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108- Alma de carrusel. Por Dies Irae

Hoy hace justo un año, papá le regaló por su cumpleaños la caja de plastilina con piezas de todos los colores. Ahora falta el rojo. Ángel toma otra pieza, ya no importa el color, y la aprieta entre los dedos.

Cuando terminaron de comer juntos la tarta, retiró el resto de los libros y juguetes, rompió el celofán transparente y empezó a amasar las piezas de colores. Se levantó y cerró la puerta para no distraerse con las voces de papá y mamá en la cocina, medio ahogadas por los goles cantados del Carrusel Deportivo. Ángel creía que los partidos de fútbol en la radio eran la afición favorita de papá y mamá. La plastilina roja se le amansó en las manos hasta ser traspasada y sintió el filo de las uñas rasgando el dibujo frágil de su vida. Tiró la caja al suelo y aplastó las piezas a golpes con los pequeños puños cerrados. El último sonó como un chasquido de madera o huesos, pero él no sintió dolor. Luego escuchó el ruido de la puerta de entrada y se asomó a la cocina sin hacer ruido. Papá no estaba, mamá estaba sentada, de espaldas, escuchando el partido de la jornada. Sin volverse, lo mandó a su cuarto con su voz de palomas temblorosas.

Volvió al comedor y recogió con esmero los pegotes de colores adheridos en las baldosas frías, raspando con la uña las junturas. Luego modeló un corazón de plastilina, grande, rojo, con ojos verdes y sonrisa amarilla y lo dejó sobre la mesa. Llevó a su cuarto los regalos, se puso el pijama, hizo pis, se lavó las manos y los dientes, apagó la luz y se acostó.

Se durmió pensando en que, después del verano, el tiempo se convertía en un reloj de arena al que le engordaba la cintura casi hasta desaparecer. Empezaba el colegio, pasaba su cumpleaños y, antes de darse cuenta, caían las hojas de los plataneros, volvían las bufandas al armario y tenía que ir al cementerio. Ángel odiaba la espesa altura de los cipreses, la linealidad de las lápidas y el miedo atroz a leer los nombres inscritos en ellas, y no quería otra Navidad sin mamá, de visitas al hospital, de sabor a sangre o vómito que le subía por el esófago cuando veía al médico que no había sabido salvar a su hermanito. No quería otra Navidad cenando solos y en silencio, papá corriendo los muebles, montando la pista de carreras en el salón, antes de decirle que no se acostase tarde y encerrarse en el dormitorio. Ella había vuelto a casa en Reyes: le abrazó tan fuerte que le hizo daño. Entonces tuvo la pista de carreras y un tren eléctrico, pero los muebles del salón volvieron a su sitio y le obligaron a montarlos en su cuarto y a tener la puerta cerrada porque el ruido de los motores les molestaba. Era cierto que los de sus coches de carreras sonaban casi como los de verdad cuando los veía en la tele con papá. Le gustaba ver las carreras con papá, ese ballet de ruedas y alerones, el trazado perfecto de las curvas, aunque cerraba los ojos si había un accidente. No le gustaban los accidentes, le daba miedo la sangre. Incluso le asustaba la escayola de mamá cuando se rompió el brazo en marzo, justo antes de Semana Santa, en una caída al bajar del autobús, qué tonta, le parecía una excrecencia fantasmal y obscena.

Por eso había pasado la Semana Santa en casa de los abuelos, asomado al balcón desde donde, un atardecer, vio pasar a un Jesús ensangrentado y sufriente, las llagas en carne viva, las espinas clavadas en su frente y la espalda con las heridas sinuosas de los látigos. Y detrás de él, a María derramando lágrimas como perlas blancas, acompañados por un retumbar monótono pero creciente de tambores. Ángel envidió el resplandor de las corazas y espadas que llevaban los romanos. Cuando terminó la procesión, buscó el cuchillo grande que el abuelo usaba para cortar cecina y lo escondió bajo su almohada. Pero antes del verano, y de las vacaciones, mamá encontró el cuchillo, se lo devolvió al abuelo y lo mandó castigado a su cuarto. Luego le llamó para la cena y lo abrazó y le hizo prometer que no iba a volver a hacerlo nunca más.

Al terminar el curso, pasaron a despedirse de los abuelos antes de partir hacia quince días de apartamento alquilado con derecho a aire acondicionado y vistas al mar. Quince días de piel quemándose capa tras capa en los que mamá hace la compra y guisa y limpia el apartamento, mientras papá le vigila desde la sombra del chiringuito, la misma canción machacona de cada verano, el mismo suelo de cabezas de gamba y manchas de cerveza. Ángel se mete en el agua apenas hasta mojarse el pequeño bañador rojo porque no sabe nadar y le dan miedo las ridículas olas llenas de algas con su espuma blanquecina y pegajosa.

Fue el último día de vacaciones y la ciudad parecía asfixiarse. Había vuelto de la playa intentando que el ruido del motor no ahogase el recuerdo rumoroso de las mareas, sin querer ver en el retrovisor la mirada de papá concentrada en el horizonte bajo el ceño fruncido, ni el levísimo temblor de los hombros de mamá. Ahora ella había tendido la ropa y, mientras la lavadora emprendía otro runrún monótono, preparaba la plancha. Un sol que silenciaba los cantos de los jilgueros y una brisa de desiertos sin arena secaban tan deprisa las sábanas y las toallas que quedaban rígidas y apelmazadas. Papá sudaba en el sofá, bebiendo cerveza helada para no pensar en la vuelta al trabajo, ante el televisor encendido y un ventilador que removía el aire espeso. Él estaba tumbado bocabajo sobre su cama, en calzoncillos, perdido en un país desconocido donde cada lago escondía un secreto que sólo podría descifrar la mujer más hermosa. De vez en cuando movía las piernas, buscando un poco de frescura en la colcha de ganchillo. Escuchó un ronquido de papá y vio pasar a mamá por delante de la puerta de su cuarto, cargada con la bandeja de mimbre trenzado, llena de ropa para planchar, y el cardenal en su pómulo derecho, tintado de violetas, azules y amarillos hacia el arco del ojo. Idéntico al de las costillas que vislumbró cuando, después de bañarle, se agachó a recoger del suelo una toalla, el del golpe contra la puerta del armario, precisamente el día dela Madre, qué torpe. Parecido, quizá un poco más azulado, que el de las vacaciones, mira que tropezarse con las maletas que ella misma alineaba en el pasillo la noche antes de irse, qué tonta, y que le obligó a ir de manga larga cuando, en la playa, salían del apartamento al anochecer a comerse la brisa fresca de las estrellas y ver la luna rota en el reflejo del mar. Los púrpuras, quizá, menos vivos que los que sobresalían del borde de la escayola de Semana Santa. El cerco amarillo no tan verdoso como el que le quedó en la tripa en Reyes, los Reyes anteriores, después de haber perdido a su hermanito porque se le enganchó el tacón en la escalera mecánica y se pegó contra la barandilla, pero qué tonta. Los últimos Reyes se había partido el labio contra un grifo del baño, limpiando la bañera. Hay que ser torpe y tonta. Éste del ojo, piensa mientras vuelve al libro, no sabe cómo se lo ha hecho, pero papá le gritaba “eres tonta” por encima de los goles del partido de la jornada del Carrusel Deportivo de la Cadena Ser. Aunque hubiera terminado la liga siempre había goles y Carrusel Deportivo en la radio, incluso el último día de playa.

Ángel, hoy, toma un trozo de plastilina, de cualquiera de los colores de un cardenal excepto el rojo, porque rojo no queda: hay blanco, amarillo, verde, marrón, azul, negro. Toma uno cualquiera, sin fijarse, lo amasa entre los dedos y recuerda que escuchó el ronquido de papá. También recuerda, vagamente, algo como un rugido sofocado, un gemido de esfuerzo. Apenas nada más que ese suspiro, jadeo, grito ahogado, exhalación, vida o muerte saliendo violentamente de los pulmones, los pulmones de papá, de mamá, los suyos, no puede recordarlo. Sólo ese sonido de viento en una gruta, que no sabe si fue como de morir o como de matar, nada más desde que oyó el ronquido desde su cuarto hasta que vio a papá en el salón, que se había deslizado hasta el suelo, con el cuchillo del abuelo clavado en el pecho y los ojos cerrados y la boca abierta como cuando dormía, y la sangre ya espesa escurriendo de la herida. Sin embargo, recuerda algo más claramente haber visto a mamá limpiar el mango con un paño de cocina y apretar luego la palma de su mano aferrándolo, sin importarle que el delantal y sus rodillas se empapasen en la marea que se extendía, muy despacio, sobre las baldosas. A partir de ahí recuerda todo. Recuerda perfectamente que pensó en la sangre viscosa y caliente y el suelo fresco y sus pies descalzos. Recuerda que sobre la camiseta blanca de tirantes se secaba deprisa la sangre, mostrando todos los tonos del rojo, casi anaranjado al lado del cuchillo, casi negro ya el borde del dibujo confuso, indescifrable, hipnótico, y, entre ellos, el rojo rojo, rojo plastilina, como los regueros que bajaban de la nariz de mamá el día del último cumpleaños de Ángel, cuando en el Carrusel Deportivo cantaban gol y ella se tropezó con la silla de la cocina, qué tonta, y cuando se asomó la vio reflejada en el cristal de la puerta del tendedor como en un espejo sobre la noche negra del patio de luces, los regueros de sangre más seca escurriendo por el canal misterioso de sus pechos, la silla con un brote de astillas o de huesos al aire, como un crecimiento espontáneo y sorprendentemente blanco, pero ahora sabe que el balón no tiene en su alma de carrusel los labios partidos.

Ángel está haciendo el último curso de primaria en la escuela del pueblo de los abuelos y luego, ya veremos, dicen. A veces hablan del abogado, de un recurso, defensa propia, dicen. Una vez al mes le dejan visitar a mamá y ella le cuenta que cada noche besa el corazón rojo de plastilina que tiene apoyado en la pared, sobre la mesita.

367 Comentarios a “108- Alma de carrusel. Por Dies Irae”

  1. Dies Irae dice:

    Gracias a ti, La Morisca, por tu tiempo y tu aprecio. Recuerdo con mucho agrado tu «romance», que también merece suerte: es uno de los más originales que he encontrado aquí.

    Un abrazo.

  2. Dies Irae dice:

    Bonsai, con la que está cayendo, me temo que sólo habrá fiestas virtuales, pero prometo poner de mi parte todo lo posible para que el mejor cava nos salga por cuatro letras… o tres, bien mirado. Mira si no podía ser lo mismo la «letra» de la hipoteca.
    Un abrazo, felices lecturas y/o relecturas. Nos vemos en los cuentos.

  3. La Morisca dice:

    Perdón por tardar tanto en pasarme por tu celda (el mundo real, ya sabes…)
    En cuanto a tu relato y por lo que me ha gustado, diré que te mereces un puesto de renombre en este certamen.
    Lo mismo diré por los acertados comentarios tuyos que me he encontrado por el camino.

    Un abrazo y suerte.

    La Morisca.

  4. Bonsái dice:

    Hola Ira:

    ¿Cómo estás después de tanto tiempo?
    Creo que pasaremos las fiestas todos juntos en este lugarcito del mundo intergaláctico.
    Nada… sólo pasaba a saludarte y decirte que otra vez me tienes por aquí.

    Un abrazo.

  5. El asesino de Morfeo dice:

    «Despierte el alma dormida,
    avive el seso y contemple
    como se pasa la vida»

    ¡Ya estoy aquí…a ver cuanto dura…!
    Cuando quieras, estoy avivando el fuego de la bodega, que se había quedado fría y húmeda.
    ¿Se habrán aquietado los robots? ¿Los habrán engrasado? Las estrellas ¿Seguirán brillando?
    Espero que sigais ahí, que no os olvideis de repasar vuestra casa y de quitar el polvo de vez en cuando.

  6. Dies Irae dice:

    Decíamos ayer (a Don Juan Tenorio)…

    …»¡Ah, los terribles virus, aprovechándose de vuestro largo paso por este mundo desdichado, se cebaron con vos, claro!
    ¡Loado sea el cielo de Isótopo! Sed bienvenido, Don Juan. Menos mal que no se cumplieron los tristes presagios que ya, hace apenas un par de horas, me desalentaban. Mientras, nuestro querido compañero ha sido abducido por un futuro robótico que le impide manifestarse.
    Es por ello que mi alma vaga triste y solitaria, como un Marty McFly cualquiera, de las épocas idas a las venideras, sin encontrar descanso para sus pies destrozados por estos incómodos tacones. Tanto, que ya tengo decidido tirarlos y gritar: «¡Vivo como quiero, y así seguiré!”, igualito que Ava Gardner en La condesa descalza. Ea.»

    Y esto quedó colgando en un limbo de silencio, ante un mensaje de la administración avisando de reformas. Se os ha echado de menos, mas todo sea por la causa. Buen trabajo, administradores; a mí, concretamente me gustaban más los comentarios anidados, pero… donde hay patrón, no manda marinero.

    A todos los compañeros, un saludo.

  7. Dies Irae dice:

    Por si te sirve de consuelo, amigo mío, dos cosas:

    No sé si es el moderador, el servidor o qué, pero esto funciona de pena. Busco los comentarios y, según qué ruta sigo, aparecen unos u otros, más o menos, recientes y/o antiguos. No te pongas violeta, Asesino, por lo menos los ojos, no sea que haya chiquillos malvados cerca. Estamos todos igual.

    Don Juan ha aparecido, (aparece y desaparece, a ratos) con capa y todo, en casa del Hombre sin abrigo. Si algún día esto vuelve a su ser, igual podemos celebrar otra fiesta o entierro, lo que se tercie. Mientras tanto, paciencia, que dicen que es virtud principal.

    Saludos, abrazos y besicos a los desesperados comentaristas.

  8. Don Juan Tenorio dice:

    ¡Oh, mis fieles Morfeo y Dies Irae! ¡Con qué placer leo que no habéis olvidado a este pobre don Juan! Mi espíritu estaba con vosotros pero mi cuerpo, sin esa capa que abandoné en la bodega, cogió unas fiebres que aún me tienen mermadas las facultades… No creía yo que un espectro pudiera ser presa de enfermedades comunes.¡Ya no queda ni romanticismo! Aquí os regreso, pues, con débil pluma convaleciente. He puesto todas las puntas posibles a vuestras estrellas y esperaré con un suspiro los veredictos ajenos.
    Gracias a vosotros por estar ahí, detrás de estos extraños papeles que no existen.
    (Perdonad si os envío el mismo mensaje a ambos: salud obliga…)

  9. Dies Irae dice:

    Hola, Rulfo.

    Lo decíais, con mucha razón, por algún sitio. Con tantos relatos para leer, la primera lectura es rápida, buscando el amor a primera vista. Y eso… ocurre pocas veces. Yo también estoy descubriendo, en esta segunda pasada más silenciosa, valores que no supe encontrar. Además de que los comentarios de los compañeros abren los ojos a detalles que nos habían pasado inadvertidos.

    Yo he dejado también votos en relatos que no tenía en mi primera lista de favoritos y, aunque ya di mi opinión sobre lo que sería este premio del público, también sé que la mayoría agradeceremos las estrellitas, anónimas o no, pero que sepamos que llegan de lectores/lectores, no de lectores/amigos.

    Y ahora que sé que tenemos aún mucho tiempo por delante, seguramente también dejaré una segunda opinión (o primera, si en su día no lo encontré oportuno).

    Un abrazo, encantada de verte de nuevo.

  10. Dies Irae dice:

    El Asesino asesinado… Don Juan también silenciado… ¡Uno de los cuentos de este certamen se está haciendo realidad!

    ¡No callemos! ¡Protestemos, hagamos que se oiga nuestra voz!

    Siempre puedes probar con otro nombre y otro mail para comentarios… supongo.

  11. Rulfo dice:

    Hola Dies,
    Pasaba por aquí y he vuelto a releer tu cuento. Sinceramente, me ha gustado más. No sé si es eso que decimos de leer de manera más contenida o será que cada día también es diferente, pero tu escritura me ha sonado menos cascabelera, más acorde a lo que te traías entre manos. Creo que entre las papeletas subersivas que estoy viendo por ahí, el tuyo se merece mas. Te dejo alguna bien cerrada para que no se sepa de quien es.
    Suerte

  12. El asesino de Morfeo dice:

    Últimas noticias…los robots me han robado el nombre de la identificación y se van descojonándose de servidor (de mí, no de los de detrás del certamen)Estoy virando a violeta, voy a explotar y mis viscerillas se expandirán por todo el orbe de la red.
    Mi página va a oler peor que la de Anquises. El que avisa no es traidor.
    ¿Y Don Juan, que han hecho con el?

  13. Dies Irae dice:

    Te salen, te salen… Estás copando los comentarios con tus dulces palabras y tus estrellitas. Pero cuida, no vayas más allá de Orión, que igual no te dejan volver!!

  14. Bonsái dice:

    Como… lágrimas… en la lluvia.
    Hoy me he animado y estoy poniendo algún comentario, espero que sea publicado.
    Es que ayer fue algo…

  15. Dies Irae dice:

    Justo cuando me libro de las tardes de pasillos verdes… Nos habrán castigado por poetastros o por levantar el puño. Y a Don Juan, ni te cuento: en una mazmorra y atado con cien cadenas, lo deben tener.

    ¿Qué tal si utilizamos las palomas mensajeras? Porque el pequeño arbolito me parece que está en las mismas…

    “Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-c resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos… momentos se perderán… en el tiempo. Como… lágrimas… en la lluvia. Es hora… de morir”.

    En fin, un abrazo grande, compañero… Nos vemos en un futuro… dominados por los robots… adiós… os… os…

  16. El asesino de Morfeo dice:

    ¡Shhh, que no nos oigan…! este es el cuarto mensaje que te mando, tres he dejado en tu casa y uno en la mía; y se los tragan, no se quien ni por qué, pero desde anoche no he podido contactar contigo. Creo que hay un contubernio masónico contra nosotros. Si este desaparece tambien, creo que tendré que recurrir a Bonsái como enlace supersecreto. A ver que pasa.

  17. Dies Irae dice:

    Recibir un elogio tuyo es un honor, lo digo completamente en serio. Pase lo que pase, me encantaría seguir en contacto (y, de paso, descubrir el misterio de tu seudónimo, que lo que me chiva el google es un poco extraño para mí).

    Muchísimas gracias.

  18. Dies Irae dice:

    Ni siquiera frías las manos. Cuantísimo calor humano en mi ciudad. Y más yendo en compañía del cuerpo de bomberos. Lo único, que… algunos compañeros… ¿se han despistado por el camino? ¿O seré yo la despistada?

  19. Lotte Goodwin dice:

    Creo que lo mejor que puedo hacer es no decir nada para no quedar como un idiota. Es, simplemente, impresionante. Sencillo y completo, sensible sin caer en sensiblería, infantil y maduro… Me ha gustado muchísimo y ya está.
    Mucha suerte, aunque no la vas a necesitar.

  20. Dies Irae dice:

    Gracias, Odisea, por hacer un alto en tu viaje. Que buenos vientos te lleven hasta Itaca.

  21. odisea dice:

    Buen relato. Enhorabuena Dies Irae.
    Ahí van mis estrellas para ti.
    mucha suerte.

  22. Dies Irae dice:

    Días de vino y rosas, Pigmalión.
    Programa tú el brasero para cuando volvamos: calientes los corazones, frías las manos.

  23. Dies Irae dice:

    ¡Hala, vamos!


    Somos el ser que se crece.
    Somos un río derecho.
    Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

    Somos bárbaros, sencillos.
    Somos a muerte lo ibero
    que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

    De cuanto fue nos nutrimos,
    transformándonos crecemos
    y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

    ¡A la calle!, que ya es hora
    de pasearnos a cuerpo
    y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

    (de Gabriel Celaya, de hoy y de siempre)

  24. El asesino de Morfeo dice:

    No, si no estoy ofendido…simplemente sorprendido. Es como asistir a una conversación de adolescentes, como cuando el el recreo unos se enfadaban con los de otra panda por una gilipollez. No creo que ésto sea adulto, de verdad.
    Que un grupo de personas se diviertan y rian juntos no tendría que molestar a nadie, sobre todo porque lo hacen con el único fin de comunicarse con otras personas a las que, en teoría, les une una misma aficción.Otra cosa es que lo que tu opines le pueda parecer mal a cualquiera o no conectar con tu sentido del humor, pues bueno, éste sistema te permite hacer mutis por el foro…ancha es Castilla.
    Pero ni acusandome de friki ni de besucón van a hacer que me sulfure..ni siquiera llamandome cortesano van a hacer más que estirarme la sonrisa.
    De momento, hay un grupo de personas que, como yo, hemos disfrutado leyendo lo que han escrito muchos de nuestros compañeros y eso no nos lo van a quitar por mucho que regruñan por los rincones.No te cuides las espaldas,ni son peligrosos ni merece la pena.
    Y, por supuesto, cualquiera que se asome por nuestra casa va a ser invitado a un vasito virtual de alegría y de egovino…que es de la mejor calidad.El que no quiera venir, pues nada, ésto es un pais libre.
    Agarra la pancarta, Señora condesa; con la otra mano, cuelgate del brazo de éste terrateniente venido a menos (que portará el otro mástil del letrero) y vamos a la manifestación, a ocuparnos de cosas serias.

  25. Pigmalión dice:

    ¡Ay!, qué cosas más bonitas se dicen por aquí. Pondré mi mesa camilla y a todos alrededor y en alegre compañía pasaremos estos días esperando alguna flor.

  26. Dies Irae dice:

    No sé si será envidia del atractivo sesentón del relato, pero te veo un poco «mosca». Ya me habían llegado los ecos y me fui, sin arreglarme el tocado ni nada (y hasta sin palomitas) a ver el combate. Eso sí, desde la última fila, con la espalda a cubierto como me enseñó el maestro Rulfo. Te guardo un sitio, por si hace falta silbar, que yo no sé con los dedos en la boca para que suene fuerte.

    Si el premio del público fuese de verdad, para el público lector, tendría el corazón dividido, Asesino. Nuestro Don Juan, por supuesto, es mi favorito, pero me pregunto si, con aquello de ir de su corazón a sus asuntos, estará presente en la entrega de trofeos. Lamari, mientras tanto, con esa grasia que tiene, miarma, gana puntos. A mí me encanta que no se case con nadie y tire siempre a dar. ¿Que prefiere la flor al sombrero? Aquí le traigo un ramo de claveles coloraos. Si te das por ofendido con ella, estás perdido. Y Hòskar, que teniendo tres frentes para atacar no sé por qué no usa el directo, me toca la vena masoquista… en fin.

    ¡Volved, Don Juan, os lo ruego!
    Mirad que ya ha anochecido
    y en esta noche sin luna,
    vos, sin capa, no dais una,
    y llegaréis malherido.

  27. Dies Irae dice:

    Y yo soplaré las nubes para que, con las mías, puedas seguir tu ruta marinera. ¿Te he dicho que eres un Sol?

  28. Sol dice:

    Mis estrellitas son todas para ti. Gran escritora!!!

  29. Dies Irae dice:

    Muchísimas gracias, Hombre sin abrigo y con corazón de plastilina. Guárdalo bien. Ya pasé también por tu casa con mis estrellas, silenciosa.

    Un abrazo.

  30. El asesino de Morfeo dice:

    Algo hicimos mal la noche de los vampiros. No le gustó a Lamari lo del gorro puntiagudo, o algo. Yo es que no me acuerdo, al parecer le dí más de la cuenta al egovino…pásate por el 221 a ver por qué hace ese comentario…¿Donde está Don Juan?, lo mismo le hemos dado con la punta de la estrella en un ojo.

  31. Dies Irae dice:

    ¡Qué me dices! ¿Será que ha encontrado ya otro personaje al que dar vida? ¿O le habrá asustado el despliegue de estrellas luminosas, él que es dado a lo oscuro y lúgubre de las tumbas y bodegas cerradas…? Trae la capa, que la recogeré en mi baúl.

    Ya se dará a conocer, seguro…

  32. Dies Irae dice:

    Y yo con cada respuesta, otro abracico, achuchonazo y besote, todos pegoteados de estrellitas de purpurina.

    ¡Gracias!

  33. Dies Irae dice:

    ¡Hola, Sacha! Si hay un cielo con cronopios parecido al de Isótopo, haré lo posible. Prometo seguir fielmente las instrucciones para subir las escaleras, jugar a la rayuela en le Pont des Arts, recorrer las cosmopistas y enviarle cinco poemas a Cris, y luego otros cinco y cinco más si hace falta. ¿Tú crees que nos veremos allí?

    Besicos y estrellicas, que estamos de fiesta!!

  34. Dies Irae dice:

    ¡¡Intercambio de estrellas y besos, parece esto Navidad!!

    Gracias y mucha suerte para tu excelente relato, Pigmalión.

  35. Dies Irae dice:

    Jajá, estoy segura de eso. Yo también voy haciendo reparto, espero que con buena puntería.
    Otro para ti!

  36. Hombre sin abrigo dice:

    Mi voto y todas mis estrellas para este extraordinario relato. Aún conservo el corazón de plastilina en lo más profundo de mi memoria. Saludos cordiales y mucha suerte, Dies Irae.

  37. El asesino de Morfeo dice:

    ¡Sabes algo de Don Juan? me tiene preocupado, se ha dejado la capa tirada en la bodega, con el frío que hace.

  38. Bonsái dice:

    Mi querida Dies Irae:

    Para aumentar tus comentarios, todo un batallón, con uno más, te digo que te dejo un voto con diez estrellas. Te lo mereces.

    Un beso, un abrazo y un achuchón.

  39. sacha dice:

    Si lees a Cortázar irás al cielo (leí tu comentario en Fanny)

  40. Pigmalión dice:

    Mi votivo para ti. Acabo de enterarme que esto ha empezado espero hacerlo bien. Suerte.

  41. La señorita Bennet dice:

    Un votito para ti Dies Irae (¿Qué por qué lo digo? Para que se sepa cuales son mis relatos preferidos, y bueno, porque no me gusta ser de esas que regala los oídos pero luego no vota por egoísmo…) Perdona las explicaciones innecesarias. Un besito

  42. Dies Irae dice:

    He pasado, mi querido amigo. El chocolate me lo he recalentado para desayunar, que por la noche es muy indigesto y las condesas tienen que cuidarse. A falta de churros, unos picatostes recién fritos, que están de vicio. Mientras, allí he dejado recados para Don Juan y para ti. Ahora parto a mis quehaceres, ánimo con la búsqueda del votante perdido, puede que contemple tus ires y venires desde el columpio del cielo de Isótopo, que allí no hará frío y es uno de los lugares más lindos de este certamen (y no haré apuestas).

  43. El asesino de Morfeo dice:

    Pásate por la bodega, Iri, se está enfriando el chocolate y tengo a Don Juan compungido y mesándose los cabellos, luego, despues de los churros, a ver si consigues aclarar mis dudas. Un abrazo y un ¡socorro!

  44. Dies Irae dice:

    Se requiere alguien organizado, constante y metódico para que vaya haciendo el listado de socios de Los Hijos Del Canal Número Nueve. Y de un poeta que le ponga un nombre menos prosaico.

    Feliz domingo a todos. El cierzo ha limpiado el cielo de nubes y el sol se refleja en los charcos. ¿Quedan lecturas? Si no, ese hermoso libro de poemas de Gloria Fuertes que lleva el Asesino es perfecto para una mañana dominical.

    Besicos.

  45. El asesino de Morfeo dice:

    ¡Pigmalión se apunta…bien! Está quedando un grupo guapo.
    Va siendo hora de acostarse, os leeré un trozo de Gloria Fuertes para que os vayais a dormir.

    Apago las luces y enciendo el amor,
    y al amor de la lumbre
    que brota del recuerdo…
    (¡Es hermoso el otoño para amarte)
    …encandilo mis ojos
    y caliento mis dedos,
    pongo agua en los nardos
    y un disco de silencio.

    Felices sueños.

  46. Pigmalión dice:

    Me encantará «pertenecer a un club donde me quieren como socio» . Muchas gracias.

  47. Bonsái dice:

    Pigmalión:

    Hola. Soy Bonsái. No te preocupes… ya estamos planeando entre, Dies Irae, Asesino, Lovecraft y algunos más seguir en contacto. Y no te asustes porque yo esté en ese grupo. Lo escrito por mí en este certamen fue un desafío personal. Una de las metas era romper con la dulzura que caracteriza lo que escribo, otra crear un personaje “malo” que fuera querible y por último, pero principal, exponer una realidad muy dura y compleja.
    En cuanto haya finalizado el concurso y ya estén los ganadores, nos sacaremos las máscaras y daremos nuestros correos electrónicos para seguir juntos.
    Un abrazo muy fuerte. Eres un cielo.

  48. Pigmalión dice:

    Dies:

    Sí, el certamen tiene un nivelazo; yo no tengo diez finalistas, sino veinte (y recortando y sintiendo no poder meter más). En general, el nivel es muy alto. Pero, entre mis veinte, estás tú. Menos mal que no soy del jurado, porque menuda «trilla» difícil que tienen.
    Me alegra que lo segundo lo veas más fácil. Me gustaría mantener el contacto con personas interesantes, cultas y educadas como tú. La tecnología actual lo facilita todo. Gracias y seguimos en contacto.

  49. lamari dice:

    Muchas gracias por su invitación, yo prefiero en vez de un gorro puntiagudo una » fló» de flamenca, una copita de Vino de Jerez y escuchar a Poveda a duo con Diego Carrasco en » Alfileres de colores»…
    Un orujo con lagartija? pero qué clase botellona es esa?.

    No ,que después a vé quién maneja mi barca…jejejej

    Gracias

  50. Dies Irae dice:

    Pigmalión, Pigmalión… Tienes valor, con el seudónimo que eliges, para hacer profecías… mira que da un poco de miedito tentar así al destino.
    Si en mi mano está, se cumplirá la segunda, que no depende tanto de los dioses como de la voluntad humana. La primera, la veo más difícil de lograr que la transformación de la señorita Doolittle, ni en su versión patria de «la lluvia en Sevilla es una maravilla», con el nivel del concurso. Yo he desistido de hacer quiniela de diez finalistas, mira si lo veo crudo.

    Gracias, un abrazo y seguimos comentando, coincidiendo o discrepando.

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©Joaquin Zamora. Fotógrafo oficial de Canal Literatura

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9 Certamen de Narrativa Breve 2012

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