La edad de la inocencia. Por Mari Cruz Agüera
Cómo me seducía el espejismo brutal de aquella noche, aunque ya sospechara la respuesta. Nos mandaban temprano a nuestro cuarto, con tiernas amenazas, a domar los insomnios, pero mi afán curioso llamaba a la vigilia, gesto inútil el de increpar a mis pequeños ojos. Siempre tan desigual la lucha contra…


