después ejecutarlos para verlos en la pantalla del televisor y grabarlos en el vídeo con tiempos medidos para que el movimiento de las imágenes coincidiera con la explicación del texto de viva voz.
Más tarde con dos vídeos betamax conectados entre sí, grababa los cortes anteriores por orden hasta que quedaba la secuencia completa sonido incluido. La imagen perdía calidad en cada traspaso y con este sistema no había posibilidad de acoplar bien los fotogramas, porque no era un estudio de TV ni de vídeo, tan solo unos pocos aparatos en casa y la motivación de hacer algo bonito y diferente. Al fin y al cabo, las diapositivas, al uso en la época, a mí me parecían más difíciles y sobre todo aburridas.

Finalmente quedó un vídeo con suficiente calidad para ser proyectado en el salón de actos de la Ciudad Sanitaria “Virgen de la Arrixaca” en el “2º Curso de formación continuada en cuidados de enfermería” que duró de diciembre de 1984 a mayo de 1985 y en el que yo me ocupaba de dos clases: las referidas a la valoración y a los cuidados de enfermería del paciente respiratorio crítico. Por suerte la iniciativa fue muy bien acogida, con expectación primero y un sonoro aplauso tras la proyección.
Tengo que agradecer a todos mis compañeros de la UCI de aquellos años la ayuda que me prestaron en todo momento, la colaboración de médicos, enfermeros, auxiliares, celadores y pacientes que compartieron mi trabajo con entusiasmo, facilitándome la grabación y todos los permisos pertinentes. Tardé 5 meses en terminarlo, lo que hoy sería una eternidad.

Encontrarme este vídeo en plena pandemia de covid-19, cuando los servicios de cuidados intensivos han estado saturados de pacientes respiratorios críticos, me he puesto en la piel de mis compañeros, comprendiendo perfectamente la lucha y el desgaste que han sufrido. Ojalá hubiera podido salir del vídeo para incorporarme y ayudar como hicimos en otros casos de atentados o catástrofes estando en activo o han hecho titulados que trabajan en otras profesiones actualmente y las han dejado de forma temporal para sumarse y arrimar el hombro. Si eres una enfermera profesional con vocación, no puedes sustraerte a esa llamada, porque el paciente y su buena evolución es al final la única y maravillosa recompensa de este trabajo.

Hoy, estoy en otro momento de la vida, donde la experiencia me sirve para escuchar, entender, advertir incluso para contar otras situaciones similares, pero poco más. Eso sí, me he sentido parte de ese colectivo sanitario que durante muchos años ha ido avanzando en mejorar esos cuidados.

Algún compañero me ha comentado que este vídeo está, en sus conceptos médicos, completamente vigente y es tan pionero en el formato que puede ser, quizá, el primero que se proyectara en un curso de este tipo en España. Puede que sea así, no lo sé, pero cuando lo hice yo no era consciente de nada de eso, sólo sabía hacerlo y lo hice, sin más. Cierto es que 35 años después ha sido interesante comprobar a toda pantalla en que andaba metida por aquel entonces, tener constancia exacta de las cosas que se han hecho a lo largo de la vida, tal y como fueron, sin distorsión alguna y que en la memoria estaban guardadas vagamente.

Dejaros un consejo. Con los medios que tenemos hoy en día, tan solo en nuestro móvil, no dejéis de grabar todos vuestros proyectos. Seguro que, dentro de 30, 40 o 50 años, tendréis una memoria viva y sonora que despertará vuestros recuerdos con plenitud y todos sus entresijos y os ofrecerá una nueva dimensión de cada cosa que has hecho añadiendo una nueva perspectiva.

El vídeo dura 3 minutos, porque la parte técnica pasa a gran velocidad, es sólo un trocito de muestra para compartir con vosotros.

video

Espero que los veáis dentro del contexto de los años 80 y que os guste.
Os dejo, como siempre, un trocito de vida.

 

Luisa Nuñez

 

Luisa Núñez

CEO del Portal Canal Literatura
Especialista Universitario en Sistemas Interactivos de  comunicación

7 de julio -2020


 

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Un comentario:

  1. Gregorio Piñero Sáez

    ¡Madre mía!
    ¡Si esto parece que fue ayer y son tecnologías inexistentes hoy!
    Muchas gracias por tu artículo.
    Gregorio Piñero.

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